Lito Fruet: ese ídolo, tan humano

23/10/2018 | 09:49 |

Mario Minervino / mminervino@lanueva.com

Fruet fue alma y vida del Museo del Deporte de nuestra ciudad. Desde la Asociación de Amigos de esa entidad fue dando forma a un espacio que hoy tiene ganado un lugar y que seguramente nadie le quitará jamás.

Fue ese lugar el que me permitió conocerlo, tratarlo y tener la singular experiencia de compartir momentos con alguien que para mí tenía dimensión de ídolo, de leyenda.

En ese trato diario encontré a una persona extrovertida, amena, de buen carácter, abierta a la charla, a la sonrisa, a moverse como si no midiera lo que para cualquier bahiense significaba "Lito Fruet".

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He escrito algunas historias de su carrera deportiva, entusiasmado con las crónicas deportivas que destacaban de su garra, su temple, su esfuerzo. Su modesto metro 87 para jugar abajo del aro y hacerse dueño de todos los rebotes, su calidad e "Gran Capitán".

Cada vez que tenía oportunidad de encontrarlo, su saludo me cohibía, me llevaba unos minutos superar la barrera de estar frente a semejante referente deportivo. Después estaba el hombre. Con aquella fuerza de la cancha reconvertida en gestos, sonrisas, palabras y afecto.

Entre tantas historia, elijo aquella de su retiro del basquet, en 1972.

En cancha de Olimpo, una final por el título, frente a Estudiantes. Fruet ya estaba considerando su retiro. En ese partido le tocó convertir el último doble, el que le dio el triunfo al aurinegro, y cuando Estudiantes buscaba el empate él les robó esa pelota. Así se retiró: campeón, autor del doble ganador, dueño de la última bola. Pero además tuvo un gesto adicional: le pidió la casaca a Cabrera y se la colocó. "Me retiro con la camiseta del más grande", dijo.

Seguramente compañeros, amigos y entendidos del deporte hablarán de sus logros. Yo escribo desde un lugar más modesto. De la persona que lo admiró y lo quiso y que se sintió particularmente gratificado de sentirlo tan humano y accesible.

Si existen hechos que hacen más pobre a la ciudad, la partido da Lito es uno de esas. Posiblemente, con el el tiempo, descubriremos que su existencia la hizo mucho más rica.

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