Coronel de Marina Tomás Espora

30/7/2009 | 09:00 | El 19 de septiembre de 1800, en la ciudad de Buenos Aires, en una enorme casona conocida como "Los Altos de Escalada", con frente actual a la Plaza de Mayo, nacía Tomás Domingo de los Dolores, nombres de su padre y madrina, para luego quedar en un lugar privilegiado de nuestra historia con el simplificado de Tomás Espora.


 El 19 de septiembre de 1800, en la ciudad de Buenos Aires, en una enorme casona conocida como "Los Altos de Escalada", con frente actual a la Plaza de Mayo, nacía Tomás Domingo de los Dolores, nombres de su padre y madrina, para luego quedar en un lugar privilegiado de nuestra historia con el simplificado de Tomás Espora.


 Domingo Espora, su padre, de origen genovés, de oficio ebanista, y su madre, Tomasa Ugarte, santafesina por más dato. Le tocaría a ese niño asociar su nombre a la existencia de cuatro repúblicas y a la grandeza del tiempo que vivió. Salido de la escuela, se hizo a la mar a aprender allí el servicio de ella y a consagrarse para siempre al de su Patria, que se hallaba entonces en la más desesperada lucha con el poder español.


 Lo encontramos ahora, con 15 años de edad, año 1815. No duda en alistarse en las naves que van a zarpar en crucero de corso por el Pacífico, "Halcón", "Constitución" y la histórica fragata "Hércules". La primera, al mando de Bouchard y de Brown, la última. Regresan a Buenos Aires luego de un año, a bordo de la fragata "Consecuencia", capturada en El Callao, luego llamada "La Argentina".


 Julio de 1817: embarca a bordo de la fragata "La Argentina", que comanda Bouchard. Previsto un periplo corsario para combatir los buques españoles, su comercio y sus posesiones Tomás Espora ocupa el cargo de pilotín y escribiente. Parten rumbo este, cabo de Buena Esperanza.


 En este inédito viaje, se suceden acciones en Madagascar, Manila, Hawaii. Se ocupó la fortaleza de Monterrey (California), enarbolando la bandera nuestra durante seis días. Atacaron San Blas, Acapulco, haciendo buenas presas de buques españoles. Arriban a Valparaíso, Chile, el 13 de junio de 1819, luego de dos años de navegación. Espora se convirtió en el primer oficial argentino en dar la vuelta al mundo en una nave con nuestro pabellón.


 Se alista, posteriormente, en la "Escuadra Libertadora" que se encargaría de trasladar al general San Martín y su ejército al Perú, con el cargo de segundo comandante de la fragata "Peruana", uno de los catorce transportes. El gobierno del Perú, en 1812 (tenía Espora 22 años), lo condecoró con el despacho de capitán de corbeta.


 Luego de diez años de heroicos servicios, regresan a Buenos Aires en los albores de la guerra con el imperio de Brasil. Lo incorporan a la escuadra que se está formando a las órdenes del almirante Brown, que le confía el mando de una de las cañoneras.


 Se inicia la guerra en 1826, participando Espora en 29 acciones navales. Es el reemplazante natural del gran almirante en el comando de la escuadra argentina, lo que sucede en dos oportunidades: cuando este debe alejarse por una herida de guerra y, luego, por dolencias físicas. Es sabido que Brown no era pródigo en brindar elogios; sin embargo, en los partes y comunicaciones, no deja de nombrar a Espora sin agregar los calificativos de "intrépido", "bravo", "benemérito".


 Su última acción en esta guerra se sucede en Punta Lara, al comando del bergantín "Uruguay", que formaba parte de la escuadra de Brown.


 Fue ascendido a coronel graduado el 10 de octubre de 1828. Tuvo el honor de recibir, en nombre de las autoridades, al general San Martín, que fuera su comandante durante la campaña libertadora, a su llegada al puerto de Buenos Aires, en 1829. Sabemos que San Martín, decepcionado por el estado de anarquía imperante entonces en su Patria, regresa a su destierro, donde terminaría sus días.


 Ocuparía Espora la capitanía de puerto de Buenos Aires en tres oportunidades: 1829, 1833 y 1835 y la jefatura de la escuadra, en los años 1833 y 1835.


 Malos vientos se sucederían. Convulsiones en la vida política del país le afectaron su honor, su bien ganada fama en el combate y su altura moral. Imputaciones calumniosas van afectando su salud. Se recluye en su quinta de Parque Patricios, hoy Museo Naval Espora. Su salud se debilita y torna a aislarse.


 Se agrava su estado, doblegado por tanta infamia. Pide confesor, se despide de los suyos y en las primeras horas de la tarde del 25 de julio de 1835, se apaga su vida.


