EL PLANETA SUPERÓ LOS 150 MILLONES DE CASOS

Cinco bahienses, un virus, la segunda ola y la incertidumbre que sigue

2/5/2021 | 06:15 |

Experiencias en Chile, Estados Unidos, Alemania, Israel y Australia, mientras las vacunas combaten cada rebrote de COVID-19.

Fotos: gentileza

Por Mauro Giovannini

Twitter: @MGGiova

Mail: mgiovannini@lanueva.com

(Nota publicada en la edición impresa)

 

   Lejos de diciembre de 2019, cuando el Centro Chino para el Control y la Prevención de Enfermedades identificó que la “extraña neumonía de origen desconocido” se trataba de un nuevo coronavirus, el mundo lucha contra los rebrotes a fuerza de cuidados personales y vacunas.

   Lejos de nuestra ciudad, varios bahienses se hacen camino al andar dispersos en diferentes partes del planeta. Cada uno esconde una historia. Y comprueba, in situ, como conviven en otras latitudes con el —ahora si conocido— COVID-19.

   Las nuevas olas de la pandemia siguen golpeando con fuerza a Europa y América, mientras no dan tregua en Asia, donde India —el actual epicentro de la escalada mundial de contagios— superó en la semana los 200 mil muertos y Japón pide a su población quedarse en casa para evitar una situación dramática antes de los Juegos Olímpicos de Tokio.

   A poco más de mil kilómetros de Bahía, en la octava región de Chile, se encuentra Gabriel Langol.

   “Hace más de dos meses que acá, en Los Ángeles, estamos en fase 1. La población en general está cansada, hubo un aumento de casos y también se vieron muchas situaciones vinculadas a la salud mental. Se nota la falta de ánimo de la gente”, relató.

   “Esto era sabido y como participé en rehabilitación en salud mental conozco muchos ejemplos. Aparte, sé y me comentaron que faltan algunos medicamentos como los antidepresivos. Eso da cuenta y sirve de parámetro para saber cómo está hoy en día Chile”, amplió en diálogo con La Nueva.

   La ciudad donde vive el exfutbolista y su familia, conformada por su mujer y dos hijos varones, tiene alrededor de 130 mil habitantes.

   “Acá, desde que comenzó la vacunación, lamentablemente hubo mucho aumento de casos y conozco gente que sufrió efectos adversos, algunos graves y otros no tanto, aunque en definitiva son efectos indeseados”, contó.

   Además, Gabriel señaló que allí “no hay mucha claridad” en cuanto a los test de PCR, con reiterados casos de “falsos negativos”, con la complejidad que ello significa.

   “Por eso, acá en la ciudad desde hace unas semanas se comenzó a hacer una búsqueda activa; eso significa que en ciertos lugares, como una plaza o un parque, hacen PCR gratis”, detalló.

   Chile superó los ocho millones de vacunados contra el coronavirus y es el segundo país que más inoculó, solo superado por Israel.

   El país trasandino comenzó la vacunación masiva el 3 de febrero y hasta la fecha ha recibido cargamentos del producto chino Coronavac, el fármaco del laboratorio estadounidense Pfizer y recientemente el primero de la anglo-sueca AstraZeneca.

   Justamente, un bahiense se encuentra radicado en Israel desde septiembre.

   “Es una elección de vida y voy a un mundo nuevo en todos los sentidos; tengo una gran ilusión”, le había contado a este medio Nicolás Katz horas antes de partir hacia Eilat, una ciudad portuaria y turística del sur del país, a orillas del mar Rojo.

   “Cuando llegué y durante unos meses estuvimos bastante encerrados y sin hacer actividades. La segunda ola pegó acá un poco antes”, señaló en diálogo con De Palabra, por CNN Radio.

   “Pero desde que llegaron las vacunas cambió totalmente el panorama y desde hace una semana cancelaron la obligación de tener máscaras en los espacios públicos. Cambió la vida a partir de la vacuna”, sintetizó.

   Además, aquel país retomó por completo las clases presenciales esta semana.

   Israel ya cuenta con más del 60 % de su población vacunada (9 millones de habitantes) y ha registrado una reducción del 97 % de la curva de contagios desde enero pasado, gracias también a una cuarentena total que comenzó en diciembre y empezó a ser levantada gradualmente en febrero.

