Bahía Blanca | Viernes, 27 de enero

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El bahiense que educa y contiene en la favela más grande de Brasil

Matías Avecilla desarrolla tareas comunitarias en la Rocinha, uno de los barrios marginales con mayor densidad poblacional de América Latina y bajo el dominio de un grupo narco. Lo hace como voluntario de una ONG italiana.

En la Rocinha residen unas 200.000 personas que carecen de servicios básicos.

   Con la convicción de que el cambio es posible a través de la educación y la contención, un bahiense se instaló en la favela más poblada de Brasil, una especie de Estado paralelo en el cual alfabetiza a niños y adolescentes rodeados de pobreza, narcotráfico y armas.

   A principios de este mes Matías Avecilla llegó a la Rocinha para desempeñarse como voluntario de la ONG italiana “Il sorriso dei miei bimbi”, creada por Bárbara Olivi, quien lleva 20 años de trabajo social en aquella comunidad de Río de Janeiro.

   La densidad poblacional en la villa carioca supera las 48.000 personas por kilómetro cuadrado, una de las mayores de Latinoamérica, y sus habitantes carecen de servicios básicos como agua potable y cloacas.

   Matías describe el lugar como “caótico, ruidoso, con olores, contaminación, construcciones ensimismadas” y aproximadamente 200.000 residentes (según datos extraoficiales) concentrados en una superficie reducida.

   “Sin embargo la Rocinha, este espacio olvidado de la Humanidad, tiene y transmite vida, alegría y energía. Vivir en una favela define a los brasileños desde su nacimiento: el limitado acceso a la salud, su baja esperanza de vida por las malas condiciones en las que viven y los pobres niveles de alfabetización”, explicó Avecilla.

   “A sólo mil metros de acá están los barrios Gávea y Leblon, con índices de vida similares a los de Noruega o Australia, acceso a estudios universitarios y mayor expectativa de vida. Domiciliarse a esa distancia de la Rocinha implica poder vivir 15 años más”, agregó.

   En ese submundo de marginalidad, el hombre de 37 años brinda alfabetización y apoyo escolar en la Casa Joven, una de las dependencias de la Organización No Gubernamental europea que funcionan en la favela bajo su coordinación.

   “La Rocinha se muestra frente al mundo con una fachada hostil y peligrosa, pero alberga a una comunidad con códigos y un universo con niños, educadores y proyectos que, bajo el lema de la ONG ‘la educación cambiará el mundo’, aportan su granito de arena para seguir soñando un mundo mejor”, opinó el licenciado en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional del Centro.

   Él colabora con todas las actividades de la entidad, es decir las tres iniciativas educativas, más los programas de reciclaje de plástico y huertas domiciliarias.

   Después de mucho esfuerzo, el sueño de su colega italiana se materializó. La iniciativa incluye un jardín maternal con 30 niños, la Casa Joven y el Garaje de Letras, un espacio literario abierto a toda la comunidad.

   “Todos los emprendimientos emplean vecinos de la favela y brindan accesibilidad a los niños de la comunidad”, destacó.

   El bahiense llegó a la Rocinha el primer día de este mes y tiene previsto permanecer ahí al menos 4 o 5 semanas.

   Su curiosidad por la “realidad” brasileña se originó cuando era pequeño, durante un viaje familiar al destino tropical.

   “En ese entonces los mismos lugareños les decían a los visitantes: ‘tengan cuidado porque, por la tarde, los habitantes de la favela bajan para sacarles a los turistas lo que el sistema no les dio’. Desde ese momento siempre quedó en mí un deseo de descubrir ese costado triste y estigmatizado”, relató.

   “Desde muy chico me había generado ideas y preconceptos de lo que podría ser esta famosa favela. De todas las imágenes que me había hecho en mi cabeza sobre cómo sería vivir en la Rocinha, ninguna se acercó a las sensaciones que me produjo entrar por primera vez en este mundo”.

 

El día 1

 

   Durante su primer día en la favela, Avecilla sintió dificultad para “asimilar tanta información en tan poco tiempo”.

   “Cada rincón es un cuadro, cada paso un aroma distinto; para donde mires, hay colores, movimiento, ruido y música a la vez. Mirás hacia arriba y ves miles de cables entrecruzados y en el horizonte se ven los morros, con construcciones de hasta 5 pisos todas ensimismadas”, detalló.

   “Mi primer acercamiento lo tuve de la mano de Bárbara, quien me hizo sumergir en el corazón de este universo maravilloso. Mis primeros 100 metros en la favela me hicieron ver que, atrás de esa cara hostil que el mundo ve en este espacio marginado del sistema, abundan el cariño y el afecto”, sostuvo.

