Ya es un villero por adopción

Luis Sánchez: “No extraño estar adentro de una cancha porque lo disfruté mucho”

5/12/2020 | 06:05 |

El 16 de este mes se cumplirán 20 años de la despedida formal del delantero que llegó de Estación Quequén para quedar en la historia grande de Villa Mitre.

Fotos: Pablo Presti-La Nueva.

   Nunca es tarde para recordar los mejores momentos. A 20 años de su retiro, Luis Eduardo Sánchez tiene una memoria prodigiosa. Aquel centrodelantero que tocó el cielo con las manos con Estación Quequén, también supo ganarse el reconocimiento de Villa Mitre. Todavía perduran en las retinas de los hinchas tricolores los goles de “Paquillo”, aunque su último acto ya tenga más de dos décadas de historia.

   El 9 le contó a La Nueva como vive en la actualidad aquellos tiempos de gritos de gol, sin dejar de reconocer que ya es un bahiense más.

   --¿Todavía te seguís viendo adentro de la cancha?

   --La verdad que no. No extraño estar adentro de una cancha porque lo disfruté mucho. Sí, en cambio, me moviliza ver a Villa Mitre y ver tanta gente que lo acompaña. Y me gustaría estar adentro, pero no me puedo quejar porque uno ya tuvo su momento y guardo los mejores recuerdos de todo lo vivido.

   --En tantos años de carrera, ¿hay alguno más importante que otro?

   --Sinceramente, tengo tres recuerdos que me marcaron a fuego. Fue mucho tiempo adentro de una cancha. Siempre les cuento a mis amigos que cuando me voy a dormir, después de rezar todas las noches, que vivo acordándome de todo, pero esas tres imágenes me las voy a llevar para siempre.

   “Mi primer gran recuerdo es jugando para Estación Quequén una final de quinta división contra Club Del Valle. Me acuerdo que la ganamos y, cuando terminó el partido, salí a abrazar al DT Raúl Ugarte, quien es como mi segundo papá”. 

   “El segundo momento máximo es el gol del ascenso con Olimpo para Estación Quequén. Me acuerdo como si fuese hoy el recorrido del festejo porque fue buscar a mi Viejo (Francisco) y verle la cara entre tanta gente en el alambre. Fue una forma de expresar mi sentimiento; decirle gracias. Gritar un gol cara a cara con el Viejo no tiene precio y siempre se lo digo a los chicos”.

   “Y el restante, el gol del título para Villa Mitre en el '91. En el festejo, me tapé la cara porque creía que la gente se me venía encima. Increíble son esos recuerdos porque quedan para toda la vida y pasaron adentro de una cancha, lo que los hace aún más maravillosos”.

   --Contame de aquel primer formador, que se nota que te marcó.

   --Raúl pasaba con un jeep y nos llevaba  a jugar al fútbol. Nos cuidaba y nos educaba. No recuerdo una pelea en el entrenamiento. Se lo respetaba y se lo quería.

   --Hasta que llegó el tiempo de codearte con los más grandes.

   --Tuve la suerte de debutar a los 14 años y encontré un vestuario de futbolistas grandes, pero que nos hacían participar. Tuve esa escuela. Todos podíamos opinar y pasaba lo mismo más adelante cuando uno ya sentía que estaba en el lugar de los más grandes. Sinceramente, tenía cero miedo porque aquellos compañeros nos hacían sentir parte de todo.

   --Y vaya si surtió efecto. Lograron un ascenso histórico con Estación Quequén.

   --Tal cual. Ese equipo tenía una mística especial, un sentido de pertenencia muy fuerte. Muchos de los titulares eran del club, gente autóctona. Para conseguir un logro de esas características se tienen que dar muchas cosas, pero teníamos mucho más para dar porque sentíamos al club en la piel, el olor del vestuario, el pasto de la cancha, etcétera.

   --En Villa Mitre no naciste, pero dejaste un legado...

  --De Villa Mitre se nace, pero yo me hice. Soy hincha de Villa Mitre y se lo digo a los chicos de Estación Quequén. Sigo al club permanentemente y hasta se me han caído las lágrimas cuando el básquetbol, por ejemplo, logró cosas importantes.

   --Se te nota emocionado.

   --Es que Villa Mitre está en mi vida para siempre. Incluso, en estos últimos años, los dirigentes me dieron la posibilidad de participar en algún vestuario y les estoy eternamente agradecido.

