Bahía Blanca | Martes, 28 de junio

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¿Qué tan probable es que la "viruela del mono" desembarque en Bahía Blanca?

Se encienden las alarmas por el brote de esta enfermedad, que parecía erradicada. Y es que ya ha llegado a decenas de países, con más de 600 casos reportados. Tres especialistas opinaron sobre los riesgos que crezcan los contagios.

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Audionota: Romina Farías

Por Pablo Andrés Alvarez / palvarez@lanueva.com

   El mundo está en shock después de que una enfermedad como lo es la viruela del mono, que casi no había salido de África en 50 años, se extienden a Europa, Estados Unidos, y varios países del mundo, incluida la Argentina, que ya confirmó dos contagios.

   Aunque desde la comunidad científica local señalan que es poco probable que arribe a nuestra ciudad con fuerza de preocupación, es una pregunta válida después de ver cómo una misteriosa neumonía en China terminó convirtiéndose en una pandemia global que obligó a confinamientos totales y medidas sin precedentes para contenerla.

   La viruela del mono, salvo pocas excepciones, se había limitado a las regiones de África occidental y central. Años anteriores, la cantidad de casos que se habían registrado en otras partes del mundo se vinculaban a personas que habían viajado a países afectados y lo habían traído a casa. Es por esto que aún no está del todo claro cómo se está contagiando la gente.

   Incluso, la Organización Mundial de la Salud pidió a los países miembros que redoblen esfuerzos para evitar más infecciones de esta enfermedad originada en animales, que pasó a humanos y se extiende en varios continentes.

   “Debido al aumento de los viajes internacionales, hoy por hoy es posible que una enfermedad sea transportada rápidamente de un país al otro. Por este motivo la medicina del viajero se ha convertido en una subespecialidad dentro de la infectología que busca realizar medicina preventiva de los riesgos al viajar a países donde hay enfermedades endémicas, sobre todo si se van a realizar excursiones o actividades en contacto directo con la naturaleza”, manifestó la infectóloga bahiense Laura Spadaro, miembro del área de Infectología del Hospital Municipal y del Hospital Matera.

   Mariana Puntel, especialista en virología y radicada hace 4 años en nuestra ciudad para desempeñarse en el CONICET, donde es investigadora en el Instituto de Investigaciones Bioquímicas, opinó en el mismo sentido.

   “Es probable que en algún momento haya algún caso en nuestra ciudad, en tanto la gente viaje y de a poco con el calor empiecen las actividades de contacto de piel. Es importante destacar que, excepto que se den comorbilidades, los casos son leves y el paciente se recupera luego de 21 días y que el riesgo de muerte es muy bajo”.

   Por su parte, el doctor Guillermo Docena, Investigador Principal del CONICET y egresado de la carrera de Bioquímica de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de La Plata, señaló que es una enfermedad “controlable”. 

   “No hay que entrar en pánico. Porque es mucho más difícil de contagiar que el Covid y ya hay una vacuna contra la viruela que puede ayudar en la prevención, porque más allá que se dejó de aplicar en la década del '80, sirve para estos casos”. 

   Según las investigaciones, los recién nacidos, los niños y las personas con inmunodeficiencias pueden correr el riesgo de sufrir síntomas más graves y morir por la enfermedad.

   De todos modos, los porcentajes son muy bajos. Reportes de la OMS revelan que entre el 3 y 6% de los contagios identificados en donde la viruela del mono es endémica, ha concluido en defunciones.

   Los expertos insisten en que una vez se identifican los casos y se emiten las alertas sanitarias, debería ser “relativamente fácil controlar los brotes”.

   De igual forma, los científicos sí consideran necesario recordar que lo que estamos viviendo es una muestra más del peligro al que se enfrenta la humanidad con los virus emergentes, sobre todo aquellos de origen animal.

   Cada vez es mayor el contacto con los animales silvestres por la deforestación, la urbanización descontrolada, el turismo y el cambio climático. Existen un montón de factores que unidos a la baja inmunidad grupal hacen que puedan aparecer brotes con mayor frecuencia, que es lo que está ocurriendo.

