Bahía Blanca | Miércoles, 30 de noviembre

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Ernesto Ancán: “Escucho que se estigmatiza a muchos pibes. ¿Por qué no les brindamos contención?”

 Con casi cuatro décadas de trabajo sostenido en el club de La Loma, a los 67 años disfruta cada vez que un chico llega a Primera o simplemente se desarrolla como un ciudadano de bien.

Por Walter Gullaci wgullaci@lanueva.com

   Ernesto “El Negro” Ancán es una parte grande de Bella Vista, pero sobre todo un formador nato de promesas futboleras (varias de ellas convertidas en realidad) y buenas personas. Al cabo, un hombre respetado por todo el ambiente de la Liga del Sur.

   Con casi cuatro décadas de trabajo sostenido en el club de La Loma, a los 67 años disfruta cada vez que un chico llega a Primera o simplemente se desarrolla como un ciudadano de bien. Lo que para Ancán representa el mejor triunfo que obtuvo en su vida como entrenador de precoces talentos.

   Su esposa Ana María, quien todavía lo ayuda lavando las pecheras de los chicos, sus hijos Juan Pablo (ingeniero), Sebastián y Cintia (profesores de Educación Física, como sus nietos Simón y Elena, son el gran orgullo de este ex aguerrido lateral albiverde.

   Y siempre con claras consignas: cultivar valores y bregar porque se superen las limitaciones y sinsabores con las que conviven tantos de nuestros chicos.


   1. “Todo lo mío pasa por Bella Vista. De jugador yo no era un exquisito. Era aguerrido, pura actitud. Jugué en el primer sub 15 que formó la Liga del Sur, de 3. También pasé por Villa Mitre durante una temporada, en el  ’83, en aquel equipo del Cordobés Juan Manuel Fernández, Julio Román, Bonifazi. Buen equipo. Pero obviamente mi casa está en La Loma”.

   2. “Cuando estaba por terminar de jugar, ya me gustaba eso de andar ayudando en las inferiores. Antiguamente, las formativas la agarraban padres que tenían tiempo y buenas intenciones, pero obviamente carecían de capacidad. Ahí me empezó a picar el bichito de trabajar en las menores, siempre con la idea de sacar jugadores para la primera de Bella Vista. Así empecé con la categoría ’72, en la que jugaba Carlitos Mungo. Con él tengo una anécdota. Yo nunca le decía a un chico que no servía. Por allí caía alguno gordito o chiquito. La idea era darles herramientas para ver hasta dónde podían llegar. Y bueno, Mungo había llegado del sur y era gordito. Me decían: ‘Negro, no pierdas tiempo con este pibe’. Yo le veía algo. Tenía personalidad. Y lo mismo me pasó con Nicolás Giordano, quien además de futbolista hoy es periodista. Me lo llevó Daniel Rosas, de quien tengo el mejor de los recuerdos. Nico era chiquito. ‘Mirá Negro, te traigo a este pibito que allá, en Tiro, no tiene lugar’. ‘Dejámelo, dejámelo’, le dije. Lo entré a mirar y veía que tenía todo el fútbol en la cabeza. Y bueno, luego lo demostraría en Primera”.

   3. “Recuerdo una charla que brindó Jorge Griffa. En un apartado me dijo: ‘cuando usted tenga un jugador con actitud, intente, que algo le va a sacar. Ahora cuando le aparece un habilidoso apático, ahí se le va a complicar’”.

   4. “Rodrigo Palacio siempre fue un fenómeno, estaba enfocado en que iba a llegar lejos. Su categoría, la ’82, era enorme. Dos años campeona. Una tremenda contracción al trabajo. Tenía enfrente a Ronaldo o a mí y le daba lo mismo. Siempre jugaba igual. Se enojaba si no le salían las cosas”.

   5. “¿Pablo Arriagada? A mí me hablaban del Pipi Romagnoli, de tantos, pero yo estaba convencido que Pablo hubiera llegado más lejos, triunfado por ejemplo en Europa. Un fuera de serie. Cayó en una época diferente. Por allí si hubiera jugado en este tiempo quizás lo agarraba un buen representante y lo hubiera cuidado con todos los chiches que hay ahora. ¡Las cosas que le vi hacer! Había gente neutral que pagaba la entrada sólo para ir a verlo a él. Era un monstruo”.

   6. “La intención de jugar, de pedirla, de no sacarse la pelota de encima es lo primero que veo en un chico. A veces les digo: ‘¿usted no vino a jugar a la pelota? ¿Por qué se la saca de encima y la tira para arriba? Juegue y equivóquese. Cien veces, hasta que le salga ben’”.

   7. “Con respecto a los árbitros muchos me dicen: ‘vos sos demasiado tranquilo’. No me gusta protestar. Siempre fui de la idea de preparar al chico en la semana, como sucede en la escuela, donde se estudia y el sábado rinde la prueba. El día del partido no me desconcentro mirando al referí. Estoy metido en lo que hace el chico. A ver si aplica lo que le enseñamos en la semana. Por ejemplo si juega de wing y desborda, llega al fondo y tira el centro hacia atrás, para mí ya es ganar 1 a 0. Porque yo le decía que cuando llegue al fondo tire el centro, que no la enganche hacia atrás y le brinde al marcador la posibilidad de que se recupere. Me fijo en los detalles de mis jugadores. Casi que ni miro a los de enfrente”.