   --De afuera, ¿añorás algún tiempo pasado?

   --La verdad que no. Siempre fui a la cancha y jamás sentí nostalgia. Extraño el vestuario porque lo disfrutaba y me reía mucho. Pero no extraño jugar, ya que fueron 21 años en Primera.

   --¿Te costó tomar la decisión del retiro?

   --La verdad que no. Siempre consideré un gusto jugar un Nacional B y a cierta edad uno tiene que dejar el lugar. Para uno ya está. No debe ser egoísta. Incluso, pregonábamos eso en el vestuario.

   “Fijate en que me pasó con Martín (por Carrillo) en el '99. Sin él no ascendíamos. Julio (por Román) lo puso a él y me sacó a mí. Y estaba bien que así sea”.

   --No todos lo entienden así. 

   --Pero si no formás un grupo, no creo que obtengas logros. En lo personal, considero que el día a día es fundamental. Cuando los jugadores se quieren encontrar para verse primero antes que entrenar no tiene precio. Las charlas, los mates, las anécdotas quedan para toda la vida. Y parea el rival se hace difícil porque nosotros sentíamos algo especial por el compañero.

   “Hubo grupos futbolísticos que tal vez no son fueron tan ricos en cuanto a la cuestión técnica, pero sí muy fuertes en lo espiritual y eso te permite soñar en grande”.

"Nunca tuve la idea de dirigir"

   --¿Nunca te picó el bichito de la dirección técnica?

   --Nunca tuve la idea de dirigir. Siempre dije que no iba a ser DT. No podía manejar el tema de sacar un jugador. Es Sinceramente, es muy difícil estar al frente de un grupo.

   --¿Y no tenés pensado aportar desde otro lugar?

   --Quiero hacer algo con los chicos de Villa Mitre. Creo que es el momento para que algunos buenos valores del club puedan empezar a emigrar. Los chicos tienen una real valía. Hay que hacer los contactos y que todo vaya de la mano. Creo a todos nos gustaría que Villa Mitre sea una escuela. Que primero sean buenas personas y después mucho mejor si nos va bien en lo deportivo.

   --Se nota que te sentís uno más.

   --Es que el jugador que se va de Villa Mitre lo recuerda para siempre y a mí me llena de orgullo. Sinceramente, me trataron como de la familia. Fijate que tuve algunos ofertas como para poder emigrar, pero no me iba a ir por un dinero más importante. Además, uno siempre trató de llegar a la gloria y creo que el ascenso a la B Nacional fue lo máximo. Esa camada se debía un logro como ese después de varios sinsabores.

   “Paquillo” también valoró el esfuerzo dirigencial de Villa Mitre.

   “Hablo mucho con Juan (La Rocca) y los dirigentes. Y, sinceramente, lo que están  haciendo es para aplaudir de pie. Respetaron la palabra con lo que difícil que es cumplirla en estos momentos. El jugador de Villa Mitre se sintió respaldado y se respetaron las dos partes. Por eso, el futbolista opta por quedarse en el club pese a una oferta superior. Como hincha, hoy contamos con buenos dirigentes y buenos jugadores”. 

   --¿Y con los futbolistas hablás?

   --Con el grupo tengo una gran relación porque demostraron ser muy buena gente. Se portan bien y no hay quejas. Hay jugadores como Formigo (Ramiro) o Zárate (Juan Pablo) que desecharon ofertas más valiosas con tal de quedarse en el club. Son chicos que viven de esto y esa actitud es más que respetable.

   --¿Les tenés fe para el ascenso?

   --Somos candidatos, pero hay que jugar. Estamos preparados para dar batalla. La ilusión la tenemos todos. Nadie garantiza nada, pero Villa Mitre está con las bases sólidas.

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   “Este es un momento institucional apropiado para bancar jugar en una categoría superior. Hay tipos que dejaron la vida y hasta han hipotecado sus casas, pero hoy estamos un paso adelante para poder jugar la B Nacional como infraestructura”.

Mano a mano con el 9 letal

   --Tu mejor partido. “Por la edad y por trascendencia del partido, el día del ascenso a la B Nacional contra Douglas en Tandil. Significó la gloria para Villa Mitre y forma parte de la historia”.

   --Tu peor partido. “En ese campeonato arrancamos de local contra Independiente Rivadavia de Mendoza y empecé a entrenar sobre el filo del torneo. Obberti  (Alfredo) me puso, pero jugué muy mal. Hasta me dio vergüenza”.