   Tras soportar 800 mil casos y al menos 6 mil muertes por COVID-19, el Gobierno anunció además que el país volverá a recibir turistas (vacunados) a partir de mayo.

   La vida es muy distinta en Berlín, donde se encuentran desde hace un mes Rocío Cerra y su novio.

   “Estamos viviendo en Alemania, venimos de Barcelona. Allá, la situación laboral estaba mala y nos tuvimos que mudar. Acá está absolutamente todo cerrado. Lo único que han abierto son algunos comercios en los que para ingresar tenés que sacar un turno y hacerte un test, un hisopado, que dura 24 horas y que se vende en los supermercados o en algunos puntos que te lo dan gratuito y tenés el resultado en 15 minutos”, sintetizó.

   Los teutones superaron las 80 mil muertes y los 3 millones de infectados en las últimas horas.

   “A nosotros, que trabajamos en la misma empresa, nos piden ese test para ir a trabajar. Yo estoy en Recursos Humanos, voy a la oficina dos veces por semana y el resto hago home office”, continuó la bahiense.

   “A diferencia de España acá no se usa el barbijo a no ser que sea un lugar muy turístico. Por ejemplo, yo vivo cerca de la Puerta de Brandeburgo y ahí si tenés que usarlo”, narró.

   En ese sentido, Rocío contó que se sacaron todos los tapabocas de tela de circulación y que el único admitido es el FFP2. “Si no tenés ese te multan, entonces para subirte al transporte público, por ejemplo, o para entrar a cualquier negocio, lo necesitás si o si”, indicó.

   “Ni siquiera podemos juntarnos con personas que vivan en otra casa al aire libre. El último fin de semana estuvimos en un parque con unos amigos, éramos cuatro personas y nos paró la policía, nos tomaron las identificaciones e hicieron un llamado para constatar los domicilios. Como no vivimos juntos nos pidieron que nos vayamos, que no podíamos compartir”, ejemplificó.

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   De todos modos, contó que en Alemania la vacuna contra el coronavirus es accesible y que el “problema” es que mucha gente no se quiere vacunar.

   “Yo tengo una enfermedad de riesgo y me dijeron que tengo que ir al médico, registrarme y que me iban a dar un turno para la vacunación. El problema acá, por lo que escuché, es que hay mucha gente contra las vacunas y no se presenta a inocularse”, dijo.

   También mencionó que “hay muchas marchas contra las medidas por la pandemia, día por medio”.

   Medios internacionales relataron que la policía de Berlín debió disolver con gases lacrimógenos una protesta de miles de personas contra las restricciones cerca del Parlamento, donde se votaba una ley que refuerza los poderes del Gobierno en materia sanitaria.

   Los uniformados usaron primero megáfonos para instar a los manifestantes a dispersarse y luego cargó sobre ellos con gases lacrimógenos ante su negativa a acatar la orden.

   El edificio del Reichstag, o del Parlamento, y la icónica Puerta de Brandeburgo, fueron acordonados.

   “En la primera ola no estaba acá —siguió Rocío—. Cuando se disparó todo estaba en Australia, después volví a Argentina en el peor momento, en marzo del año pasado, justo unos días antes de que se cierren las fronteras, y viajé a España en septiembre”.

   “El panorama es desalentador. Hay contagios y no sabemos dónde se producen porque está casi todo cerrado y no nos podemos juntar con nadie”, puntualizó.

   Cruzando el Atlántico se encuentra Matías Chaves y su esposa Anabella.

   “Llegamos a principios de febrero por motivos laborales de mi mujer, yo estoy esperando el permiso para poder trabajar”, comenzó el radicado en Logan, una ciudad de apenas 50 mil habitantes del condado de Cache, estado de Utah, en los Estados Unidos.

   “Estoy en una ciudad chica con una universidad que acapara casi toda la actividad; es lo más importante que hay”, señaló.

   Ambos ya se colocaron las dos dosis de la vacuna por lo que pueden vivir con tranquilidad, más allá de que en la zona reina la vieja normalidad.

   “Hasta marzo el Estado priorizó el personal de salud, la gente grande o con problemas preexistentes, maestros y demás esenciales. Y desde fines de marzo se abrió libremente para que cualquiera se pueda vacunar. El 21 de abril ya nos pusimos la segunda dosis”, contó.

