Abuso sexual infantil: “el silencio solo beneficia al agresor y a sus cómplices”

En primera persona

Abuso sexual infantil: “el silencio solo beneficia al agresor y a sus cómplices”

19/8/2018 | 08:00 |

Silvia Piceda y Sebastián Cuattromo fueron víctimas y ahora luchan juntos por los derechos de la infancia.

Abuso sexual infantil: “el silencio solo beneficia al agresor y a sus cómplices”

Fotos: Red Local de Violencia de Género

Por Claudio Rodríguez Kiser/crodriguez@lanueva.com

   “Desde que armamos este grupo tenemos como obligación y objetivo la visibilización pública del delito, porque consideramos que el silencio solo beneficia al agresor y a sus cómplices”.

   Desde hace 6 años, Silvia Piceda y Sebastián Cuattromo, ambos víctimas de abuso sexual infantil, decidieron poner en palabras su sufrimiento y convertirlo en ayuda al prójimo.

   De esa forma se conocieron y enamoraron. Decidieron unir sus vidas y también el esfuerzo para llevar adelante la ONG Los Adultxos por los Derechos de la Infancia.

   “Nuestro colectivo tiene dos patas: la visibilización pública permanente y el espacio de encuentro de nuestros pares, que nos permite todas las semanas compartir experiencias”, menciona Sebastián.

   “Queremos dejar una sociedad donde los derechos de la infancia sean un hecho. Nos gustaría que que cuando la gente vaya a votar se fije en qué plan tiene cada gobierno con respecto a la infancia. Eso garantizaría una sociedad más justa y libre”, agrega Silvia.

   Él tenía 13 años y cursaba el séptimo grado en el Colegio Marianista, cuando fue abusado por un docente de la institución, quien en 2102 fue condenado a 12 años de cárcel.

   “Me causó mucho dolor no poder hablar o pedir ayuda a los adultos que me rodeaban. Durante 10 años no lo pude hacer y fue un sentimiento amargo de vergüenza y autorecriminación, que es con lo que cargan las víctimas. No tuve adultos confiables a mi alrededor, ni un contexto o ámbito para compartir lo que me estaba pasando. Además, en el colegio imperaba la cultura machista, violenta y autoritaria”, recuerda.

   Admite que “sentí una gran necesidad de emprender un camino de reparación y justicia por lo que me había pasado. Esto me forjó una conciencia y un compromiso adulto, y hoy me llena de alegría y reconocimiento. Debemos hacernos cargo y ser adultos protectores de la infancia”.

   Ella, en tanto, sufrió ataques por parte de personas allegadas a su familia. Pudo pedir ayuda a sus padres, aunque “nunca se hizo nada, ni se habló del tema”.

   Ya en su adultez, se enteró que su marido había abusado de una hija que era fruto de una relación anterior.

   “En 2009 tuve que asumir que me había casado con un abusador y allí comenzó mi lucha. Trabajo muchos años en tema de adicciones y sabía que encontrando un grupo de ayuda sería muchísimo mejor. A nivel judicial nos pasó que se trataba de mostrar que el abuso sexual en la infancia no existía”, sostiene.

Según estadísticas de la Comunidad Europea, 1 de cada 5 niños o adolescentes fueron abusados en su infancia y 1 de cada 10 fue abusado por un familiar.

   Ambos señalan que las secuelas provocadas por este delito son múltiples.

   “Se sabe que en el índice de suicidios, muchos corresponden a personas que en su infancia fueron abusadas o maltratadas. Estos daños que hacemos visibles nosotros se dieron en ámbitos donde en la sociedad no se podía hablar, donde la víctima cargaba con la culpa y donde los agresores se manejan con total impunidad. Por eso es que si la sociedad cambia, las estadísticas van a ser totalmente diferentes”, dice Silvia.

   También coinciden en que la prevención es responsabilidad de los adultos, aunque también el Estado debe hacer su parte.

   “Hay que hacer realidad en todas las escuelas del país la Ley de Educación Sexual. Los chicos deben ser sujetos de derechos, deben sentir que pueden expresarse y estar rodeados de adultos confiables”, opina Sebastián.

   “Los adultos somos los únicos que podemos parar este desastre. Los jueces de Familia están obligados a defender a los niños, algo que rara vez hacen. De cada 10 personas, una fue abusada por alguien de su familia. También debemos proteger, vigilar y cuidar la infancia y, fundamentalmente, los agresores no deben tener permisos”, afirma Silvia.

