Era un fantasma cívico

Pringles: la odisea de Samanta Gachen, quien logró votar por primera vez a los 30 años 

17/11/2019 | 06:30 |

La pringlense Samanta Gachen Rodríguez, viene realizando denuncias y reclamos institucionales desde los 18 años, porque no aparecía en los padrones. El pasado 27 de octubre consiguió emitir su sufragio por primera vez, justo en el día de su cumpleaños.

Samanta Gachen Rodríguez junto a su pareja, Martín Vidarte.

   Anahí González
   agonzalez@lanueva.com

   Como en uno de esos cuentos circulares de Jorge Luis Borges o de Julio Cortázar en que todo vuelve a comenzar justamente allí donde parecía terminar, en la vida de la pringlense Samanta Gachen Rodríguez, desde que tuvo edad para votar, en cada elección en el país, se repetió la misma historia. 

   “Desde que cumplí los 18, siempre quise votar. Me acercaba al padrón a revisar y nunca estaba. Me anotaba en padrones provisorios y desde los distintos partidos lo mandaban a la Junta Electoral. Igual no aparecía. Llamalo gestión Kirchner, gestión Macri, gestión Fernández, o gestiones anteriores”, dijo.

   Todo terminaba con un descargo en la comisaría y el posterior reclamo (por correo) a la Junta Electoral. También reclamó a través de páginas oficiales y los 0-800. Jamás le llegó una contestación, ni siquiera cuando cargó su partida de nacimiento.

   “Me preguntaba cómo puede ser que siendo monotributista, y estando visible para la AFIP, teniendo DNI y pasaporte al día no pudiera votar”, mencionó.

   “Hablé mil veces con computadoras antes de poder llegar a una persona. Me quedaba sin crédito a mitad del reclamo y retomaba al día siguiente”, dijo.   

   En cada elección, sin perder las ilusiones, volvía a poner su nombre en el buscador, o su DNI, y nada. Un fantasma institucional en el padrón. 

   Como no tenía escuela asignada, iba directo a la comisaría a hacer el descargo.

“Una vez, cuando hice el descargo en la comisaría me dijeron que era una NN, que me tomaban la declaración, pero que para la Junta Electoral yo no existía y por eso no iba a poder votar”.

   “Hice todos los reclamos pertinentes habidos y por haber, hasta pensé en afiliarme a un partido. Este año, llamé a la Junta Electoral de La Plata en mayo. Me adelanté a las PASO”, comentó.

   Del otro lado del teléfono, alguien le dijo “fue un error nuestro” y le advirtió que no iba a estar en los padrones hasta dos años más tarde. En las PASO, efectivamente, no pudo votar. Por eso, el 27 de octubre, no esperaba nada.  

  Esto anotó tras el último reclamo ante la Junta Electoral.

    “Me levanté como todas las mañanas para ir a la comisaría a hacer el descargo. Estaba desahuciada”, dijo.

   Se le dio por mirar el padrón, por sugerencia de su novio ¡y estaba!

   “¡Le conté a todo el mundo que, por fin, iba a poder votar!. Estaba emocionada, dijo.

   “Me apersoné a votar a la escuela y, la primera sorpresa fue no verme en el padrón físico, en el papel que se pega en la puerta. Me acerqué a la mesa, tampoco estaba. Mi número era el 351 y el padrón físico llegaba supuestamente hasta el 350”, contó.

   El último descargo que hizo en la comisaría.

   “Se me llenaron los ojos de lágrimas porque, para mí, iba a ser mi mejor regalo de cumpleaños: iba a poder votar. Iba a acordarme de este día toda mi vida”, señaló.

   Decepcionada, se fue a otra escuela, a la Nº 40, por sugerencia de las autoridades de mesa. Allí le contó de su situación a un candidato político, y luego a otros.

   “Le fui contando mi situación a los representantes de distintos partidos. Y fui a hacer el descargo. En la comisaría me atendieron bien pero pusieron mal mi número de documento en el reclamo”, dijo.

   Desde un canal de cable local, le hicieron una entrevista. Sammy contó lo que le pasaba y bromeó ante las cámaras: “¡El año que viene me hago candidata a intendenta a ver si salgo en los padrones!”.

