Sobre el silencio

Sobre el silencio

31/12/2018 | 06:30 |

Sobre el silencio

Por
Miguel Angel Asad

Shakespeare le hace decir a Macbeth : “La vida es solo una sombra que camina, / un miserable actor que pasa su hora pavoneándose / y agitándose en la escena / y después ya no se le escucha / son cuentos contados por idiotas, llenos de ruido y de furia / que no significan nada...” Texto que apasionaba a Marx. Silencio del camposanto: “¡Dios! Qué solos se quedan los muertos”. O en el silencio de la comida atascada en la garganta de un reproche a destiempo hecha por el disconforme de siempre que espera sentarnos a la mesa para espetar una frase que lo pudre todo. Me impresiona el silencio del enamorado que recibe la bofetada de un “hasta aquí llegamos”. 

   He sentido el silencio del trabajador callando ante la imposición de un patrón inmisericorde. El silencio tiene elocuencia. Siempre admiré al amigo que se acerca al amigo y sabe que no hay palabras para decir ante el calvario desgraciado del otro: “Solo le hace saber que está, estando”. Nunca como en esos casos el silencio es la mejor definición “por la callada” de la amistad. Aún no me cierra el “accidente” del pobre médico que dicen que se bajó del auto a buscar una madera caída en el asfalto camino a Cerri y “se lo llevaron p’al silencio”. Pienso en el silencio de la Madre de Micaela. Pienso en el silencio de alcoba de la que “sola y triste se ha quedado en su pieza de soltera”. Pienso en el silencio de los padres y abuelos depositados y condenados en silencio a una vejez con “amnesia selectiva” pensando sin rencor en los sacrificios hechos para que estudiaran o para ayudarlos hasta con los últimos ahorros y ahora no vienen sino de pasada o compromiso, cuando vienen. Me “hace ruido” el silencio del “pordiosero” que ruega al ñudo “¡una ayuda por el amor de dios!”. 

   Volviendo al silencio de Dios. Ante un siglo en el que reina el conformismo y el desorden, el desarraigo y la destrucción -novedad mediante- de las costumbres: que son la segunda naturaleza humana. Siglo en que el “ídolo de la revolución permanente” se ha convertido en centro de atracción para los rebaños de esclavos teledirigidos. La casa, la patria, el templo, hasta “ayer”protegían al hombre contra el aislamiento en el espacio. Las costumbres, los ritos y las tradiciones lo elevaban por encima del poder destructor del tiempo. Hoy ha perdido el punto de referencia en un tiempo por el que corre cada vez mas de prisa sin saber adónde va. Francois Chauvin dice: “El hombre ya no trata de ganar en altura, sino en llevar la delantera. No de superarse, sino de no dejarse adelantar”... 

   Es el silencio del cambio indeterminado, sin principios y sin objeto. “Ni siquiera se acordará del bien perdido. Pierde lo esencial sin darse cuenta de que lo ha perdido”(Saint-Exupéry). Entonces surgen los versos de Machado: “Soledad y silencio del corazón sombrío / de barco sin naufragio y sin estrella”. “La prostitución a los ídolos del siglo se reviste del vocablo halagüeño de apertura al mundo, de humanitarismo. La deserción se disfraza de superación”... “Cuando los pueblos comienzan a tener dioses comunes”... “es signo de muerte para esos pueblos y para esos dioses”... “cuando muchos pueblos ponen en común sus nociones del bien y del mal, la distinción entre el bien y el mal desaparece: es la hora del silencio de Dios” (Dostoievsky). Gnosis pura y dura, que ni Plotino lo hubiera explicitado mejor. Por eso hoy pulula que “es la inteligencia del hombre la que ha creado a Dios: que cada uno se construye un dios a su medida y conveniencia. Es la versión moderna del becerro de oro”(Marina Torres).Ante esta realidad que le impone a Dios guardar silencio, el silencio humano más en boga es el “silencio chamelote” (tejido fuerte e impenetrable que impide ver o tomar conocimiento pleno). 

  El hombre sencillo entonces,ajeno a la hojarasca agnóstica, “desoye” como “silencio de defensa”. Dios no ha muerto. Sobran los escándalos de muchos de sus “sacerdotes o pastores pedófilos”. Esta debacle de sociedades iconoclastas de teocentrismo. Condenan al hombre al peor de los castigos: el silencio de Dios.Durán Barba se encargó de promocionar “el colectivo” contra los abusadores-cobertura mediática de ruidos sobreabundantes -con tal que nadie hablara que Gian Franco Macri -a la par- era sobreseido por las coimas pagadas por los peajes-más de 70 millones de dólares- y que rompiendo todos los códigos se apuró a “cargarle la romana” (calabresa en el caso) a Papa Franco. “Porca miseria”, diría el tío Vicenzo y el tío Antonio. Bueno. Ahí tienen piedras de silencio a más no poder. Tropiecen con las mismas de siempre si quieren. Pero no cascoteen el rancho de los humildes.

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