“No se espera una expansión masiva”

   Laura Spadaro remarcó que es poco probable una expansión masiva de casos, aunque recomendó que las personas que hayan viajado a las zonas de riesgo en las últimas dos semanas estén atentas a algunos síntomas.

   “La tasa de transmisión del virus es bastante baja y por lo tanto no se espera una expansión masiva de los casos. Por otra parte, la inmunidad por vacuna aún existe en aquellos vacunados antes de 1980 y eso también es una dificultad para la circulación del virus. De todos modos es recomendable estar atentos a los síntomas en toda persona que ha viajado en los últimos 14 días a los lugares de riesgo”.

   En comparación con la viruela, la viruela del simio tiene una tasa de transmisión de persona a persona mucho más baja.

   “Se desconoce en detalle la vía principal de transmisión. Podría haber transmisión respiratoria en el inicio de la enfermedad, inclusive previo a la aparición de la erupción”, señaló.

   Y amplió: “Existe transmisión por contacto y también se considera posible la transmisión por contacto sexual. Anteriormente los brotes en otros países se daban a partir de personas que tenían antecedentes de haber viajado a zonas endémicas, pero ahora algunos sospechan que puede haber una circulación comunitaria”.

   La reaparición de esta enfermedad se debe, según Spadaro, a que el virus utiliza al humano como un huésped alternativo.

   “Como otras enfermedades zoonóticas, el huésped animal de la enfermedad funciona como un reservorio del germen. Cuando se rompen las barreras de contacto con los animales, especialmente salvajes, el virus usa al humano como un huésped alternativo y allí aparecen los brotes. De la misma manera que ha aparecido la transmisión de gripe porcina, gripe aviar e inclusive el Covid-19”.

   La manifestación de la enfermedad es común a otras: dos días de fiebre, malestar general, mialgias y/o dolores de cabeza.

   “El 90% de los pacientes desarrollan adenomegalias. La erupción típica comienza como lesiones maculopapulares de 2-5 mm de diámetro y tiende a extenderse en un patrón centrífugo (desde el centro hacia afuera). Estas lesiones luego progresan a través de fases papulares, vesiculares y pustulosas, antes de formar una costra y dejar cicatrices despigmentadas”.

   De todos modos, no existen tratamientos comprobados y, como la mayoría de las enfermedades virales, el manejo es principalmente de apoyo.

   “Es posible que administrar la vacuna contra la viruela entre 4 y 14 días después de la exposición no prevenga la enfermedad, pero puede reducir los síntomas. No es una vacuna que en este momento esté disponible. Hay algunos antivirales de amplio espectro que podría tener alguna actividad contra el virus pero hay poca evidencia a favor de su uso”.

   Según Spadaro, es probable que la enfermedad no se notifique de manera significativa, por lo que la mortalidad puede estar sobreestimada.

   “Pero durante las investigaciones más intensivas en África, la tasa de mortalidad oscila entre un 1% en África occidental (de dónde parece que se originan estos casos) hasta un 10% en África central. Las complicaciones y la evolución tórpida puede ser mayor en inmunocomprometidos”.

“Los brotes pueden controlarse”

   “En este momento, no hay tratamientos específicos disponibles para la infección, pero los brotes actuales pueden controlarse. Debido a que el virus de la viruela del mono está estrechamente relacionado con el que causa la viruela humana, esa vacuna también sirve”, opinó Mariana Puntel, especialista en virología, quien se radicó hace 4 años en nuestra ciudad para desempeñarse en el CONICET, donde es investigadora en el Instituto de Investigaciones Bioquímicas. Es licenciada en Ciencias Biológicas y doctora en Ciencias Químicas egresada de la Universidad de Buenos Aires.

   Sin embargo, aclaró que  la vacuna contra la viruela no está actualmente disponible para el público en general.

   “Por lo pronto, no hay motivos de preocupación, pero sí debe prestarse atención al tema para limitar su dispersión”, esgrimió.

