Con el filo de la navaja

6/5/2017 | 19:40 |

Por
David Roldán

Ya decíamos, la semana pasada, que la particularidad del mercado público de Florianópolis nos permite encontrar lo que uno puede esperar y, también, lo inesperable.

En uno de los extremos de una de las galerías, Carlos, prolijamente vestido, con un impecable guardapolvos blanco, es el responsable de una peluquería, pero, también, de una barbería, especialidad, esta última, que ha ido desapareciendo en la medida en que los hombres tuvieron sus propias y modernas formas de hacer desaparecer el vello de su rostro.

Junto a un poblador de unos 65 años, sobre el sillón, se coloca los guantes descartables, el barbijo y comienza a mostrar su habilidad.

Recibí los Newsletters de La Nueva sin costo
Registrar

Trae de un recipiente un cobertor blanco y tapa la cara, dejando apenas un hueco para respirar.

Aplicado el vapor por unos minutos, despeja su escenario humano, afila la navaja y comienza a rasurarlo.

Lo hace con una tranquilidad y con movimientos lentos pero seguros que hasta nos permiten llegar a superar el temor de que ese filo extremo llegue a provocar una cortadura en un hombre a merced de otro.

Sin que medie diálogo, saca lo grueso de la barba para, después, abocarse a los detalles, hasta que en unos instantes más, ese rostro luce casi tan suave como el de un joven.

Uno poco de loción, un pago de 25 reales y un nuevo cliente que se va, para que Carlos comience a disfrutar de su café...

Mustang Cloud - CMS para portales de noticias