Bahía Blanca | Martes, 16 de agosto

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Médico Rural, una profesión que es reconocida por su función social y humanitaria

Cumplen un labor que excede sus conocimientos, sino que se basa también en el acompañamientos y el apoyo psicológico de los pacientes, lejos de las ciudades.

   Médico Rurales que ponen sus conocimientos al servicio de sus poblaciones, recorriendo a menudo grandes distancias, reconocen que cumplen “una función social y humanitaria que es ampliamente reconocida por cada uno de los pacientes”, a quienes llegan a conocer en profundidad, más que en las ciudades.

   “Nosotros trabajamos mucho en lo social, lo que por ahí en las grandes ciudades no, porque a veces no se conoce la realidad del paciente y nosotros conocemos todo”, explicó Yudith Villarreal, pediatra y médica rural.

   “Nos toca lidiar con distintas realidades, especialmente con la realidad social a la que está inmersa el paciente y su familia”, añadió.

   Por su lado, la médica rural generalista Rosana Roldán sostubo que “muchas veces con poco hacemos mucho y podemos salvar vidas, y esas son las gratificaciones de trabajar en la ruralidad”.

   Las médicas Yudith y Rosana trabajan desde las 7 de la mañana y cada día es distinto en el extenso territorio del interior de Santiago del Estero. 

   La ruralidad en la provincia es una característica particular. Cada pueblo, cada paraje, es distinto e incluso cada familia tiene su propia realidad y ellas conocen cada detalle.

   Rosana tiene 49 años y hace 22 que es médica generalista, además es la actual directora del hospital de Nueva Esperanza, al norte de la provincia santiagueña.

   “Elegí ser médica rural y siempre lo digo con orgullo”, remarcó 

   “Damos una solución a esa gente que está en el interior alejado de una gran ciudad”, agregó.

   “A veces, luego de transitar por esos caminos de difícil acceso, para llegar a pacientes que necesitan ser atendidos, gratifica mucho y en eso doy gracias, porque el médico es un instrumento de Dios para poder ayudar a la gente, poder curar y sanar una dolencia”, enfatizó.

   “Para mí es un placer ir al interior”, dijo y en ese aspecto sostuvo que es una alegría “poder llegar a los diferentes parajes, hacer operativos de salud, controles de niños, completar esquemas de vacunación, controles prenatales y atender a la población en general”.

   Pero no está sola, y destaca a su equipo conformado por agentes sanitarios, obstetras y enfermeros.

   “Ser directora y médica rural implica gestión, acompañamiento con mis pares, mi familia hospitalaria, estar ahí para el paciente”, expresó la doctora Rosana.

   “Hoy por hoy estoy feliz por todos los avances que hemos tenido en nuestra región para poder tener una mejor calidad de atención hacia el paciente”, indicó.

   Si bien Nueva Esperanza es la ciudad cabecera en el norte santiagueño, la doctora Roldán recorre todas las semanas poblaciones como San José del Boquerón, El Mojón, El Bobadal, entre otros parajes en donde no son muchas las familias.

   “Durante estos más de 20 años de médica he llegado a lugares en los que nunca había llegado un médico, por ejemplo, a la localidad La Soledad que está a unos 120 km de Nueva Esperanza, poder dar atención es una gran alegría y por eso siempre soy una agradecida a la vida y Dios por mi profesión”, ejemplificó.

   Sus pacientes son como su familia. Cuando se enferman, la movilizan no solo como médica, sino también como familiar.

   Uno de los casos que la emociona es la de Lucas, un niño de 5 años, de la localidad El Quemado. 

   “Hace dos meses sufrió un accidente en el que se prendió fuego su casa y dentro de ella estaba Lucas. Pensábamos que no iba a sobrevivir”.

   Se actuó rápidamente, porque eran distancias muy extensas el lugar de su vivienda. Por la gravedad de su estado fue trasladado al hospital Garrahan, en donde “hace días pude ir a verlo”, comentó con lágrimas en los ojos.

   “Hoy por hoy, a Lucas le falta muy poquito para que vuelva a su casa. Esas son las gratificaciones porque muchas veces con poco hacemos mucho y podemos salvar vidas”, enfatizó.

   La doctora Yudith Villarreal, además de ser médica rural y pediatra, es directora del hospital de Brea Pozo, su pueblo natal, a unos 70 kilómetros de la ciudad capital.