   --Tu principal virtud. “Creo que cuando me di cuenta que podía jugar más atrás, antes de recibir el balón ya sabía a quién se la iba a dar. Empecé a entender el juego y leía bien el partido. Mis compañeros sabían que yo se las iba a dar y en esos pocos segundos sacábamos una ventaja”.

   --Un defecto. “No cabeceaba bien y no aguantaba bien la pelota. No aprendí, no me preocupé por aprender y me confié en mi altura. Hice muy pocos goles de cabeza y podría haber marcado mucho más”.

   --El mejor gol que metiste. “El primero en Villa Mitre contra Liniers. Le metí un sombrero a Olea (Sergio) después de un pase de ‘Pelusa’ (por Mario Martínez) y definí por abajo al segundo palo de Echeverría (Adrián). Fue una muy buena presentación”.

   --El gol que más gritaste. “El gol del ’91 en cancha de Olimpo. Salimos campeones después de 45 años. Es un muy lindo recuerdo”.

   --El mejor gol que viste en vivo. “El de ‘Pelusa’ (Mario Martínez) a Sporting en la cancha de Rosario. Todo el equipo gritó el gol de frente al público de Villa Mitre en la tribuna visitante. Y todos aplaudían de pie”.

   --¿Cómo viviste el debut en Primera? “Muy nervioso. Tenía apenas 14 años y metí un gol contra un equipo de San Cayetano, Sportivo. Y la verdad que es imposible olvidarme”.

   --¿Qué amigos te dio el fútbol? “Fueron muchos. Es difícil dar nombres. Hay muchos ex compañeros que si nos necesitamos vamos a estar. Pasa que aquellos vestuarios fueron una gran familia. Me veo mucho con Pablo Gilardi, con ‘Pelusa’ (Mario Martínez) y con ‘Kuky’ Wentland (Gabriel) y, de hecho, tenemos una peña. También quiero como si fueran familia a los Amaya  (Fabricio y Ariel) y a Dani Paz, que de hecho lo es. Y de los más chicos, tengo un mimo para con Diego Trotta y Martín Carrillo. Por ellos dos siempre sentí un cariño muy especial”.

   --¿Cuál fue el compañero que más te sorprendió? “En Villa Mitre, Pablo Gilardi. Fue algo increíble. Creo que ni sabe lo que significó para todos nosotros. Y en Necochea, Sergio Mainardi y Miguel López. Con esos tres, era como ir a la escuela y que la maestra te enseñaran. Los tres fueron fundamentales en mi carrera, me dieron una gran mano y les tengo un gran respeto. Fueron enormes jugadores”.

   --¿Qué rival te hubiese gustado tener de compañero? “Lo dije siempre: Manuel Cheiles. Un exquisito, un gran jugador, un gran tipo, un gran rival y siempre sin mala intención. También disfruté mucho de afuera al ‘Negro’ López Rueda (Alejandro) y me hubiese gustado jugar con él”.

   --¿Hincha de? “Me hice hincha de Villa Mitre y no me pasó nunca con ningún equipo. A Estación Quequén le debo una gran parte de mi vida, con personas que me condujeron muy bien, pero lo de Villa Mitre es un gran cariño. Y en el fútbol grande, soy de Boca”.

   --¿Te hubiese gustado jugar en? “En la Liga del Sur, me hubiese gustado jugar en Rosario Puerto Belgrano. Y en la Liga de Necochea, en el otro club de Quequén: Defensores. Es un club que quiero mucho y en dónde tengo muchos amigos. Jugaba bien e incluso lo iba a ver”.

   --¿Quiénes son tus ídolos? “Un goleador de Necochea: Carlos Díaz. Me enamoré de Estación Quequén cuando iba con mi papá a verlo los domingos. Yo jugaba en Ministerio, que estaba en la B, y quería jugar en Estación por ese 9, que era terrible. Hoy hubiese jugado en el Manchester. También incluyo a Pablo Gilardi, Sergio “Teto” Mainardi y Miguel López. Tengo un encantamiento con ellos y tuve la suerte de verlos de adentro. Fue un privilegio sin pagar entradas.

   “En otro nivel, obviamente Diego (por Maradona). Y a Messi lo adoro; sinceramente, me conmueve”.

