Muy poco tiempo

19/8/2017 | 20:32 | Descendidos de las cinco estrellas del crucero, siempre solemos quedarnos con ganas de estar más tiempo en las playas.

Por
David Roldán

Imposible resulta que uno encuentre aspectos negativos cuando realiza una excursión en un crucero.

Imposible porque está a bordo de un hotel cinco estrellas que mansamente nos va llevando por el mar, en busca de destinos que generalmente desconocemos.

Por supuesto que con todo el confort de naves que ya terminan siendo exóticas por la calidad y cantidad de servicios, a los que se agregan sorpresas día a día y hora a hora.

De ahí que siempre el consejo para el que nunca subió en esas verdaderas mansiones es que en algún momento lo haga.

Seguramente descenderá, al final del itinario, con la idea de repetir la experiencia, que siempre se renueva.

De todas formas, si uno tuviera que encontrar un defecto es que, amarrado cerca de la costa, a veces el destino próximo al que descendemos para conocer nos termina seduciendo tanto como estar en la propia nave.

Desde Buenos Aires a Brasil, ida y vuelta, hay varios puntos que son incomparables.

Uno de ellos es la isla de Guarujá, rodeada de aguas cristalinas y una playa como tantas de Brasil, pero que en ese momento parece la mejor.

Son unas horas, apenas, en las que podemos sentirnos en medio de un paraíso incomparable donde nos podremos adueñarnos del sol y de un aire marino muy suave.

Lo peor, lo que no le "perdonamos" al crucero es que, sin darnos cuenta, habrá de llegar el taxi para retornarnos a bordo.

Una pena...

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