   Ella culminó su especialidad en Pediatría en la Universidad Nacional de Córdoba, pero en 2001 decidió volver a Brea Pozo para brindar un poco de sus conocimientos y su sensibilidad social.

   Se levanta bien temprano. A las siete de la mañana ya está en el hospital. Además de realizar todas las cuestiones administrativas, lleva a cabo los controles de salud a los niños, ya que es la única pediatra en el lugar.

   Pero su tarea no concluye en ese lugar. Ella sale al terreno, a parajes o localidades de la zona, en donde incluso en algunas escuelas sirven de "sede" no solo para vacunación, completar esquemas, sino también para los chequeos o incluso hablar con los docentes y padres sobre aspectos sanitarios y sociales.

   “Nosotros los médicos rurales no tenemos muchas herramientas, entonces tenemos que aprender a diagnosticar con lo que tenemos, a encontrar otras herramientas para nuestros pacientes”, explicó Villarreal.

   “Como médica rural conocemos a nuestros pacientes, sabemos dónde vive, conocemos a su familia, sabe toda su la realidad y por eso trabajamos mucho con lo social, lo que por ahí en las grandes ciudades no se hace”, subrayó.

   “En la ruralidad debemos saber dónde vive, si le vamos a indicar alguna medicación, si pueden llegar por sus propios medios a un control, e incluso muchas veces hemos dejado niños internados y por ahí no lo necesitaban, pero vivían muy lejos”, detalló.

   “Todo eso es lidiar con otras realidades, cada paciente es una realidad, entonces conocemos la realidad social a la que está inmersa el paciente y su familia”, puntualizó.

   Rosana finalizó pidiendo “levantar siempre en alto la bandera de ser médica o médico rural”.

“Una experiencia única y necesaria”

   Los primeros médicos y médicas próximos a recibirse en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Santiago del Estero (Unse) tienen sus últimas instancias de prácticas profesionales en el campo, “una experiencia única y necesaria”.

   Damián Gómez es uno de los cinco estudiantes que este 5 de agosto rendirá su examen final para tener el título de médica y médico, y de esa forma convertirse en los primeros santiagueños en recibirse de la Unse.

   Damián se encuentra en las últimas dos semanas de rotación de la Práctica Final Obligatoria (PFO), y luego entre el 3 y 5 de agosto rendirá el examen final de la carrera.

   La PFO es una instancia práctica de la carrera donde cursan las 4 grandes ramas de la Medicina (Clínica, Pediatría, Cirugía y Tocoginecología) además tienen una rotación optativa y la rotación Rural.

   Este joven estudiante de la ciudad de Frías, junto a otros 4 compañeros están finalizando la práctica rural, que es la última rotación, por lo que “la idea es rendir el último examen de la carrera y recibirme, y cuando tenga el título significará todo el esfuerzo plasmado que hice junto a mi familia”, señaló.

   “La práctica rural es una experiencia muy positiva, suelo ir con mi tutor a parajes que están fuera de la ciudad y es donde la salud se debe hacer más presente como método de empoderamiento de las poblaciones rurales”, manifestó.

   “Para mí no me es ajeno porque tengo familiares en zonas rurales y conozco mucho ese contexto", detalló.

   Damián acude a parajes y localidades del departamento Robles, tales como los denominados Mili, Villa Robles, Morcillo, entre otros, a los cuales salen a las siete de la mañana con su tutores.

   En algunos de esos lugares, la escuela es el espacio que utilizan para organizar operativos de salud, en donde se llevan a cabo chequeos, controles de todas las especialidades, y “en mi caso veo principalmente lo que es clínica y pediatría”, detalló.

   “Las personas del interior son pacientes sumamente respetuosos y uno debe en muchos casos hacer el esfuerzo de buscar alternativas para poder solucionar sus problemáticas debido a que los recursos son un poco más limitados que en los lugares como Capital y Banda, por dar un ejemplo”, comentó.

   “Trabajar en ruralidad es amoldarse a los recursos, darle el papel fundamental a la información recolectada en la historia clínica y al examen físico, ya que quizás acceder a un estudio complementario complejo es muy difícil para el paciente, por lo tanto, esos recursos hay que cuidarlos muy bien y hacer los exámenes correspondientes de forma consciente para no afectar la economía de las personas que viven lejos de los lugares de referencia”, enfatizó.