   --¿Cómo vivís el fútbol? “Con una gran pasión. La gente de Villa Mitre, por su sensibilidad y su sentimiento, me lo hizo sentir así. Creo que por eso muchos nos quedamos acá. Lo sigo viviendo como si fuese un hincha más. Tras 20 años del retiro, siempre fui a la cancha y es una forma de respetar al club que significó tanto para mí”.

   --Contame del grupo que se armó para seguir al tricolor. “Armé una especie de barra y le llamamos la banda de Caseros, con gente de la raíz de la villa. Vamos juntos a ese lado de  la cancha y armamos una amistad con Name y Yamil Takla, Luis Martínez, Fernando y Fran Ferreyra, Sebastián Cano, Fabio Dalberty, Paul Díaz, Gastón y Bruno. La pasamos muy bien y sellamos una amistad por culpa de Villa Mitre”.

   --¿Qué balance hacés de tu carrera? ¿Fue más o menos de lo esperado? “Es mucho más de lo que creí que me iba a pasar. A los 10 u 11 años tuve una charla con mi mamá y me preguntaba qué quería ser. Y yo siempre le decía que quería estudiar en el Colegio Industrial y jugar en la Primera de Estación Quequén. Y a los 14 años, me pasaron las dos cosas. Y todo lo que vino fue un regalo de Dios. Lo de Villa Mitre fue algo increíble; era algo que la vida me tenía guardado y el destino que me tenía preparado Dios. No tengo más que palabra de agradecimiento por todo lo que me dieron”.

   --¿Cuál fue la peor patada que te pegaron? “Cuando jugaba en el juvenil de Necochea, me pegaron una patada brava en Balcarce. Yo jugaba de 9, patas largas y era rápido. En Necochea les hice un pasar un mal momento a los centrales y en la revancha salieron de movida a pegarme una patada. Por suerte no me pegaron bien, pero la sentí. No me sacaron de la cancha y les convertí tres goles”.

   --En un asado, ¿a qué tres personajes invitarías? “Hernán Montenegro, Martín Ipucha, quien fue el primer villero que conocí cuando jugó al básquetbol en Rivadavia de Necochea, y al ‘Lobo’ Prusingue (Mario). Tuvimos el gran gusto que Hernán haya venido a comer con nosotros a la peña. Es un ídolo para todos nosotros y escucharlo es genial”.

   --Armá tu once ideal con todos los compañeros que tuviste y el DT. "Primero voy con Villa Mitre y con el equipo que jugué cuatro temporadas: “Fabricio Amaya; Guille Dindart (un compañero increíble), Diego Trotta, Coronel (Gustavo) y el crack de ‘Pelusa’ (Mario Martínez); Ochoa (Jorge), Wentland (Gabriel), que es mucho más importante de lo que muchos piensan y Pablo Gilardi; Dani Paz, Martín Carrillo y Ariel Amaya. Seguramente en el banco habría muchos más como el ‘Gege’ Boletta (Gerardo), el ‘Negro’ López (Osvaldo), Gastón Salas y Ale Hidalgo. También tuve la suerte de jugar con el ‘Corto’ Boggio (Alberto), el jugador más importante a nivel profesional que vino a jugar con una humildad notable. Le tengo un gran cariño y respeto”.

   “De Necochea: Ricardo Erasun; Esteban Modesto, Guille Didart, Fabián Mainardi, Alfredo López; mi hermano Jorge, con quien tuve la suerte de jugar acá y allá, Sergio Mainardi, Miguel López; y arriba tengo muchos: Pablo ‘Gualicho’ Dialeva, Ruly Granate, un 9 increíble, y Ricardo Guerrero. Y me quedan muchos afuera como ‘Chule’ Fernández, otro grande”.

   “Con respecto a los DTs elijo a Julio (Román), la bandera de Villa Mitre. Merece el reconocimiento eterno porque siempre agarró en momentos complicados y no se amilanó. Ojalá vuelva a trabajar en el club porque se lo merece. Es el más grande de todos en eso; un técnico ganador y positivo y nos llevó a ascender junto al ‘Cata’ (Osvaldo Azurmendi) y el resto del plantel. Y en Necochea, me quedó el ‘Gordo’ Ugarte, quien era como mi Viejo, y ‘Quito’ Ortiz, quien me bancó en las malas”.