   “¡Me daba una impotencia ver en las noticias que en España y en todos lados, los argentinos estaban votando! Y yo acá, nacida en este pueblo del interior de la provincia, sin poder votar”, comentó.

   Su novio Martín, mientras tanto, recorrió el resto de las instituciones educativas. Sammy fue a su casa a recibir a las visitas por su cumple.   

   “Él me vio mal. Por más que soy fuerte, la angustia estaba y tenía muchas ganas de llorar”, dijo.   

    A las cinco y media de la tarde, cuando estaba en su casa, en pantuflas, con quienes habían ido a saludarla, la llamó primero el suegro y después una amiga: “Te están buscando para que vayas a votar. Apareciste en los padrones”.

      Se puso las botas, se arregló un poco y la llevaron.

   “He hablado con varios intendentes de Pringles y evaluaba ir hasta La Plata, pero estudio, trabajo y tengo un hijo. Ni siquiera salgo de vacaciones, pero para mí era importantísimo poder votar”, expresó.

   Cuando llegó, a las corridas, a la Escuela Nº 1, porque ya estaban por cerrar las mesas, la gente la aplaudió. Le preguntaban “¿Vos sos Samanta?”. Ella desdramatizó con un chiste viejo: “¿En el cuarto oscuro va a estar la luz prendida?”. 

   Por la intervención de los distintos partidos políticos que vieron la situación como algo insólito, y fueron haciendo cadena, pudo resolver la situación y votar.

   Resultó ser que siempre había estado en el padrón físico de estas elecciones. Se lo mostraron y ahí estaba, justo en una última hoja, el papelito celeste, abrochado con un gancho. Antes no lo habían visto.

   Y por fin, pudo votar.

    “Salí re feliz con mi papelito. Lo voy a poner en un cuadro”.

   Sortear obstáculos

   “Soy de las que quería votar y de las que se mueven. Era mi derecho constitucional”,dijo.

   “Tocar distintas puertas sirvió para mí y para mi hermano. Él tampoco había podido votar, con 32 años, y en estas elecciones, apareció en el padrón. Supongo que evaluaron mi situación y resolvieron también la suya”, dijo.

   Samanta nació y creció en Pringles, tiene un hijo, Ayrton, de 10 años y está en pareja desde hace una década con Marín Vidarte. Estudia el tercer año de Abogacía en la Universidad Siglo XXI y tiene una empresa de informática y video seguridad con su pareja (Informática MS)

   “Ante el no, yo siempre voy por el sí. Acá tengo los resultados: pude votar”.

   Escollos legales

   A Samanta Gachen la crió su familia materna, de apellido Rodríguez. Su mamá falleció cuando ella tenía 4 años. Entonces, su abuela se hizo cargo de su crianza y de la de su hermano, dos años mayor. 

   Cuando su abuela falleció, cinco años después, su progenitor la quiso enviar a un Hogar, pero su tío Rodolfo Roberto Rodríguez, de 32 años, quien trabajaba como colocador de membranas, dio batalla para quedarse a cargo de ambos hermanos: “Dios no te da hijos, pero te da sobrinos”, dijo. Él nunca se casó.

    Muchos amigos se alejaron, pero otros, que son los que conserva hasta hoy, se quedaron. 

   Su tío también tenía una historia dura: a los 11 años tuvo que salir  atrabajar en la construcción porque perdió a su papá en un dudoso accidente de tránsito. Lo atropellaron en la calle justo cuando el hombre iba a presentar un cuaderno ante autoridades en el que delataba con pruebas una actitud deshonesta de un empleado municipal. Pero nunca llegó a destino. 

   Por estas razones, Samanta inició el cambio de apellido, en honor a su familia materna. Sin embargo, también para esto se encontró con escollos legales.

   “El trámite se dificulta porque para cambiar el apellido debés comprobar que existe una causa grave o comprobable. ¿Qué mejor causa comprobable que mi progenitor no me crió?”, opinó.

   “Por este tipo de cosas decidí estudiar abogacía”, dijo.

 

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