   “Acá las normas se cumplen. Al principio cerraron las escuelas, pero fue por dos meses. El ciclo lectivo que comenzó en septiembre del año pasado arrancó normalmente y continúa sin problemas”, prosiguió.

   Matías sostuvo que, lógicamente, la situación distó y dista mucho de lo sucedido en Nueva York o Los Ángeles, por ejemplo, “donde sí estuvieron complicados”.

   “La realidad es que se tomaron prácticamente las mismas medidas en todo el país y es obligatorio el uso del barbijo en espacios públicos o cerrados, aunque la gente está mucho más distendida”, afirmó.

   “Acá no se sintieron agobiados porque Estados Unidos tuvo una política más liberal, así que lo transitaron sin problemas. La idiosincrasia es totalmente diferente, acá las normas se respetan a rajatabla entre otras cosas porque las penas son altísimas; económicas o de lo que sea. Son más correctos y por eso siempre respetaron las medidas contra el coronavirus, como el distanciamiento o el uso del barbijo. Están acostumbrados y fue algo más, nunca se sintieron encerrado”, describió.

   Chaves pasó la primera ola en Bahía Blanca, con otra realidad.

   “Las medidas no fueron tan duras como en Argentina, que paró la actividad. Se redujo, sí, se sintió en la economía, pero lo cotidiano no frenó. Es otro mundo. Acá todos tienen acceso a la tecnología o a internet y por eso no se pararon tanto las clases. La educación siempre fue esencial acá, pero es imposible comparar los dos países”, lamentó.

   También son accesibles las vacunas.

   “La otra realidad, muy diferente, es que acá la vacuna está al alcance de todos. Incluso, hay gente que opta por no vacunarse y prefiere esperar, sabiendo que si no lo hace hoy lo puede hacer dentro de unos meses porque la vacuna siempre va a estar disponible. Es otra mentalidad. En Argentina escasea y la gente se desespera y actúa de otra manera. Acá, el que no está vacunado es porque no quiere”, completó.

   Como buen bahiense y jugador de básquetbol, está ansioso por encontrar algún compañero para ir a tirar al aro. “Hay varias canchitas al aire libre”, indicó.

Australia halló la fórmula

   En la otra punta del planeta está Cinthia Debenedetto.

   “Acá se puede decir que no hay COVID”, sorprendió contando mientras viajaba de Central Coast, en Nueva Gales del Sur, hacia el norte de Australia.

   “El país está cerrado desde el año pasado y solo entran residentes con una cuarentena estricta en hoteles que ofrece el Gobierno”, mencionó.

   “El año pasado, cuando arrancó la pandemia, hubo casos pero no muchos. Ahí, cerraron las fronteras enseguida y en gran parte controlaron al virus. El rebrote se produjo en junio, aunque mayormente en Victoria. Entonces ahí lo que hicieron fue cerrar las fronteras entre Estados”, resumió.

   En Victoria, cuya capital es Melbourne, fueron estrictos.

   “En el área metropolitana, la gente solo podía moverse hasta 5 kilómetros de su casa. Pusieron muchísimo personal en el transporte y los lugares públicos a desinfectar. A todos los que trabajamos nos hicieron hisopados”, detalló.

   Cinthia aplicó en el programa Working Holiday, que también la llevó a Estados Unidos y por el cual estuvo cerca de viajar a Suecia. Se dedica a cosechar vegetales asiáticos en una granja hidropónica.

   “Hoy en día se puede viajar por todo el país sin problemas, aunque no van a abrir la frontera internacional por lo menos hasta el año que viene. Acá hay códigos QR con información por todos lados, si salta un caso te enterás enseguida”, dijo.

   Para tener una idea, las autoridades decretaron a principio de mes un confinamiento de tres días en la ciudad de Brisbane tras la aparición de siete casos de coronavirus, el mayor número registrado en todo el país en las últimas semanas.

   Australia, con 25 millones de habitantes, acumula “apenas” 29 mil casos y 900 muertos.

   Cada país es un mundo y bahienses hay por todos lados, con diferentes realidades frente al desarrollo de la pandemia.

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