Bahía Blanca | Martes, 28 de junio

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¿Desnazificación de Ucrania?

Si esa nazificación sobreviviera, se empoderaría aun más y terminaría fagocitando al propio Zelensky: un peligro para la propia Europa.

   Los batallones nazis Azov y Donbas fueron incorporados como fuerzas armadas de Ucrania. El grupo paramilitar Aydar no fue oficializado, pero Maxim Marchenko -su jefe- es el gobernador de Odessa instalado allí por  Zelensky. La Misanthropic Division, el Dinipro-1, la Unidad Tornado, el Batallón Balkishchyna y grupos de choque integran la resistencia ucraniana. 

   Todos antisemitas, homofóbicos, misóginos,supremacistas blancos, neonazis y antirrusos. Se fortalecieron tras la “Euromaidan” en Noviembre del 2013 en Kiev. Paul Moreira, especialista francés en el tema, en 2016 advertía: “La revolución de Ucrania ha engendrado un monstruo que se pondrá en su contra”. Gabriel Merino -investigador del Conicet- refiere que el Partido Nacional Socialista de 1991 cambia por “Svoboda” (libertad) y reconoce como fundador a Stepan Bandera, militante nazi desde 1941. Incentivados por el Tercer Reich, los “banderistas” masacraron a más de 100.000 judíos. Fuente, Alejandro Horowicz, docente de UBA. Estos “civiles patriotas” son la resistencia a la justa campaña de Putin. Estos batallones, y grupos paramilitares asimilados a las fuerzas regulares han sido objeto de múltiples reclamos por derechos humanos conculcados, desde la oficina ACNUDH,  junto con Amnesty Internacional, que los denunció por “crímenes de guerra” desde hace muchos años, junto con asesinatos masivos, violaciones y torturas. 

   Como puede apreciarse, Biden, el mismo que respaldó el crimen de guerra cometido por  el hundimiento ilegal del Crucero General Belgrano, el mismo que incitaba a exterminar con los gurkas a los Argentinos en Malvinas, al calificar con tal mote la operación justiciera de Putin, llegó tarde, fiel al respaldo que su país dio a Hitler con los camiones Ford para las tropas, etc. La fuerza de estos nazis deviene de su crueldad ejercitada desde hace mas de 10 años como paramilitares. La Asamblea General de las Naciones Unidas, en el 2021,   dictó una Resolución “contra la glorificación del nazismo, el neonazismo, el racismo, xenofobia e intolerancia en Ucrania”. 

   Solo Ucrania y EE.UU. votaron en contra. O sea que esta invasión no es un brote esquizofrénico ni psicopático sorpresivo de Putin. La “casa Cosaca”, que es la sede del reclutamiento de Azov, le fue cedida por el Ministerio de Defensa de Zelensky, que demuestra la connivencia de un judío renegado que  consiente y promueve el asesinato de los “suyos”. Su prioridad no es ser judío, sino sostenerse en el poder de un país que tiene las manos manchadas con sangre judía y rusofóbica. 

   Si esa nazificación sobreviviera, se empoderaría aun más y terminaría fagocitando al propio Zelensky. Un peligro para la propia Europa que carga hoy sus armas, obviando que allí EE.UU. tiene varios laboratorios de guerra bacterológica que ya fueron tomados por los generales rusos y denunciados al organismo de la ONU para que mande inspecciones. 

   No hay entonces muertos de primera -civiles que los nazis usan de escudos humanos - o refugiados que huyen de Ucrania y encuentran acogida “selectiva” de la UE que negó hospitalidad a los sirios que huían de los ataques del ISIS en Siria, y muertos de segunda, “víctimas judías y  rusos”, ocultados por parte de la calaña mediática  que  maquilla aquellas muertes como fruto de la “resistencia patriótica” y a estos simplemente como “los otros muertos”.