   “Muchos de los chicos que aprendieron a leer en las aulas de Bárbara, y a quienes ella ayudaba a alimentarse, ya son adultos y le gritan con cariño en cada esquina o callejón angosto.

   “Mientras caminábamos por una de las calles donde más narcos armados y tráfico había, escuchamos a un joven saludarla con tono suave y afectuoso. Primero se acercó ella y detrás suyo, tímidamente, después lo hice yo. Él dejó la metralleta a un costado, abrazó a Bárbara y le dio un beso con una sonrisa grande”, contó el viajero.

   “Ella nos presentó, nos estrechamos la mano con cariño y sentí que tras esa figura hostil y temible de aquel joven armado, yacía el amor que Bárbara había sembrado en su niñez. Desde ese entonces, todo comenzó a cobrar sentido”.

 

Dominio narco

 

   La Rocinha es una de las favelas más grandes del vecino país y está bajo el 'gobierno' de un grupo de narcotraficantes instalado allí.

   La banda criminal ejerce el “monopolio” de la comercialización de droga en ese sector de Río de Janeiro, pero al mismo tiempo -afirmó- se encarga de la seguridad de los lugareños y entre ellos manejan “códigos, reglas y se respetan”.

   “Acá se respira comunidad, por eso difícilmente le roben a alguien que vive dentro de esta favela. Si no te metés con ellos, no se meten con vos. Además hay un trasfondo social en esa convivencia, porque los narcotraficantes se ayudan entre ellos o ayudan a la comunidad”, destacó.

   Un dato llamativo para describir el vínculo entre los delincuentes y el resto de los vecinos de la Rocinha, es que la gran mayoría de los pobladores tiene abono a una empresa de televisión por cable propiedad de la agrupación narco.

 

Escena impactante

 

   La ONG fundada por Olivi se denomina “La sonrisa de mis hijos” (por su traducción al español), porque cuando la mujer accedió por primera vez a la Rocinha observó que grupos de niños se lavaban los dientes con un solo cepillo.

   Bárbara renunció a su trabajo en Italia y se radicó en la favela con la ilusión de cambiar los rumbos de estos menores, quienes consideran a la Rocinha “su lugar en el mundo, donde son felices, sonríen y tienen amigos y familia”.

   “Sin embargo, niños de 5 años expresaron su deseo de que no haya armas ni se venda droga, que se creen hospitales, escuelas y servicios de recolección de basura, como también que se realicen obras para evitar inundaciones y desmoronamientos”, precisó Matías, que además obtuvo una maestría en Políticas de Desarrollo en la Universidad Nacional de La Plata.

   “Durante la última lluvia torrencial, cuentan los moradores que el agua destruyó casas de barro, numerosas construcciones se desmoronaron y mucha gente murió. El golpe fue muy fuerte, pero la comunidad respondió con esfuerzo y demostró que el pueblo de acá no baraja la posibilidad de desistir”, añadió.

   La Rocinha se ubica al sur de Río de Janeiro y gran parte de sus habitantes son brasileños que emigraron desde el noreste hasta la favela, en busca de mejores condiciones de vida.

   “La favela nació sobre los morros; sus habitantes le fueron ganando espacio a la piedra y allí encontraron su refugio”, indicó el argentino.

   En la actualidad funciona allí un “gran aparato comercial” compuesto por cadenas de comida rápida, cafés, servicios de TV por cable, entidades bancarias y agencias de turismo que ofrecen visitas guiadas al barrio.

   Como contracara y producto del hacinamiento, la escasa higiene, la carencia de cloacas y las dificultades para acceder a los servicios de salud, la Rocinha es uno de los principales focos de tuberculosis en Brasil.

 

Vocación de servicio

 

Antecedentes. Matías participó de voluntariados también en Mbour (Senegal) y Haití, en 2019 y 2021, respectivamente.

 

Deporte. El entrevistado reside en La Plata, donde coordina un grupo que lleva el boxeo a los barrios y por medio del deporte generan “un primer acercamiento para alfabetizar en las villas”.

 

Necesidades. “Lo que me motiva a aplicar a estas experiencias de cooperación humanitarias internacionales es que no están politizadas; hay necesidades genuinas y normalmente tienen transparencia. En Argentina es difícil porque hay necesidades, pero las asociaciones no siempre son genuinas y el asistencialismo provoca especulaciones en los barrios”, consideró Avecilla.

 

Compromiso. “Mis padres, especialmente mi mamá, siempre me inculcaron el deporte y el compromiso social. De alguna manera encuentro ahí el sentido de todo”.