   8. “En Bella Vista confluyen todo tipo de realidades. ¡Los chicos me han brindado cada ejemplo! Me han marcado en la vida. Recuerdo un pibe muy humilde, en la categoría ’83. Imaginá lo peor. Ladrón, muy complicado. Nos invitan a jugar un Mundialito a Villalonga. Los chicos iban a casas de familia. ´Uyyyy’, pensé. ‘¿Qué hago con este pibe?’. Mi dolor era que no vaya, dejarlo afuera de su categoría en el viaje. Entonces lo llamé, le expliqué que iba a estar en una casa de familia, que los dirigentes no estaban muy de acuerdo con la idea que viajara. Le dije: ‘Mirá Cristian, yo voy a poner la cabeza por vos, me la juego por vos, te voy a llevar’. Ya en Villalonga, veo que se me acerca una mujer. Me empezó a correr un sudor... ‘¿Usted es el técnico de Bella Vista?’, me preguntó. ‘Sí, señora´. Y me dice: “le quería decir que Cristian es un amor. Me barre, me limpia la pileta, me hace los mandados. Un amor’. Y bueno, yo le dije ‘si, si, es un chico bárbaro’ (risas). Ya cuando nos íbamos, el chico viene y me dice: ‘Negro, ¿no tiene algo para regalarle a la señora?’. Recuerdo que le di un banderín. Se lo llevó muy contento. Eso me marcó. Cuando escucho que se estigmatiza a muchos pibes como si fueran unos delincuentes, que hay que ladearlos, pregunto: ¿Por qué no les brindamos contención? Una oportunidad. De pronto este chico se encontró con una cama, con un televisor, con un desayuno. Con otra vida”.

   9. “Aquella anécdota de Cristian me marcó. Como también otra situación con un chico arquero, Andrade. Como a Guido (Villar, hoy arquero de Olimpo), yo vivía peloteándolo. Un día apareció para despedirse. Se iba a vivir a Neuquén. Y como yo siempre andaba con una gorra puesta, me vino con una de regalo. Entonces yo me saqué la que tenía puesta, vieja, para tirarla, y me puse la que me trajo de regalo. Para agradecerle. ‘No, no la tire, démela que me la quiero llevar de recuerdo’, me dijo. No hay campeonato que haya superado aquello”.

   10. “Carlos Mungo estaba retirándose como jugador, y entonces le dije por qué no venía a colaborar conmigo. A darme una mano con los pibes. ‘ No, Negro, yo no tengo paciencia’, me contestó. Le insistí. ‘Vení, vas a ver que con los pibes es otra cosa’. Con ellos no hay camelo, está la espontaneidad, lo natural. Si te tienen que decir algo te lo dicen. ¡Mirá la  carrera que hizo como técnico! Un tipo de una gran personalidad”.

   11. “Me ha pasado que padres que se estaban separando me vengan a ver para que hable con sus hijos, porque andaban medio bajoneados. Ese tipo de situaciones eran frecuentes”.

   12. “Lo mío es vocación. No usar el trabajo de formador para llegar a dirigir Primera. Puedo dar una mano de manera circunstancial, pero nunca fue mi meta estar con los grandes. A mí siempre me gustó la docencia”.

   13. “En esto hay que tener mucha dedicación, mucha paciencia. En las prácticas, que suelo pararlas, hay que decirle al chico que haga un movimiento, pero a la vez explicarle por qué tiene que hacerlo. Por allí pienso que mi plus es el club, es Bella Vista”.

   14. “Recuerdo que a Tincho (Martín Ferreyra, hoy capitán de Olimpo) le decía ‘qué bueno que sos Tincho, vos sos el 6 más bueno que conozco’, como una forma de decirle que imponga más su gran físico, obviamente no pegando patadas. Mirá lo que es hoy. Tremendo jugador”.
  
   15. “Hay avances que están buenos en el fútbol, como en el aspecto nutricional. Pero en el fútbol tampoco hay demasiado misterio. A los chicos hay que darles la pelota. Y que jueguen. ¿Quién le habrá dicho a Maradona ‘esquivá esos conitos’? Al fútbol se aprende jugando al fútbol”.

   16. “Mi mujer me acompañó siempre. ¡Si habrá lavado pecheras! Y mis hijos jugaron siempre al fútbol. Hasta mi hija me salió jugadora de fútbol. Ya tengo 67 años y 35 trabajando de formador. Estoy pensando en que llega la hora de dejar. Es la realidad. Lejos quedó aquella época en que empecé a entrenar chicos en un placita a las 8 de la noche. Por eso hoy les digo que disfruten todo lo que les brinda Bella Vista en su predio".

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