Macri, y un regreso sin jardín de rosas

24/2/2019 | 06:30 |

La columna dominical de Eugenio Paillet, corresponsal de La Nueva. en Casa Rosada.

Archivo La Nueva.

Por
Eugenio Paillet

   Mauricio Macri no escapa a la media de los presidentes que lo han precedido desde el regreso de la democracia. Cada salida al extranjero suele estar edulcorada por los elogios de los mandatarios anfitriones, las promesas de mayores inversiones de los empresarios que lo esperan, y en general augurios de bienaventuranza para un país que desde hace treinta y seis años busca salir del estancamiento y la pobreza.

   El problema, como solía reflexionar con amarga sabiduría Raúl Alfonsín, está al regreso. Las mismas asignaturas y desafíos que quedaron disimulados durante unos días por esos cantos de sirena siguen presentes. Y en algunos casos potenciados, por mucho que la propaganda oficial -la de todos los gobiernos, el actual y los anteriores- intente minimizarlos o esconderlos tras las infaltables cortinas de humo.

   Hay media docena de problemas a los que el presidente Macri deberá ponerles toda su atención cuando se reintegre el lunes a la Casa Rosada, que es necesario enumerar. Y que ya no tienen solo que ver con la economía, o con los padecimientos cotidianos y agravados del ciudadano de a pie que, dicho al pasar, no es otro que aquel que no disimula su malhumor en las encuestas que hoy ponen por encima del 60 % la imagen negativa del presidente y que abren gruesos signos de interrogación sobre la posibilidad de que consiga la reelección, por la que ha reafirmado que está dispuesto a competir.

   Hay en esa agenda que le espera a Macri, además de remontar la cuesta de la economía de bolsillo, asignaturas de carácter político e institucional, que curiosamente y en términos a la importancia que ahora mismo adquieren, terminaron de saltar a las tapas de los diarios (vaya novedad) mientras se regodeaba con los elogios y promesas a su paso por la India, Vietnam y Emiratos Árabes Unidos.

   Para empezar, no es menos grave que el presidente haya afirmado desde Abu Dhabi que el fallo de la Corte Suprema que obliga al Ejecutivo a pagarle una deuda de 15 mil millones de pesos a la provincia de San Luis "afecta la gobernabilidad".

   De hecho, el gobierno reconoce que ese fallo, más el que saldría por el similar caso de Santa Fe, pero por treinta mil millones, ensombrece la meta del déficit cero comprometida con el FMI. Si bien Macri está obligado a guardar las formas mínimas, a sus costados miran con furia el fallo de la "mayoría automática peronista" del alto tribunal. Que es como identifican a los supremos Ricardo Lorenzetti, Horacio Rosatti y Juan Carlos Maqueda.

   Salta a la vista, en medio, el fracaso del macrismo y su plan maestro para lograr una Corte si no "amiga", al menos más "independiente". Hay quienes en un acto de mea culpa reconocen el fracaso de aquella jugada para nombrar a Rosatti y Carlos Rosenkrantz, y de la participación subterránea de operadores macristas en el "golpe" que desplazó a Lorenzetti de la presidencia. Rosenkrantz, ungido nuevo presidente con el apoyo de la Casa Rosada, es hoy un jugador solitario en la toma de decisiones de los supremos, mientras la oposición peronista, desde el cristinismo puro hasta Alternativa Federal, se regodea con el nuevo escenario.

   Macri se encontrará además con su propio patio trasero convulsionado por las peleas internas. El radicalismo se ha pintado la cara para exigirle a sus socios de Pro que la candidatura presidencial para octubre se dirima en las PASO de agosto. Nada menos. Y en esa embestida ya no figuran solo los díscolos de antes como Ricardo Alfonsín, Federico Storani o Enrique Nosiglia. Se sumaron el propio titular nacional del partido, Alfredo Cornejo, y en las últimas horas -lo que, cuentan, significó un mazazo para Macri- Ernesto Sanz.

    En su caso, para peor, en apoyo a la candidatura presidencial de Martín Lousteau, que aprovechó la invitación de Macri para subirse a la gira y dijo sin que le temblara la voz que el presidente "no tiene que tener miedo" de enfrentarlo en una interna, a la que claramente aspira. Macri ya viene de asumir su fracaso en Córdoba, donde Ramón Mestre desobedeció su pedido de evitar la interna con Mario Negri, el preferido de Marcos Peña, y lo enfrentará en la interna de marzo.

   Debe resolver, dato no menor, la cuasi rebelión del ministro radical Aguad, que no baja su candidato a la intendencia cordobesa, su yerno Rodrigo de Loredo, mientras Peña y compañía impulsan a Luis Juez. En Santa Fe quedaron secuelas por la orden directa al macrista Federico Angelini para que se baje y le limpie el camino al radical José Corral como candidato a gobernador. De paso evitan que se repita una posible nueva derrota como la de La Pampa a manos de Daniel Kroneberger que amargó a la mesa chica.

    Y por otra banda se viene Elisa Carrió, que desde Punta del Este lanzó rayos y centellas porque sus candidatos en Santa Fe fueron "echados" de las listas para facilitar el acuerdo con Corral. La convención nacional del radicalismo, probablemente en abril en Corrientes, adquiere tal magnitud que un correligionario se animó a pronosticar: "Si insisten en ningunearnos, ahí se puede romper Cambiemos...".

   El presidente deberá afrontar desde mañana otros desafíos, como la indomable inflación que se anticipa para febrero más alta que la de enero, pero también la crisis del ala económica por la política del BCRA y el dólar otra vez por encima de los $ 40. Y por fuera el peronismo, al que calificó de "poco serio", que otra vez juntó camisetas para voltearle el DNU sobre extinción de dominio.

   "Torazo en rodeo ajeno", lo definiría Alfonsín con su propia experiencia a cuestas...

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