Recta final: todos muestran (o esconden) sus cartas...

2/6/2019 | 06:30 |

La columna dominical de Eugenio Paillet, corresponsal de La Nueva. en Casa Rosada.

Archivo La Nueva.

Por
Eugenio Paillet

   Mauricio Macri y su mesa chica están obligados a atender sin respiro los vaivenes de su patio trasero. También se ven necesitados de espiar en los patios vecinos, en medio de un aquelarre de la política en la que imperan las intrigas, las traiciones reales o en ciernes, y los pechazos entre socios protagonizados por aquellos que a una hora pueden ser amigos y la hora siguiente convertirse en enemigos.

   Mientras de seguro el ciudadano de a pie que sufre a diario las consecuencias de la inflación, la suba del desempleo y la caída interanual de los salarios y de su poder adquisitivo mira azorado tal bochornosa hoguera de vanidades, los políticos juegan el juego que mejor saben y que más les gusta. En la recta final hacia la conformación de frentes (12 de junio) y de la presentación de listas (22 de junio), todos se han lanzado al frenesí de los armados electorales propios o ajenos sin que en ningún caso entreguen, salvo vaguedades, certezas sobre qué es lo que harán si les toca gobernar desde el 10 de diciembre.

   El Gobierno vive estas horas atrapado en su peor laberinto. Mauricio Macri no ha logrado pese a su énfasis, acallar las voces más internas que externas que insisten en plantearle la necesidad de una candidatura presidencial de María Eugenia Vidal. En el arranque de la semana debió ceder al reclamo de sus socios radicales para que abra la fórmula presidencial y además les otorgue algo más que mendrugos en materia de cargos y toma de decisiones.

   En el medio, aquella famosa encuesta del equipo de Jaime Duran Barba causó estragos en la mesa chica con una versión actualizada que llegó el jueves a los aposentos presidenciales. A esa altura la incertidumbre entre aquellos que han hecho del optimismo a ultranza un ejercicio diario, era casi total. De allí surgió el manotazo de ahogado de ofrecerle la vice a Juan Manuel Urtubey, basado en la estrategia de que si se profundiza la grieta algo del votante del peronismo federal podría volcarse al macrismo. Duró lo que un suspiro y se lo dijo el propio gobernador cuando lo recibió a Macri el jueves en Salta: "te agradezco pero la chance es cero".

   Conspicuos habitantes del peñismo no pueden entender que frente a indicios positivos del lado de la economía, y hasta de un par de encuestas nuevas, entre ellas la de Ricardo Rouvier que repone en la escena aquella alquimia dada por cierta e inmodificable después del triunfo de 2017, que después desbarrancó a la par de la crisis de confianza y el maldito dólar, que sostiene que Cristina Fernández y su delegado a presidente ganarán en primera vuelta, pero que perderán frente a Macri por dos o tres puntos en el balotaje de noviembre.

   "Nada alcanza" dicen perplejos en la Jefatura de Gabinete con papeles en la mano que se esmeran en mostrar: el dólar planchado durante un mes, la inflación que de a poco empieza a ceder y que según ellos rompería la barrera de los tres puntos en julio, a un mes de las PASO, y la recuperación del salario de un 4,7 % en abril según el INDEC, aunque en la medición interanual se anota una caída del 0,7 %. Hasta hubo festejos por el amplio paro del martes, porque sus mentores "tienen en promedio 70 % de imagen negativa". Todo vale en épocas de vacas flacas.

   Para corroborar el cuadro, es un hecho palpable que el macrismo pasó sin escalas de alentar la profundización de la grieta entre Cristina y Macri al "cuantos más frentes participen mejor" de los últimos análisis en campamentos duranbarbistas. Esa es la lectura que hacen luego de los pasos de saltimbanqui ensayados por Sergio Massa y de su inminente salto al cristinismo, cuando 48 horas antes había firmado un compromiso en Córdoba con sus socios de Alternativa Federal para jugar en ese espacio. O de la persistente negativa de Roberto Lavagna y su ego para plantear que el peronismo federal es un capítulo terminado y avanzar con su propia candidatura residencial a través de Consenso 19. Que por lo demás a estas alturas se duda de si contaría con la anuencia del socialismo santafecino o del GEN de Margarita Stolbizer.

   Creen que la oferta electoral de las PASO, que ya se ha dicho que no define nada pero "crea clima" de cara a la primera vuelta de octubre, podría dividirse en cuatro: Cambiemos, Unidad Ciudadana, Alternativa Federal y el espacio del exministro de Economía de Duhalde y Kirchner. "En esa dispersión, nosotros ganamos", sostienen convencidos los asesores del peñismo.

   Se suman a algunos análisis que el jueves por la noche le extendían el certificado de defunción al peronismo federal. Son los mismos que decían saber de la decisión de Lavagna de finalmente no competir y volverse a su casa de Belgrano. No parece.

   "El Gobierno hace la lectura que más le conviene, o apoya la grieta para alentar el miedo y disimular la decepción ciudadana, o ahora busca que todos participen", le descubren el juego cerca del senador Miguel Pichetto. El rionegrino jura que Massa respetará el acuerdo de cuatro puntos firmado el martes en Córdoba. Lo mismo asegura Urtubey. No deja de llamar la atención que en medio de esos enjuagues Schiaretti se vaya alegremente de vacaciones.

   En el massismo se desesperaban el jueves por relativizar el pase al cristinismo. La pregunta es si Graciela Camaño suscribirá sin chistar esa suerte de rendición incondicional. Alberto Fernández endulzó la oferta con una promesa de PASO contra el tigrense. En el Instituto Patria entregan dudas y le apuntan en todo caso a una oferta: encabezar la lista de diputados nacionales. "Cristina no es Alberto",  recuerdan odios pasados no zanjados..

Mustang Cloud - CMS para portales de noticias