Bahía Blanca | Martes, 16 de agosto

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Otro ministro que no pudo superar la maldición del mandato incompleto

Martín Guzmán tampoco pudo irse junto al presidente con el que inició su gestión de gobierno. Sucedió muy pocas veces desde los tiempos de Julio Roca hasta hoy.

Foto: Ámbito

Por Francisco Rinaldi / frinaldi@lanueva.com

   No faltó tanto. Pero no pudo ser. Martín Guzmán se encaminaba, hasta la tarde de hoy, a convertirse en el tercer ministro de Economía desde 1880 a la fecha en iniciar y terminar una gestión de Gobierno completa, es decir, yéndose del cargo con el presidente que lo ungió.

   El resto de los titulares de Hacienda, o bien no pudo finalizar por golpes militares o completó una gestión de Gobierno iniciada por otros. Un ejemplo es Domingo Cavallo con Carlos Menem, quien, si bien duró más tiempo que Guzmán, sucedió a varios ministros previamente y, aunque inició el segundo mandato del riojano, no pudo completarlo, ya que fue reemplazado por otro cordobés, Roque Fernández.

   El caso de Roberto Lavagna es parecido: si bien estuvo más tiempo en el cargo que Guzmán, no pudo cerrar con Néstor Kirchner, pese a haber inaugurado la gestión del santacruceño.

   Solo dos excepciones brillan en este listado de nombres de lo que muchos conocen como la profesión más riesgosa del país: el abogado especialista en Derecho Comercial Domingo Salaberry (primer gobierno de Yrigoyen, 1916 a 1922) y el contador público y actuario Ramón Cereijo (Juan Domingo Perón, 1946-1952), quienes se despidieron del cargo al final de cada mandato presidencial.

   Volviendo al presente, y como es clásico en estas situaciones, la danza de nombres ya circula por las redes sociales, aunque la intempestiva renuncia de Guzmán no dio tiempo siquiera para terminar de convencer a quienes amagaban con animarse (Martín Redrado sería uno de ellos), pero exigían más libertad de acción, favor del que, según denunció el renunciante ministro, no gozó durante su estancia en el Palacio de Hacienda.

   Para quienes critican al platense, una inflación que iba derecho a terminar 2022 con porcentajes cercanos al 70% son prueba suficiente de su mala gestión. También se le achaca haber encarado mal la negociación de la deuda externa, producto de su supuesta falta de timing.

   Para otros, no se puede dimensionar la herencia de un ministro al que jamás se le dio un apoyo político suficiente. Basta recordar cuando, el año pasado, no pudo echar a un funcionario de segunda línea que debía obedecerle, en el recordado affaire por los subsidios a la energía.

   Lo que de aquí en adelante venga es mera especulación y nadie debería dejar de emprender proyectos impostergables o correr desesperado a los botes porque, al fin y al cabo, la inflación y los problemas del mercado de cambios ya eran desafíos que estaban presentes aún con Guzmán en el cargo, y seguirán estando sin él, más allá de una zozobra inicial en los días venideros, sobre todo en el dólar blue.

   Del lado de los mercados financieros, vale recordar que  ya le habían bajado el pulgar al saliente ministro, a quien cada vez le costaba más, en términos de plazos y tasas de interés, renovar la deuda en pesos.

   Con todo el abanico de posibilidades por delante, otro ministro de Economía deja el cargo en Argentina. Pero lamentablemente, con él, no se van los problemas que, por incapacidad o imposibilidad, no pudo resolver.