El reto de la fraternidad

3/4/2020 | 11:49 |

Nota de opinión escrita por Gabriela Stortoni* y publicada en Infobae.

Foto: Gaceta Médica

   La fraternidad es un concepto arraigado en la sociedad, en las relaciones humanas, parentales o no, que comparten ideales o fines y que se obligan moralmente al cuidado de la comunidad.

   Si pensamos en el ideario revolucionario francés que construyó la república, como aun hoy la conocemos, “Libertad, igualdad, fraternidad” fueron las bases del nuevo sistema. Las primeras tuvieron un lugar destacado y se reflejaron con mayor antonomasia en las leyes y normativas, mientras que la fraternidad fue relegada en la dogmática jurídica y política de la construcción democrática y republicana.

   No obstante, la bandera de la fraternidad fue la que iluminó la lucha de los movimientos obreros y fue la base de las políticas socialistas y anarquistas. Ahora bien, en el escenario global, adoptó un sesgo acotado, como un valor deseable, esperable pero no obligatorio y así dejó paulatinamente de formar parte de la discusión política. Es claro: se imponía una visión liberal e individualista.

   Ahora bien, los derechos denominados de la tercera generación, como por ejemplo el cuidado al medio ambiente, o los movimientos de sororidad del colectivo femenino, van a recuperar al principio de la fraternidad, como valor ínsito en el cumplimiento de la ley.

   También, frente a las crisis, reaparece, pero en una versión más acotada, a través del principio de solidaridad, que de alguna manera implica la vigencia del valor fraternidad en la asistencia a aquellos que están en una situación desvalida o de necesidad extrema.

   Pero el principio de fraternidad es algo más que la atención en la emergencia.

   Debe ser un valor básico de la vida en sociedad. Así lo expresa el Documento sobre la Fraternidad Humana por la Paz Mundial y la Convivencia Común, suscripto en ocasión del viaje del papa Francisco a los Emiratos Árabes, en abril del año pasado, donde Su Santidad y el Gran Imán destacan la importancia de la fraternidad en la comunión de hermanos, mas allá de los credos, para la vigencia efectiva de la justicia, la igualdad y la libertad de los pueblos.

   Por eso, se me ocurre que la COVID–19 nos pone frente al reto de internalizar en cada uno de nuestros actos el valor fraternidad como principio moral, pero también como obligación legal, ya que en un mundo globalizado e hipercomunicado no es posible entender la vigencia de nuestros derechos individuales, sin su correlato del cuidado del conjunto.

   Se me dirá, inmediatamente presumo e intuyo, que ese principio de la fraternidad está reñido con el sistema capitalista, con la concepción individualista de la vigencia de los derechos que ha fundado nuestro sistema constitucional y legal y que por ende no es aplicable.

   Otros pensarán que la cuestión no pasa por el valor de la fraternidad, sino por la vigencia efectiva del valor de la libertad, el cual entienden amenazado por la adopción de las medidas estatales ante la emergencia, calificándolas de autoritarias o inconstitucionales.

   Ahora bien, estas reflexiones -que esbozo sin más pretensión que llamar al debate– surgen a raíz de la actual situación en la República Argentina, azotada por el coronavirus, donde el Gobierno ha adoptado un rol preponderante en la lucha contra la pandemia, mediante medidas de protección extremas, ya sea de los ciudadanos, las actividades sanitarias, el desarrollo de la economía y la protección de los trabajadores y habitantes de la República Argentina, que ha sido aplaudidas tanto en el ámbito local como en el concierto internacional.

   No obstante, la crítica interna se empezó a escuchar en la eventual afectación de la libertad de empresa, por la restricción gubernamental a los despidos durante la cuarentena, medidas que se están adoptando, vale decir, en todo el globo.

