El funcionamiento de la ecoplanta de Cerri y el objetivo de generar más fuentes de trabajo

11/7/2020 | 06:45 |

La cooperativa Manos Argentinas quiere recuperar el turno vespertino. Su presidente invita a la comunidad a mirar el residuo con otros ojos: "El gran desafío es aprender a vivir con él y transformarlo en algo productivo".

Fotos: Rodrigo García-La Nueva. / Videos: Belén Uriarte

Por Belén Uriarte / buriarte@lanueva.com

 

   Rodrigo Boscardin, miembro y encargado del personal de la cooperativa de trabajo Manos Argentinas, contó en un breve recorrido cómo funciona la ecoplanta de Cerri, un sector amplio con espacios al aire libre y tres grandes galpones donde se realizan las tareas de reciclado y se genera abono para la venta o el canje.

   ¿Cómo es la actividad en cada uno de esos espacios?

   Ni bien se ingresa a la ecoplanta está el sector de seguridad y control de un lado, y las oficinas de administración del otro. En sentido recto, un camino de tierra conduce a un gran galpón y a la izquierda se observan contenedores y máquinas trabajando. Tal como explica Boscardin, es el sector donde se hace el lombricompuesto.

   —Es lo que todo el mundo conoce como tierra negra. Tiene un proceso: con todo lo que es orgánico (lo que es comida) se hacen camas, que se riegan y giran cada dos o tres días para evitar que se prendan fuego ya que eso levanta temperatura.

   Después de un lapso de entre 70 y 90 días, se pasan a un sector contiguo donde hay montañas de tierra con lombrices. Allí se deja el material durante 5 ó 6 meses y luego se lo lleva a la cinta que se introduce en el primer galpón, donde se procesa el material: adentro hay un tromel que va girando y saca lo que no sirve —pedacitos de vidrios, de ramas—; luego la tierra pasa por otra cinta que cae dentro del embudo y de ahí sale el abono que se comercializa o se utiliza para el ecocanje —por 30 botellas entregan 2 kilos de abono—. 

   Boscardin señala que todo lo que no sirve se coloca en un contenedor que luego es llevado con otros materiales rechazados al relleno sanitario. 

  —Casi un 95 % de las cosas que ingresan las procesamos y hacemos fardos que luego se venden —dice el trabajador mientras se dirige al segundo galpón, al que cataloga como "el corazón de la planta".

  En ese lugar se trata toda la mercadería inorgánica que llega, por ejemplo, de los puntos limpios. Se introduce en una cinta que ingresa al galpón, donde se realizan varias tareas: las bolsas y materiales que no sirven —e incluso pueden trabar la máquina— se descartan en tres bolsones ubicados al comienzo del proceso; arriba varias personas clasifican los reciclables como vidrio, cartón y papel, entre otros; y los tiran en las bocas correspondientes. Cada una de esas bocas se dirige a un bolsón. De esa manera, cada bolsón comienza a llenarse con un material determinado.

   —Si viene mucha cantidad se llenan enseguida. Hay una máquina que procesa lo que es el papel de segunda (de color), la prensa baja, aplasta y se hace el fardo. Y enfrente están las otras dos máquinas: una clasifica lo que es aluminio y lo introduce en un caño; la otra aplasta lo que no sirve y saca los fardos de rechazo.

   Saliendo de ese galpón hay un sector dividido por paredes y en cada una de esas divisiones se encuentran los fardos de los distintos materiales reciclados para ser vendidos. 

   El papel blanco, a diferencia de los otros materiales, no se enfarda: se deposita en bolsones y se vende de forma directa. El cartón, en cambio, se aplasta en grandes cantidades que permiten formar fardos de unos 300, 350 kilos. Lo mismo ocurre con las latas, aunque el pesaje de esos fardos es menor, de entre 150 y 200 kilos. Las botellas, por su parte, se clasifican por color y tipo.

   Regresando al camino principal, sobre un costado, se puede observar un tercer galpón. Ahí se procesan, trituran y lavan materiales como el plástico o el nylon, “todo lo que es más o menos duro”. Luego se escurren, se secan y quedan listos para ser comercializados.

 

Un compromiso con el trabajo y el ambiente

   Daniel Domínguez, presidente de la cooperativa Manos Argentinas —tiene un convenio por 4 años para trabajar en la ecoplanta—,  explica que en el anteproyecto presentado a las autoridades municipales hicieron hincapié en dos cuestiones: generar puestos de trabajo con residentes de Cerri y fomentar la participación ciudadana en el proceso de reciclaje.

