¿Cómo elegir el mejor menú de activos para invertir?

3/9/2017 | 07:00 |

¿Cómo elegir el mejor menú de activos para invertir?. La inteligencia del bolsillo La Nueva. Bahía Blanca

Por
Rodrigo Alvarez

Rodrigo Alvarez / ralvarez@analyticaconsultora.com

   El ahorro tiene los objetivos más diversos. Desde mantener estable el nivel de vida ante fluctuaciones en los ingresos hasta cumplir los sueños más variados como cambiar el auto, reformar la casa o realizar ese viaje que tanto esperamos. Pero alcanzar el objetivo en el menor tiempo posible y bajo condiciones de riesgo controlado exige elegir el mejor menú de inversión.

   El problema es que los argentinos somos poco sofisticados ahorrando. Más de la mitad de los inversores minoristas compran dólares para proteger su capital y cuatro de cada diez recurren al plazo fijo. En tiempos de gran incertidumbre o elevada volatilidad macroeconómica las divisas puede ser una opción inteligente. De la misma forma que durante los noventa el rendimiento de un plazo fijo era imbatible –siempre y cuando no hayamos quedado encerrados en el corralito-. Lo cierto es que no hay buenos o malos activos, hay que entender sus atributos y el momento preciso en que conviene utilizarlos.

   En lo que va del año el dólar fue la inversión menos rentable dentro de una cartera que incluye acciones, bonos, fondos de inversión, lebacs y plazo fijos. De hecho en los últimos 8 meses la divisa subió alrededor 8%, mientras que la inflación rondó 14%. Un plazo fijo promedio en un banco privado le hubiera dejado al ahorrista un retorno de 12%, todavía por debajo de la inflación pero por encima del dólar. Si en cambio hubiera optado por invertir en lebacs (títulos de deuda del Banco Central) su ganancia ascendería a 17% y si hubiera seleccionado fondos de inversión en acciones podría haber obtenido retornos superiores a 50%. Dentro del menú también podríamos encontrar una propiedad o incluso reinvertir las ganancias. Por ejemplo un comerciante podría haber destinado sus excedentes a aumentar el stock de mercadería o un industrial podría incorporar una nueva máquina al proceso productivo.

   En síntesis, uno de los principales desafíos es conocer las ventajas y desventajas de cada alternativa. Veamos. ¿Invertir en mi negocio puede ser una buena opción? Lógicamente se trata de una actividad que conozco y si tomo la decisión es porque veo una oportunidad. Pero tengo que considerar que no estoy diversificando mis riesgos. Como diría la abuela “no estos poniendo los huevos en distintas canastas”. Supongamos que tengo una empresa que se dedica a dar servicios en la actividad petrolera en Neuquén y decido invertir todo mi capital y mis ahorros en este negocio. Si la actividad florece podría seguir obteniendo buenos dividendos, pero qué sucedería si el precio del petróleo se desploma. En este caso, no sólo mi fuente de ingreso principal se vería perjudicada sino también mi ahorro se vería comprometido. En otros términos, si a mi empresa le va mal no tengo una fuente de recursos alternativa que me permita compensar el bajón. En este contexto tal vez me tenga que desprender de activos y no pueda realizarlos en buenas condiciones, pues toda la industria está comprometida.

   Que ventaja tendría si hubiera colocado mis excedentes en un inmueble, por ejemplo. En este caso se trata de una actividad muy tradicional, conocida por todos, cuya fuente de retornos es fácil de entender (revaluación y renta) y se trata de un activo tangible. Aunque no todas son virtudes. En primer lugar, se trata de un activo con muy elevados costos de transacción (comisión de inmobiliaria, escribanía e impuestos) que sólo son amortizables en el mediano plazo. En segundo término, se necesita una base de ahorro significativa ya que la barrera de entrada tiende a ser muy alta. De hecho sólo uno de cada cinco ahorristas elige ladrillos. Por último, la liquidez de este activo tiende a ser baja. Se estima que la renta promedio neta de impuestos en la Argentina es inferior al 2% del valor de mercado y la velocidad de realización depende mucho del ciclo en el que se encuentre la economía. Siguiendo con el ejemplo anterior, si el empresario neuquino hubiese elegido comprar un departamento en su ciudad seguramente se encontraría en dificultades para venderlo y hacerse de la liquidez rápidamente.

   Seguramente estaría en una mejor situación si hubiera hecho un plazo fijo. Se trata de una inversión muy tradicional y relativamente líquida. Dependiendo del plazo de colocación es muy simple recuperar el capital invertido ante una necesidad de recursos. En este caso las desventajas son relativas a otras alternativas de inversión. En primer lugar las tasas suelen ser relativamente bajas para los inversores minoristas, exigen estar atentos respecto de las fechas de vencimiento y sólo se transforman en líquidas una vez transcurrido el plazo de colocación.

