Cinco obras de arte perdidas en el tiempo y el espacio

1/9/2019 | 16:05 |

Pinturas, esculturas y edificios son parte de bienes que la ciudad ha tenido y que por distintas razones fue resignando en el tiempo.

Mario Minervino / mminervino@lanueva.com

 

Un Panorama gigante

En 1928 el arquitecto y pintor Augusto Ferrari pasó tres meses en Bahía Blanca dando forma a un Panorama --una gran pintura al óleo sobre tela-- que mostraba distintas escenas de la época fundacional de la ciudad.

El trabajo, de once metros de largo por tres de alto, fue montado dentro de un edificio circular especialmente diseñado por el artista para exhibir su trabajo.

Luego de estar un par de años en un terreno de avenida Colón y Vicente López, el conjunto fue trasladado --edificio y pintura-- al parque Independencia, donde estuvo hasta fines de la década del 50.

En un momento se lo retiró con la idea de restaurarlo. Nunca regresó al paseo, nunca más se supo de su existencia. El edificio que lo contenía fue demolido.

 

El fundador imaginado

El año del centenario de nuestra ciudad, 1928, la municipalidad contrató al pintor platense Juan Fonrouge para que realizara un cuadro del coronel Ramón Estomba, fundador. 

El artista debía primero conseguir un retrato que permitiera conocer los rasgos del fundador de nuestra ciudad. Eso (dijo) logró al reunirse con una sobrina nieta de Estomba que (dijo) tenía una pequeña pintura con ese rostro.

En abril llegó Fonrouge con una obra de su autoría que mostraba a Estomba con un traje militar de gala, en llamativa pose y seriedad militar.

Estomba, según Fonrouge, 1928

El cuadro estuvo unos días colgado en el Salón Blanco del palacio comunal hasta que un conocido crítico de arte dio un cachetazo a todos. El hombre aseveró que la pintura era una copia de una existente en un museo de Francia, una copia casi exacta de un desconocido mariscal galo.

Asumido el embuste, la pintura fue retira y enviada a un depósito comunal, donde permaneció varios años, Hasta que desapareció. Para siempre.

José Mortier, obra de Larivieri, 1833

 

El monumento menos querido

En noviembre de 1954 se comenzó la construcción de un singular arco de hormigón armado en una de las esquina de la plaza Rivadavia.

La obra fue aprobada por el intendente justicialista Norberto Arecco y además de marcar un acceso al paseo --el de Alsina y Chiclana-- incluía un pantalla donde se proyectarían propuestas publicitarias y noticias. Toda una novedad.

Se lo llamó Telereclam y fue una de las últimas obras de Arecco antes de entregar el cargo a Santiago Bergé Vila, intendente electo.

Cuando en septiembre de 1955 la autodenominada Revolución Libertadora quebró el sistema republicano, la construcción quedó en la mira de muchos.

Se lo llamó, despectivamente, monumento a la Alpargata, a la idiotez, a la nada y a la inutilidad. Parecía ser el símbolo por excelencia de las administraciones derrocadas.

En junio de 1961, obreros municipales provistos de martillos neumáticos lo borraron en pocas horas.

 

Robada con pulcritud

En 2004 el llamado de un vecino alertó a la municipalidad de un faltante. Desconocidos se habían llevado del parque de Mayo una estatua de mármol de Carrara, que mostraba a una mujer en grácil actitud, ubicada sobre un pedestal, que es lo único que había quedado.

Las investigaciones fueron inútiles. La obra estaba en el paseo desde hacía décadas, donada por el abogado MIguel López Francés, uno de los fundadores del Instituto Tecnológico del Sur.

Estuvo primero en uno de los acceso al parque, por calle Urquiza, hasta ser desplazada para dejar su lugar el busto del vencedor de la batalla de Caseros.

Luego pasar un tiempo arrumbada, fue colocada a pocos metros de la pista de atletismo de Estudiantes. De allí se la llevaron.

 

La Teresa, símbolo de la Alvear bahiense

Construido a principios del siglo XX por Teresa Caviglia, este pintoresco chalet de la avenida Alem al 200 lució su arquitectura durante casi 80 años, hasta su demolición, en 1981.

Fue acaso uno de los modelos por excelencia que comenzó a dibujar un paisaje urbano distinto en esta arteria que hasta fines del siglo XIX fue una calle de chacras hasta reconvertirse en "la Alvear bahiense", la calle donde caminar y mostrarse, el camino al parque de Mayo.

La Teresa, tal el nombre que la casa tenía grabado en su frente, fue vivienda familiar, luego sede de una entidad estatal, luego instituto médico y finalmente demolida.

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