   --¿Qué anécdota publicarías en un libro? “Tengo una terrible. Después del ascenso con Estación Quequén, me vinieron a buscar para hacer una prueba en el equipo B de Valencia. Estábamos en Mar del Plata y al otro día salíamos para España. Faltaba un papel de la Liga de Necochea y me mandaron a buscarlo. Y como en una de las charlas dijeron que había que esperar 15 días y yo escuché dos meses, dije que no me iba. Pensé que si no rendía en España no iba a poder jugar en Estación Quequén. Cuando estaba en Necochea le dije a mi papá que no iba y el empresario hasta el día de hoy me quiere matar. Me perdí de la posibilidad de haber conocido Europa, pero fue una locura de pibe”.

   --¿Tu mayor alegría? “El ascenso con Estación. Fue el lugar dónde uno nació; me abracé con mi papá y con gente conocida de toda la vida. Y después, el título del 91 con Villa Mitre. Mucho no entendíamos porque llevábamos 5 meses en el club, pero creo que no hubo otro momento en que gente tricolor estuviera tan feliz como ese día. Creo que hubiesen estado una semana festejando. Fue la alegría más grande que tuve”.

   --¿Tu mayor tristeza? “El descenso con Estación Quequén después de haberlo logrado con mucho esfuerzo el ascenso. No fue algo lindo ver a los abuelos llorar con sus nietos, al margen que le habíamos dado algo lindo a la ciudad. Y en Bahía, la pérdida de Gerardo Boletta fue algo muy triste”.

   --¿Cómo te ganas la vida hoy? “Hoy trabajo en PAMI. Disfruto de los abuelos y tratamos de estar cerca. Es una bendición. Les estoy agradecido a Alejandro Dichiara y Federico Susbielles, quienes me dieron la chance de poder tener una entrevista. Y creo que lo devuelvo con la integridad que tiene que tener ese trabajo porque se la jugaron por mí. Para mí un abuelo significa mucho porque en cada charla me parece que estoy con mi Viejo o con mi Vieja. Y a la tarde, trabajo en una empresa de servicios. Siempre estuve en la venta, algo que me gusta. Despunto el vicio y hago algo más”.

   --¿Cómo te llevas con la cuarentena? “Bien. Entendí lo que pasaba. Como somos esenciales, siempre fui a trabajar. Gracias a Dios nos hemos cuidado. Mi hija más chica tuvo Covid y estuvimos 14 días encerrados como debe ser. Y recién estamos saliendo un poco ahora, con los cuidados necesarios. Esperemos que el país vuelva a tener la libertad y la alegría que tenía. Y que no haya más muertos, por favor. Fue un año bastante feo, pero hemos puesto lo mejor en esto. Haber trabajado fue algo importante en un momento difícil. PAMI nos cobijó y los abuelos merecían que pusiéramos el hombro”.

   --¿Qué te gustaría hacer que todavía no hiciste? “En el club, me hubiese gustado trabajar en lo social. Conocer las preocupaciones y necesidades de los chicos. Me encanta que los pibes hagan las dos cosas, estudiar y practicar un deporte. Me gustaría que cada chico que se vaya del club, se vaya completo, protegido. Eso me pasó en Estación y en Villa Mitre. Y si tiene la posibilidad de emigrar, que esté preparado. También que el chico sea buena gente, fundamentalmente. Si eso pasa, no le va a costar llegar a un vestuario de Primera”.

   “Y por otro lado, de haber tenido un mejor pasar económico, me gustaría tener un merendero. Hubiese sido muy feliz. Hoy trabajo en lo social y me encanta. Conocí a los chicos de Don Orione y son como familia. Me hace muy feliz”.

 En familia

   “Hace 28 años que estamos casados con Karina (Paz). Me dio mis dos ojos, mi fuerza, mis ganas: mis dos hijas, Sabrina –psicóloga-- y Luisina (psicopedagoga). Son nenas maravillosas y todo lo bueno que me ha pasado se lo debo a Karina. Detrás de un deportista, de un futbolista, de un trabajador tiene que haber una gran mujer para que todo salga a medida. Ella siempre estuvo, sobre todo en los momentos difíciles. Es una bendición de Dios y también se lo debo a Villa Mitre”.

El perfil

--Nombre: Luis Eduardo Sánchez.

--Fecha y lugar de nacimiento: 17 de agosto de 1965, en Necochea.

--Grupo familiar. Es hijo de Francisco y Titi. Tiene un hermano: Jorge. Está casado con Karina Andrea Paz y es papá de Sabrina y Luisina.

La compu de "Cocho"

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