El adiós a otro gigante de sombra

15/2/2020 | 06:30 |

Extrajeron el árbol que cobijaba al consultorio del pediatra Fernández Campaña en calle Darregueira. Los vecinos esperan que pronto lo reemplacen.

Fotos: Google Maps y Pablo Presti-La Nueva

   Laura Gregorietti / lgregorietti@lanueva.com

   Los operarios comenzaron con su ingrata tarea a la mañana muy temprano y el rugido de la motosierra se extendió hasta cerca de las 16 del domingo.

   Así, entre “gallos y medianoche”, otro enorme y generoso fresno americano de unos estimados 30-40 años, terminó sus días en un contenedor en Darregueira al 100, donde supo tener su consultorio uno de los pediatras más conocidos de esta ciudad: el doctor Carlos Fernández Campaña.

   Los vecinos, que contemplaron atentos como trozaban este hermoso ejemplar, aseguraron que extrañarán su sombra.

   "Además del ruido ensordecedor que duró gran parte del día, sacaron un ejemplar con un follaje enorme y tupido, que parecía sano. Aunque yo lo que más ansío ahora es que lo reemplacen por un ejemplar no tan chico, porque acá nadie quiere poner un árbol, pero después todos se terminan peleando por un huequito de sombra para estacionar. Cada día entiendo menos a la gente”, se quejó Alfredo, vecino del lugar.

   En muchos sectores de la ciudad, el desdén de muchos frentistas por el arbolado urbano resulta equiparable al de las empresas constructoras -que evitan poner canteros en sus proyectos-  y de la misma Municipalidad, que en lugar de hacer podas responsables de los ejemplares de gran tamaño los talan al ras, condenándolos en su mayoría a una muerte segura.

   Quizá también, y si lo “creen conveniente”, terminan extrayendo el árbol completo, como pasó en varias cuadras de la misma calle.

   Unos metros más adelante de esta tala, una vecina denunció que uno de sus árboles se estaba inclinando de manera peligrosa, luego de que una noche varios vándalos “aburridos” decidieran prenderlo fuego.

   El personal de la Municipalidad extrajo ese ejemplar y “por las dudas”, también el de al lado: un árbol sano, joven, impecable. Pero cuando llegó la dueña de la casa ya no había nada por hacer, más que salir a comprar dos árboles nuevos y recomponer a duras penas el caos que habían generado en la vereda, que incluyó también un caño de agua roto.

   Será que los bahienses se encuentran condenados a vivir en una ciudad cementada y sedienta de sombra donde, tarde o temprano y citando a Eduardo Mallea, “todo verdor perecerá”.

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