   Casi simultáneamente, leí hace un par de días en el Financial Times, bajo el título “El virus pone a prueba el capitalismo responsable¨, un editorial interesante. En efecto, el texto plantea que las últimas crisis han puesto en jaque la reputación de las empresas. La del 2008 fue paradigmática en tal sentido: los bancos y empresarios fueron objeto de repudio, y perdieron por ello mucho dinero. Por eso, dice el artículo citado, el virus aparece como una oportunidad para rediseñar las relaciones entre el mundo empresario, el Estado y la sociedad, no solo para salir de la pandemia, sino para tener un sistema mas responsable de todos los actores del proceso.

   Los Estados están aplicando enormes sumas de dinero para apoyar a las empresas, y esto lleva a un rol más importante del Estado. Ahora bien, para que la intervención no se constituya en una norma, es necesario que las empresas actúen con reciprocidad. Esto nos debería conducir a un nuevo contrato social entre las empresas, el Gobierno y la sociedad británica… y sigue diciendo el artículo que las empresas no deberían considerar esto como una carga, sino una oportunidad para recuperar la confianza. Esto es recuperar la reputación perdida.

   Ante ello, algunas reflexiones, referidas a la situación en nuestro país:

1.- La pandemia vuelve a poner en escena al rol del Estado como garante del salvataje y recuperación del sistema de vida en la sociedad.

2.- La sociedad argentina, en su casi totalidad, está dando cumplimiento a las reglas impartidas, para reducir los efectos mortales de la pandemia y sostener las economías domésticas. La asistencia de un argentino a otro es también una muestra significativa de la fraternidad. Empatiza con el otro, se identifica y conforma un grupo de mutuo cuidado.

   Ahora bien, con estas medidas y algunas más mediáticas como el compromiso o gesto hacia la sociedad de reducción de los sueldos de los políticos, solamente, no alcanza. Porque una sociedad fraternal, en términos del documento papal, se conforma con todos. Y dentro de estos actores debemos sumar también al sector empresario.

   Por eso la idea de un nuevo contrato social, planteada desde un ámbito periodístico liberal, me pareció tan acertada. Y que sea la base de una nueva fraternidad responsable, mas aún.

   Diríamos en otras palabras que ello hace a la integridad de una empresa, que sea socialmente responsable y que cumpla con el cuidado de la sociedad en su conjunto (ya que esta sociedad es la que pretenda que sobreviva para dedicar sus bienes y servicios...). Un compromiso del cumplimiento normativo (o compliance) que se hace presente en las tragedias que suceden en Estados Unidos o en la misma Europa podemos apreciar.

   Siendo más precisa, el reto de la fraternidad no puede ser desoído.

   No es una mera obligación moral, no es solo una responsabilidad social empresaria éticamente recomendable. Es un deber legal. El CCy CN, en su artículo 1710, nos habla de un deber general de prevenir y no agravar el daño y va dirigido a todos y cada uno de los argentinos. En consecuencia, no obrará dando cumplimiento al deber de prevención la empresa que solo atienda al mantenimiento de su rentabilidad y en ese afán genere un daño grave a sus empleados, a sus proveedores o terceros. O a la sociedad en su conjunto que sigue pagando sus impuestos. Y es este un mero ejemplo. Podríamos ensayar miles.

   Por ello, es tiempo de fraternidad en nuestro país, y de desarrollar un nuevo pacto social que integre a todos los sectores, donde el rol de Estado sea el de ordenar las responsabilidades, arbitrar las medidas y comprometer a empresarios, sindicalistas, empleados y la sociedad civil en un nuevo contrato para poder tener un mañana.

   El reto no es sencillo, pero es obligatorio hacerlo. Si lo logramos, además de ser fraternales, tendremos justicia, libertad e igualdad. Incluso hasta habrá mercado.

   En definitiva, y lo que es más importante, habrá un futuro para todos. (Infobae)

 

*La autora es abogada por la UNLP, Master en Derecho Administrativo de la U. Austral y en Servicios Públicos por Carlos III, Madrid, España, Paris X, Nanterre, Francia y del Salvador, Bs As. Argentina. Becaria JICA en Transporte y Urbanismo (Japon) Profesora Universitaria y Escritora.

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