Vivencias

   Sebastián recuerda un caso público para describir lo que sentía cuando no podía contar lo que estaba sufriendo.

   "Por aquel entonces en la sociedad y los medios de prensa estaba muy vigente el caso Héctor “Bambino” Veira. Se trataba de los abusos sexuales que el ex director técnico de fútbol cometió en perjuicio de un niño -en aquel momento-, por lo cual fue juzgado y condenado”.

   "Allí hubo un tratamiento sensacionalista, dando a conocer la identidad del chico víctima desde un primer momento. Siendo muy futbolero e hincha de San Lorenzo de Almagro me tocó escuchar canciones de adultos reivindicando a este personaje y burlándose del niño. Mi sensación era que la sociedad me iba a destruir si yo contaba lo que me estaba sucediendo”, agrega.

   Hoy, la realidad es otra.

   “No solo pude lograr el juicio y la condena penal de quien había sido mi abusador, sino que también logré que la institución afrontara su responsabilidad civil. Esto da esperanzas a las víctimas y a quienes están luchando contra este delito”.

   Silvia destaca una frase clave para luchar por los derechos del niño o adolescente.

   “Para criar a un chico hace falta una aldea. Es algo central, porque todos los adultos la conformamos. Es terrible que el futuro de la infancia sea un azar”.

Del dolor al amor

   Silvia y Sebastián se conocieron en 2012 transitando un camino de lucha y construcción colectiva.

   “Tuve la dicha de encontrarme con Silvia, que venía luchando desesperadamente por defender a su hija y también le daba un sentido social y colectivo a su experiencia. Llevaba años formando grupo con otras madres”, explica el hombre.

   “No solo creamos lo que hoy es la Asociación Civil Adultxs por los derechos de la Infancia, sino que además tuvimos la suerte de enamorarnos y de ser pareja en la vida y vivir en familia. Para mí fue un premio maravilloso tras tantos años de dolor y de búsqueda. El premio no podía ser mejor en todos los sentidos. Junto a ella y otras compañeras y compañeros creamos esta maravillosa organización”, agrega.

   Silvia también cuenta la forma en que el destino los juntó.

    “Un día una madre me dijo que había un muchacho que había logrado enjuiciar y condenar a su abusador. 'Tiene un modo de hablar parecido al tuyo, ¿Por qué no lo encontrás?', me dijo, y así nos conocimos”.

   “En 2009 tuve que asumir que había tenido una hija con un agresor, luego de que una hijastra me avisa que había sido abusada por él en la infancia. Allí comenzó mi horror”, recuerda.

Visita a la ciudad y la zona

   Sebastián contó que “la llegada a Bahía Blanca se dio en el marco del camino público y colectivo que Los Adultxs por los Derechos de la Infancia venimos transitando desde hace 6 años, que nos permite compartir nuestros testimonios de dolor, lucha y esperanza como sobrevivientes adultos del delito de abuso sexual en nuestras infancias y adolescencias y como adultos protectores de niños víctimas en el presente”.

   “Nuestra presencia pública y social sirve para dar cuenta de esta enorme injusticia y delito, que según estadísticas de la comunidad europea sufren uno de cada cinco niños y adolescentes”, expresó.

   Ambos compartieron sus testimonios y causa colectiva con los bahienses, tanto en el Centro Histórico Cultural como en el Departamento de Humanidades de la Universidad Nacional del Sur.

   “Fueron dos jornadas maravillosas, con diferentes generaciones y narraciones de personas que nos contaron sus historias. Agradecemos a la Red Local de Violencia de Género y a la Organización Creer Sí, que lleva adelante esa maravillosa persona que es Clelia Severini, como también el estudiante Nicolás Romero de la UNS”.

   “Esta gira fue más amplia, ya que también estuvimos en toda la comarca serrana y Coronel Pringles. Como nos pasa desde hace años, comprobamos la enorme masividad y transversabilidad de este delito, la gran necesidad de empezar a dar cuenta de esta injusticia y hacerse cargo, y la enorme esperanza de encontrarnos con muchísima gente con ganas de romper con la soledad, el aislamiento y los sentimientos de vergüenza y autorecriminación. Nos volvimos con más fuerza aún”, agregó.

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