   El dólar en cambio es la alternativa más conservadora y líquida. Basta con ir a una casa de cambio o a un banco para transformarla en efectivo. Es además una alternativa con un bajo costo de entrada, ya que no se requiere grandes sumas de dinero para accede a la divisas y la comisión (entendida como la brecha entre el valor de compra y el de venta) tiende a ser baja. Su desventaja es que es que no me genera ningún tipo de renta, por lo que depende exclusivamente de la fluctuaciones del tipo de cambio. Claramente en un ciclo de crecimiento que tiende a una mayor estabilidad macroeconómica ahorrar en dólares puede ser poco lucrativo.

   En esta coyuntura una alternativa superadora al plazo fijo es la Lebac. Se trata de un título del Banco Central que ofrece varios puntos de rentabilidad por encima del rendimiento promedio de los bancos comerciales, con similares atributos de liquidez o incluso mejores si se accede a este activo a través de una sociedad de Bolsa que posibilite su negociación en el mercado secundario. De esta forma, y a diferencia del plazo fijo, el ahorrista puede hacerse de su inversión y el interés acumulado vendiendo el título antes del vencimiento.

   Los títulos públicos en dólares, a diferencia de la divisa, ofrecen un retorno (interés) que depende del plazo del mismo y la calidad crediticia del deudor, entre otros aspectos. Lógicamente se trata de un activo con mas riesgo que la divisa (ya que ante cambios en las condiciones de mercado el precio puede cambiar) pero de elevada liquidez. En este sentido también se destacan las acciones cuyas cotizaciones tienden a tener elevada volatilidad y expectativas de retorno muy elevado. Lógicamente, si bien tanto los títulos de deuda como las acciones tienen elevada liquidez, el horizonte recomendado de inversión es medio o largo. En nuestro ejemplo, el empresario petrolero podría asumir un riesgo moderado y colocar sus excedentes en bonos si espera no necesitar de ellos en el corto plazo.

   Por último existe una alternativa muy interesante aunque muy poco difundida en el inversor no profesional: los fondos comunes. Un Fondo Común de Inversión (FCI) es un patrimonio indiviso, formado por aportes de un grupo de inversores que tienen los mismos objetivos de rentabilidad y riesgo respecto de las inversiones que realizan. Estas inversiones son delegadas a un equipo de profesionales para su administración.

   Los FCI brindan a los pequeños y medianos ahorristas la posibilidad de potenciar en conjunto sus ahorros y actuar en el mercado de capitales, con el criterio y la profesionalidad con la que actúan los grandes inversores. Los FCI muestran ventajas con respecto a otras formas de inversión ya que son líquidos (la mayoría permite rescates efectivos en menos de 72 hs) y permiten alcanzar los objetivos más variados: desde cubrirse de una devaluación (utilizando fondos de renta en dólares) hasta obtener retornos en pesos similares a las lebacs pero con menores comisiones y costos administrativos.

   Incluso existen fondos que invierten en activos inmobiliarios, que ofrecen la posibilidad de posicionarse en ladrillos con montos comparativamente reducidos y mecanismos de control (por caso la Comisión Nacional de Valores) que los ubican varios escalones por encima de los famosos fideicomisos al costo. A pesar de la los atributos en la argentina invierten en bonos, acciones y FCI menos de 300 mil personas físicas.

   Afortunadamente la penetración de las Lebac como vehículo de ahorro dentro de la clase media está sembrando la curiosidad de los inversores por sofisticar su menú de preferencias. Ya sea para los que buscan proteger su capital, obtener una renta o expandir sus retornos la clave es entender que existe un mundo que vale la pena explorar más allá de las herramientas tradicionales.

Rodrigo Álvarez, flamante columnista

   Periódicamente, Rodrigo Álvarez dejará su opinión en “La Nueva.”.

   El flamante columnista es economista graduado con honores en la Universidad de Buenos Aires. Realizó un Máster en Finanzas en la Universidad Torcuato Di Tella y un posgrado en Finanzas Avanzadas en la UCA.

   Fue asesor en la Comisión de Finanzas de la Cámara de Diputados de la Nación y consultor del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Fue docente de Finanzas en la Universidad de Buenos Aires y de Evaluación de Proyectos de Inversión en la UADE.

   Es autor de numerosos artículos periodísticos, publicaciones y trabajos académicos. Hace 15 años que se especializa asesorar a Empresas. Es CEO de la consultora Analytica.

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