Impensadas tensiones en otra semana difícil

14/3/2021 | 07:00 |

La columna semanal de Eugenio Paillet, corresponsal de La Nueva. en Casa Rosada.

Por
Eugenio Paillet

    El Gobierno no pudo evitar atravesar otra semana complicada. Las desprolijidades que rodearon la renuncia de Marcela Losardo, el mal dato de la inflación que no cede y compromete cualquier proyecto de reactivación, y el muy bajo nivel de vacunación que registra el país quedaron al tope de las que podrían considerarse malas noticias para el oficialismo. Justo cuando en el entorno del presidente claman por algo de calma que les permita encarar los dos programas claves que creen necesarios para avanzar hacia el objetivo político primario que es ganar las elecciones de octubre, un supuesto que varias consultoras de opinión han puesto en duda durante sus últimos trabajos. O al menos presentan números muy parejos respectos de las chances que a su vez se le adjudica a la oposición de Juntos por el Cambio.

   Conviene refrescar, aunque ya ha sido reflejado en estas páginas, al menos para entender aquellas preocupaciones oficiales, cuáles son esos pilares centrales sobre los que el Frente de Todos planea pararse para enfrentar lo que viene y coronar un triunfo en las legislativas que se realizarán dentro de seis meses.

   En primer lugar figura la necesidad de mejorar el tema de los niveles de vacunación y al mismo tiempo asegurar la provisión de vacunas contra el coronavirus. Ello ocurre mientras los propios números oficiales advierten que hasta ahora el Gobierno apenas logró vacunar al 0,8 % de la población cuando ya pasaron más de dos meses desde que se inició el programa. Y que poco menos de 372.000 personas, sobre un padrón sanitario de 27 millones de ciudadanos, ha conseguido la aplicación de la doble dosis que se requiere para lograr la inmunización. 

   Las dificultades de aprovisionamiento, ya se ha dicho, no son un problema solo atribuible al Gobierno. Pero se sabe que el presidente ha tenido un par de conversaciones en privado con la ministra de Salud, Carla Vizzotti, porque vería alguna desprolijidad o una inexplicable demora en el plan vacunatorio dado que apenas se han utilizado 1,2 millones de las 4 millones de dosis que logró conseguir el Gobierno hasta ahora. "¿Dónde están las vacunas?", habría llegado a preguntarle.

   En segundo lugar, queda más que claro que al Ejecutivo le hace falta que la economía repunte, y que la inflación baje sustancialmente, para completar parte de aquella estrategia. El 3,6 % de aumento en febrero y las proyecciones de algunos economistas, que prevén otro número por encima del 3 % para marzo, no ayudan. De hecho tiran por el piso el cálculo de Martín Guzmán incluido en el Presupuesto 2021 de una inflación del 29 % para todo el año.

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   Ese porcentaje, proyectado, se alcanzará en mayo o junio según algunos analistas, a menos que se produzca una drástica caída de la inflación a números cercanos al 1 % mensual, o incluso por debajo, de aquí a fin de año. Anualizada, tomando la última medición del Indec, la inflación en el país fue del 40,7 %. Complica de hecho cualquier proyecto, salvo la promesa de mayor obra pública que el presidente les viene haciendo a los gobernadores, -obviamente financiada con más emisión- para avanzar hacia la recuperación de la economía que se plantea.

   En este punto, la preocupación del presidente y sus colaboradores cercanos se suma a la encrucijada en la que parece encontrarse el ministro de Economía. Guzmán viene dando una batalla por ahora perdida contra el sector más duro del Frente de Todos, el que se referencia en el Instituto Patria, por su necesidad de reducir los subsidios a la electricidad y el transporte y aumentar considerablemente la tarifas para achicar el déficit fiscal y ponerse en línea con lo que reclama el FMI para firmar un nuevo acuerdo con el país. 

   “Si descongelamos las tarifas, perdemos las elecciones. No es una posibilidad en estudio”, buscó cortar en seco el debate un referente del cristinismo puro. Una alternativa que supondría desde la política y no desde la economía un nivel de  equilibrio entre un punto y otro que circulaba en los despachos en los últimos días sostiene que el Gobierno se quedará a mitad de camino entre ambos extremos. No habrá retoque en las tarifas hasta después de las elecciones. Y recién entonces se verá el nivel del aumento. Cristina se había plantado en un 9 %.

   Hubo un dato hacia el interior del Gobierno que no pasó desapercibido, directamente ligado con la salida de Losardo del gabinete tras declararse -según dijo Alberto- “agobiada” por la gestión. Ocurre que tal vez por primera vez en estos 15 meses de gestión saltaron algunas diferencias en el albertismo, entendido como el grupo más cercano al primer mandatario que reniega de cualquier otra jefatura, por las formas que envolvieron la renuncia de la ministra de Justicia. Cafiero, Vitobello, Biondi, Ibarra, Béliz, Meritello y Olmos, además de Losardo, constituyen el núcleo más duro del albertismo.

   Para alguno de ellos,  Losardo quedó “desolada” por las formas de su partida. No por el fondo de la cuestión, ya que ella misma entendió que era una de las ministras apuntadas como  “funcionarios que no funcionan” que mencionó Cristina en su carta de octubre pasado. Por lo que al día siguiente, cuentan ahora los memoriosos, lo llamó a su amigo y socio de toda la vida y le dijo que tenía la renuncia a su disposición.

    “No era lo que esperábamos”, completó el confidente. La saga habría puesto en duda otro dato que de algún modo inquieta a quienes creyeron que efectivamente la ministra era “intocable” y que acompañaría a Alberto hasta el final del mandato. Desde otro costado de ese grupo cerrado defienden a rajatabla la decisión del presidente y las formas que utilizó para anunciar la renuncia de su ministra más preciada. 

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