BAHIA COME Y TOMA

Maridar con el momento

13/11/2015 | 00:15 |

Por
Mariana Kiehr

La frase la dijo Julieta Quindimil , reconocida sommeliere de nuestra ciudad, en su reciente cata de vinos y maridajes Rompiendo Estructuras, y disparó un universo, “hay bebidas que no admiten mejor maridaje, que el momento”. Y quizás en esta reflexión puedan abrirse mil preguntas como: ¿qué bebidas elegimos para maridar o acompañar cada uno de nuestros momentos? O ¿es por hábito o por costumbre simplemente que tomamos lo que tomamos en cada momento de nuestra vida, o se esconde algo más?

Creo que en una especie de círculo vicioso, muchas veces buscamos potenciar o menguar una emoción a través de la bebida que ponemos para acompañarlo, y cuando la elección es libre y moderada, enviamos mensajes envasados continuamente al otro, no tanto en el gesto ordinario de compartir una bebida, sino sobre todo, en la elección de la misma.

Y así, quizás, tomamos mate cuando nos juntamos porque compartimos con el otro un vínculo común, porque en el ritual repetido incansablemente alguien da (el cebador), y alguien recibe, y es símbolo de comunión. Porque prácticamente obliga a ponerse cerca, al alcance del estire de la mano, para que este ritual fluya. Porque dura lo suficiente para que la charla se ponga buena, y permite una pausa para renovarse. Es difícil tomar mate con alguien con quien se está enojado. A lo mejor el mejor maridaje del mate sean las charlas, y tomar mate solo, sea para valientes.

Y en una de esas tomamos té cuando buscamos un alivio, que nuestro cuerpo se relaje y se entregue a las bondades ocultas de este brebaje milenario y nuestras emociones también. En un momento de soledad, o acompañados, pero cada uno con su taza. Si tomamos té para sanarnos, para calmarnos o por simple gusto, es probable que el té maride bien con los momentos donde nos conectamos con el alma.

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Al café recurrimos cuando buscamos energía, cuando la mañana se puso dura y no nos quiere dar tregua. Tomamos café cuando la charla se puso fuerte y hay que mantenerse atento, cuando hay que decir eso, que va a traer eso otro, o cuando simplemente hemos caído encantados por el aroma hechicero de una máquina de café.

El café marida bien con los momentos donde hace falta impulso.

¿Y el vino? Posiblemente tomamos vino cuando ardemos, cuando amamos, cuando le sumamos el goce al momento, cuando somos apasionados, cuando buscamos pasión. O tomamos vino para exponer, al igual que esta magnífica bebida, nuestros mejores secretos al abrirnos, tímidamente al principio, y al rato, en confianza, demostrando de qué estamos hechos. Acaso el vino maride perfecto con los momentos de placer.

En cambio cuando elegimos cerveza es cuando corre el abrazo y la palmada en el hombro. Probablemente tomamos cerveza cuando hermanamos, cuando el otro es uno y uno es el otro, ya que la cerveza invita a tomarla con ánimo, con fuerza y voluntad para alzar los grandes vasos. Tomamos cerveza y cantamos y hay música y ruido. Me parece que la cerveza marida en su esencia, con los momentos de unión.

Y si elegimos tomar agua es porque es vida, porque somos agua, porque la necesitamos, como creo que somos momentos, y buscar potenciarlos es una manera de ponerlos en valor, de recordarle al otro quién es para uno, de pedirle que se quede un rato más, o que se vaya rápido, o que se quede para siempre.

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