   —Manos Argentinas invita a la comunidad a mirar con otros ojos al residuo para que la convivencia sea más armónica. Queremos reactivar la actividad de la ecoplanta para que la gente empiece a tomar contacto, podamos promocionar sus actividades y abrirle la puerta al empresario local. La idea es que podamos participar todos como individuos y que se vea de manera transparente el proceso. Al residuo lo generamos todos; el gran desafío a nivel comunitario es aprender a vivir con él y transformarlo en algo productivo.

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   Tal como destaca Domínguez, la ecoplanta tiene una capacidad mucho mayor por lo que, una vez que se normalice la actividad (disminuyó por la pandemia), se pretende incorporar más gente.

   —La idea es retomar el turno vespertino, porque en la medida que crezca el volumen de ingreso se va a necesitar más personal y se va a canalizar a través de la cooperativa. En su momento la ecoplanta llegó a tener arriba de 150 operarios. 

   El presidente dice que puede haber dos turnos de 8 horas ya que la planta está diseñada para trabajar con un mínimo de 45 a 50 operarios por turno, y en este momento están a menos de la mitad (unos 20) en un único turno.

  —El compromiso es incorporar gente residente de Cerri porque entendemos que sería muy armónico en la relación de la localidad con la ecoplanta. Además es toda una cuestión económica porque si un operario obtiene su dinero se beneficia el comerciante de acá y se empieza a activar el circuito. Nos comprometimos cuando se firmó el acuerdo a que el 80 % sea residente de Cerri.

   Manos Argentinas comenzó a trabajar hace 4 meses, por lo que no tuvo 15 días corridos de actividad normal debido a que el 19 de marzo el presidente Alberto Fernández decretó la cuarentena total. La ecoplanta quedó a la espera y retomó sus funciones cuando el Gobierno declaró la recolección de residuos como tarea esencial. Por proximidad con el rubro y siendo el reciclado un trabajo importante en la disminución de los desechos, la ecoplanta volvió a funcionar de manera paulatina ya que la cantidad de material es mucho menor.

   —La merma es un poco más del 70 %, yo calculo que anda cerca del 80 %. Más o menos las variables de economía son esas y el residuo no deja de ser la expresión final de la economía. 

   Actualmente unos 20 trabajadores —son más, pero algunos no están yendo por ser grupo de riesgo— realizan sus tareas de lunes a viernes, de 6 a 14 (los sábados solamente si hay mucha acumulación de material), con todos los elementos de protección requeridos por la actividad y la pandemia: guantes, barbijos, máscaras, protectores auditivos u ópticos según el sector, cascos y alcohol en gel. 

   Domínguez destaca que hasta el momento no hubo complicaciones sanitarias y se tomaron algunas medidas de prevención como los controles semanales de temperatura a sus trabajadores. Además, en conjunto con la delegación de Cerri determinaron una reducción del proceso en la parte de orgánicos ya que “el residuo viene de hogares que no conocemos, y el operario está en continuo contacto con las bolsas que llegan y su contenido".

   De acuerdo con el convenio firmado, el Municipio se encarga de la recolección del residuo y la cooperativa que trabaja en la ecoplanta —predio municipal— lleva a cabo el proceso, la administración y la comercialización del material reciclado. 

   —Las ventas pasan por la cooperativa, después hay un porcentaje que se reingresa a mantenimiento de la planta. Pero la cooperativa hace y maneja las ventas, y envía la rendición de cuentas —señala Matías Insausti, subsecretario de Gestión Ambiental del Municipio.

   Domínguez, en tanto, explica que hay tres posibles destinos en el camino del residuo.

   —Lo que no tiene capacidad de ser procesado y con determinadas características va al IPES, por ejemplo un lata de pintura; los materiales que tengan capacidad de ser procesados, separados y comercializados con valor agregado tendrían que ir a la ecoplanta; y al relleno debería ir el descarte.

   Por otra parte, indica que la planta tiene una capacidad de recuperación de unas 70 toneladas diarias: "Bahía Blanca genera aproximadamente 500 toneladas al día, por lo que el próximo objetivo de la institución es llegar al 10 % o 15 % de recuperación de la producción total de la ciudad para tener una actividad relevante. Actualmente, la tarea ronda el 3 %".

   Por último, Domínguez destaca que el año pasado el Municipio de Bahía Blanca fue declarado Municipio Cooperativo, y que tanto la ciudad de Bahía Blanca como la provincia de Buenos Aires tienen "una cantidad interesante de cooperativas".

 

El proyecto de Manos Argentinas

 

 

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