Bahía Blanca | Miércoles, 30 de noviembre

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A medio camino entre el Mundial 2022 y las elecciones 2023

La columna semanal de nuestro corresponsal en la capital de la provincia.

   La situación económica en la provincia de Buenos Aires es compleja. Los salarios de los trabajadores ocupados en blanco siguen perdiendo frente a una inflación por las nubes. Ante eso, la agenda política sigue batallando por una cuota de “poder real” tanto en el Frente de Todos como en Juntos por el Cambio. 

   En líneas generales, afortunadamente, no toda la dirigencia política bonaerense opina como la ministra Kelly Olmos, quien días atrás priorizó la suerte del seleccionado argentino por sobre la importancia de frenar la disparada inflacionaria.  

   En realidad, el virtual uso político del Mundial de Qatar puede ser una excusa de distracción coyuntural, pero no puede ocultar ninguna de las crisis estructurales de la Provincia. 

   Así y todo, el microclima político hace que casi todo ingrese en estado de ebullición permanente.  

   "En este momento, lo central es que el proceso de crecimiento y creación de riqueza también se distribuya: por más difícil que sea, nuestra tarea es parar el aumento de precios y lograr que mejoren los salarios”, afirmó el gobernador Axel Kicillof. 

   Según el mandatario, sobre la coyuntura política nacional “está planteada la discusión acerca de qué se hace ante las necesidades de nuestro pueblo: para algunos sectores implican un costo. Para nosotros, en cambio, cumplir con los derechos es una inversión”. 

   En ese contexto, Kicillof apuntó directamente contra el expresidente Mauricio Macri y sus socios de Juntos por el Cambio: “A diferencia de lo que hicieron en 2015, cuando llevaron a cabo una verdadera estafa electoral porque hicieron todo lo contrario a lo que habían prometido, la oposición ha desclasificado su programa y expone lo que piensa hacer”, subrayó. 

   “La discusión es si apostamos a un Estado que incluye y está al servicio de las mayorías populares, o a la derecha que viene a privatizar y ajustar. La disyuntiva es si queremos a la derecha o si queremos el derecho de nuestro pueblo a un futuro mejor”, concluyó el mandatario provincial. 

   Mientras tanto, los ministros y funcionarios de la calle 6 siguen expectantes las decisiones y designios de la vicepresidenta Cristina Kirchner y hasta proyectan una posible candidatura de cara a 2023. 

   En la Legislatura bonaerense, a su vez, las discusiones ya sea desde las butacas o externamente de los recintos de sesiones siempre dejan mucha tela para cortar.  

   Kicillof quiso forzar el tratamiento de la reforma del régimen jubilatorio del Banco Provincia pero no logro “quebrar” a JxC en una sesión de Diputados, que se cayó justamente por la negativa del PRO y la UCR de bajar al recinto.   

   Velozmente el Frente de Todos, que no consiguió alcanzar el quórum, bajó al recinto con la intención de exponer públicamente a la bancada opositora y endilgarle intransigencia ante el pedido de solución que viene reclamando la Suprema Corte de Justicia. 

   El oficialismo pretendía avanzar con la contrareforma de la ley 15.008 que allá por diciembre de 2017 impulsó la exgobernadora María Eugenia Vidal y que ahora Kicillof se propone modificar, pero el PRO logró alistar al radicalismo en el rechazo. 

   Ahora el problema es que también esto puede complicar las negociaciones políticas por el Presupuesto y la Ley Impositiva. El debate  transitaba despacio y por sus carriles normales – incluso con el desfile de ministros por la Legislatura- pero el conflicto por la reforma de Bapro podría modificar la ecuación. 

   “Todos hacen su juego y buscan acumular para el año que viene. Después verán qué es lo que hacen”, deslizó un dirigente de Juntos, que está en la mesa chica de las decisiones. 

   “Está claro que en estos momentos los posicionamientos llevan a situaciones de tensión, de idas y vueltas, que seguramente el correr de los meses y la cercanía de las elecciones se acomodará”, agregó. 

   Por el momento, en la Provincia, algunos melones comienzan a acomodarse. Uno de los socios principales de Juntos, la UCR, tuvo su interna partidaria, que en realidad sólo fue en algunos distritos, pero no a nivel bonaerense. El actual titular del partido, Maximiliano Abad selló la unidad con los espacios de Evolución de Martín Lousteau, y con Gustavo Posse, logrando la reelección por un nuevo período. 

   De esa manera, Abad logró consolidar su poder territorial y amojonó para sí mismo la candidatura a gobernador que presentará el radicalismo en las PASO, salvo que terminen arreglando con sectores del PRO. 

   Pero puertas adentro siempre hay, a pesar de la victoria, algunos cuestionamientos al diputado marplatense, y no porque sea un mal estratega. De hecho fue el artífice de la incursión de Facundo Manes en la política, y de una interna que dejó al radicalismo en cancha y con posibilidades ciertas de competir con sus socios amarillos. 

   Lo que le reclaman a Abad es la acumulación de cargos, la centralización excesiva del poder y de las decisiones en sí mismo. Es que es, además de presidente del partido, es jefe del bloque de diputados de Juntos e interlocutor con el gobierno provincial. 

   Algunos piensan, incluso, que el lanzamiento de su candidatura es en realidad una suerte de “invitación” al jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta para armar una lista de unidad. 

   En cambio, esos mismos creen que si la PASO del año que viene es por partidos, el único candidato con chances de pelar en serio es Facundo Manes y no Abad. Claro que para ello habrá que convencer al neurocirujano de ser candidato en la Provincia.