Bahía Blanca | Lunes, 15 de agosto

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Fallece el ingeniero bahiense Horacio Reggini, pionero en el uso de computadoras en el país

Egresado del Instituto Tecnológico del Sur en 1954, Reggini es uno de los profesionales de la ingeniería de más reconocimientos en la historia del siglo XX. Falleció el último lunes, a los 89 años de edad.

Mario Minervino / mminervino@lanueva.com

   En marzo de 1954 los concurrentes al edificio de Rondeau 29 del Instituto Tecnológico del Sur (ITS) de nuestra ciudad estaban convulsionados, como ocurría cada vez que alguno de los estudiantes rendía su última materia.

   Fundado en 1948, el ITS comenzaba a tener sus primeros egresados y este era el momento de Horacio Reggini, de 21 años de edad, que ese año completaba su carrera como ingeniero. El título se lo entregó unos meses después la Universidad Nacional de La Plata y durante sus dos primeros años como profesional siguió viviendo en nuestra ciudad, ejerciendo cargos de ayudante de docencia en varias materias del ITS. Luego emigró a Buenos Aires.    En esa ciudad falleció el pasado lunes 27 de junio, a sus 89 años de edad.

Un laboratorio del Instittuo Tecnológico del Sur, en Rondeau 29

   Reggini es considerado un pionero en materia de informática en nuestro país. En 1964 fue el primero en establecer una conexión entre una computadora de Buenos Aires y otra ubicada en Estados Unidos, como integrante de un grupo de ingenieros que realizaban ensayos para poner las computadoras a intercambiar datos a distancia. Uno de los primeros esbozos de lo que sería Internet.

Reggini con una de las primeras computadoras del país

   Como director del Grupo de Estudio de Aplicación de Computadoras, de la Facultad de Ingeniería de la UBA, participó del Programa Interamericano del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), donde se desarrollaba una de las semillas más fecundas de la Internet presente: la experimentación de nuevas maneras de utilizar las computadoras en modalidad “en línea” –on line- a fin de ayudar a las personas en su quehacer intelectual y creativo, ya sea de investigación, diseño, educación o control.

El cálculo

   Reggini mencionó en una entrevista que su interés inicial por las computadoras se centró en que fueran de utilidad para sus tareas como calculista en su estudio de ingeniería, asociado con otro bahiense, el ingeniero Hilario Fernández Long. Reggini-Fernádez Long calcularon estructuras emblemáticas de Buenos Aires, como las del ex banco de Londres, en Reconquista y Bartolomé Mitre, y la de la biblioteca Nacional, en ambas trabajando junto al arquitecto Clorindo Testa.

Ex banco de Londres en CABA, cálculo de los ingenieros bahienses Reggini e Hilario Fernández Long

   Pero de a poco Reggini se entusiasmó con la posibilidades que ofrecía la computación en general, como una herramienta para el desarrollo y la formación de las personas. Los primeros congresos sobre el tema, las primeras charlas informativas y formativas sobre sus usos, la aplicación de la informática en las escuelas y otros muchos tópicos fueron desarrollados a través de su vida.

Sus lugares

   En 1983 Reggini recibió el Premio Konex de Platino en el rubro Ingeniería electrónica y de comunicaciones. Prueba de su amplia y diversa vida es que fue miembro de la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, de la Academia Argentina de Artes y Ciencias de la Comunicación, de la Academia Nacional de Educación y de la Academia de Ingeniería de Buenos Aires. En 2005 ingresó en la Academia Argentina de Letras, ocupando el sillón Dalmacio Vélez Sarfield, el mismo que en su momento fuera asignado a Jorge Luis Borges.

Recibiendo el premio Konex de Platino, 1983

   Ocupó el cargo de decano de la facultad de Ingeniería de la Universidad Católica Argentina y director de las carreras de Ingeniería en Informática e Ingeniería en Electrónica y Comunicaciones de la Facultad de Ciencias Físico-Matemáticas e Ingeniería de esa casa.

   Ha publicado varios libros relacionados con la informática, entre ellos Simulación en computadoras (1965); Alas para la mente (1982), Computadoras: ¿creatividad o automatismo? (1988); Los caminos de la palabra, Sarmiento y las telecomunicaciones (1992) y la gente en tiempos de Internet (2005).

   Más allá de su convencimiento de la computadora como elemento de educación, siempre dejó en claro que jamás se podría prescindir de la persona ni del trato humano. Sobre esa situación expresó un pensamiento que tiene impacto hasta nuestros días:

“Existe la opinión generalizada de que los nuevos medios tecnológicos producen una mejora automática en la calidad de la educación. Sin embargo, ni siquiera el más deslumbrante prodigio técnico puede garantizar un proceso en el que adquieren importancia predominante los aspectos personales. La falta, de criterios definidos y una invasión masiva de las computadoras en todos los órdenes de la vida cotidiana nos sitúa ante el riesgo de un desperdicio de sus potencialidades educativas y puede, incluso, llegar a ser perjudicial”.