   España considera la posibilidad de aplicar la estrategia de vacunación selectiva “en anillo” que fuera exitosamente implementada para la erradicación de la viruela humana en los años ’70 y que también tienen previsto emplear países como Dinamarca, Francia y Alemania, que también han anunciado la compra de miles de dosis de esta profilaxis.

   “Esta estrategia consiste en inyectar las dosis a los contactos de los pacientes confirmados y a las personas que hayan mantenido una relación estrecha con esos contactos. De este modo, se consigue un 'anillo de protección' evitando la propagación del virus. Quizás en nuestro país, en algún momento, también sea necesario”, amplió Puntel.

   Según manifestó, se propaga de persona a persona.

   “Se da por el contacto con lesiones cutáneas infecciosas o costras, por lo que está contraindicado compartir vestimenta o ropa de cama”.

   Y añadió: “el proceso se inicia con una suba brusca de fiebre (38.3°C), malestar general, dolores de cabeza y cuerpo y, a veces, vómitos. Y es seguido por el desarrollo de una erupción característica particular: vesículas o pústulas firmes y profundas en la misma etapa de desarrollo”.

   Pese a que el último caso documentado de viruela humana natural (endémica) fue en 1977, en 2018, tanto el Reino Unido como Israel informaron casos importados de la viruela del mono en viajeros que regresaban a casa después de visitar Nigeria.

   “La viruela del mono es endémica de las regiones boscosas tropicales de África occidental y central, en particular la cuenca del Congo. La literatura reciente documenta la presencia de esta enfermedad en otros países (Camerún, República Centroafricana, Costa de Marfil, Liberia, Nigeria, República del Congo y Sierra Leona) y señalan que los roedores importados de África Occidental fueron la fuente de un brote humano de viruela del simio en los Estados Unidos en 2003”.

“Los efectos no son tan graves”

   “No corresponde denominarla Viruela del Mono, porque no proviene del mono. Se le dice así porque se la detectó en esa especie en 1958, pero el reservorio, en realidad, son los roedores”, aclaró, por su parte, el doctor Guillermo Docena, Investigador Principal del CONICET y egresado de la carrera de Bioquímica de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de La Plata.

   Actualmente es profesor adjunto del Area de Inmunología y Microbiología a cargo del dictado de las asignaturas de Inmunologías que se dictan para las carreras de Bioquímica, Farmacia y Biotecnología y Biología Molecular del Departamento de Ciencias Biológicas de la UNLP.

   “No tiene nada que ver con coronavirus, que es un virus con ARN y éste tiene ADN. No tiene síntomas respiratorios, sino que es por piel. Causa un cuadro similar a la gripe, se inflaman los ganglios y después aparecen estos síntomas en la piel. Es bastante parecido al virus de la varicela”, subrayó Docena, añadiendo que sólo se puede determinar el contagio por análisis de PCR.

   En tanto, indicó que quienes se vacunaron “antes de los 80 no están protegidos” porque la inmunidad dura 10 años.

   Y recalcó en que no se contagia por saliva, secreciones nasales o microgotas al hablar, sino que los contagios ocurren por contacto directo con el líquido que emanan las lesiones en la piel que produce esta viruela.

   “O bien por el contacto con roedores infectados”, señaló Docena, quien agregó que es una enfermedad que existe hace mucho tiempo.

   “No es desconocida por el mundo científico, ya que todos los años produce más de mil casos en África. Cuando empiezan a darse contagios fuera de ese continente siempre se encienden las alarmas”.

   Aunque Docena remarcó que esta viruela no es excesivamente contagiosa y tampoco peligrosa para quienes la contraen, las autoridades sanitarias han preferido tomar precauciones.

   “Los efectos no son tan graves. Tiene una incubación de 15 días y se manifiesta por lesiones en piel. No tiene fase respiratoria y suele comenzar como una gripe. La mejor prevención es no entrar en contacto con las personas que pueden padecer este tipo de lesiones”, cerró el investigador del Conicet.