 Brown, en el velatorio, apoyando sus manos en las del muerto, dijo: "Considero la espada de este valiente oficial una de las primeras de América; lástima que haya pertenecido a un país que no sabe valorar a sus héroes".


 El coronel de marina Tomás Espora, uno de los "Tres Valientes" de nuestra historia naval, junto a Guillermo Brown y Leonardo Rosales, merece, a los 174 años de su muerte, que los argentinos de hoy lo recordemos reconociendo sus cualidades como hombre e, igualmente, sus acciones como soldado de mar, para afirmar nuestra independencia.
José O. Veiga

Bahía Blanca



Distribuir la riqueza









 No hay otra forma de distribuir la riqueza en la población que elevar la remuneración de los empleados, que son el cien por ciento de la población económicamente activa. La remuneración debe cubrir las urgencias de vida, las espirituales, psíquicas y morales, y permitir que el empleado pueda ahorrar para su futuro y el de su grupo familiar. No hay otra alternativa.


 ¿Qué se hizo hasta ahora? El gobierno federal, después de la irracional devaluación de 2002, que empobreció a la población, destruyendo el poder adquisitivo salarial, en acuerdo político con la corporación sindical, impuso que los ajustes de remuneraciones debían ser establecidos compensando el proceso inflacionario con los falseados índices del INDEC, con lo que se mantuvo el nivel de empobrecimiento ciudadano.


 Sólo se pueden elevar las remuneraciones creando riqueza. Para hacerlo, se requieren inversiones privadas, que generen oportunidades de empleos elevando salarios, que se incremente la producción de bienes y servicios y que se exporte a un mercado mundial necesitado de nuestros productos.


 No es magia, es sentido común. El gobierno federal debe facilitar las inversiones privadas y destrabar las exportaciones y se producirá la natural distribución de la riqueza. La inversión privada se beneficia con la mejora y capacitación de los empleados, no con mantenerlos en la pobreza.
Marcelo Castro Corbat-segundarepublica@fibertel.com.ar
Buenos Aires


Cosas de pingüinos









 Corría el año 284 cuando asumió Diocleciano como emperador del imperio romano. Buscando devolverle el esplendor de otras épocas, dictó una serie de reformas, entre ellas, de carácter militar, monetarias; inclusive, decretó la persecución contra el cristianismo. Dividió el imperio en oriente y occidente, pero, además, impuso la genuflexión (cada persona que se presentase ante él debía arrodillarse, imponiendo su autoridad, acentuando la sumisión de la ocasional visita).


 Todo esto, junto con las invasiones, que ya no podía controlar (en varias ocasiones debió pagar tributo, para no ser invadida), aceleró la decadencia y posterior destrucción del imperio romano.


 En el año 2008, un pingüino, arrogándose ser del linaje de la especie real o emperador (habita en el continente antártico, llegando a medir 1,20 m de altura y pesa 35/40 kg) quiso poner de rodillas a quienes fecundan el campo argentino. Dado el tenor de sus discursos, su verborragia, incitando a la violencia, generó en nuestra sociedad una reacción, demostrando esta estar a las alturas de las circunstancias, siendo así como se lo hizo ver en las elecciones legislativas y aquel pingüino quedó más romo que los naturales de su Santa Cruz natal. Allí habitan, entre otros, pingüinos de penacho amarillo, por nombrar la especie más llamativa: pesan alrededor de 3 kilos y alcanzan unos 55 cm de altura.


 En estos tiempos que comienza una suerte de mirada hacia adentro, quiera Dios inspirar, iluminar a nuestra señora presidenta, para que la República Argentina no corra la misma suerte que le cupo al imperio romano.


 Observo con atención cuando la señora presidenta toma juramento y menciona a Dios y a los Santos Evangelios. Allí me pregunto por qué el contenido de esta expresión no podrá ser internalizada por todos los integrantes del equipo, dejando de ser tan sólo una mera expresión, para llevarla al campo de la realidad. La barca, inexorablemente, se hunde.


 Desde mi forma de pensar, se impone un golpe de timón, un cambio de paradigma, que la sitúe por un nuevo derrotero. Siempre con la democracia como ejemplo de país civilizado, como única forma de entender los vaivenes de la vida política.


 Con sabiduría, un poco más de humildad y menos soberbia, hablaríamos de salvación, ganaría el mismo gobierno y, por ende, toda la Nación Argentina. Su convocatoria a escuchar propuestas de distintos sectores es un buen síntoma.
Oscar Adolfo Orazi

Ingeniero White


Eva Perón: El personaje y la historia








 Los hombres juzgan los hechos/a través de la memoria,/que se convierte en historia/por decreto o por derecho,/por lo que hacen o han hecho./Pasión, interés, despecho,/suelen ser disparadores/de colosales errores/que, a veces, no encuentran techo./La envidia, siempre al acecho,/decreta que un hecho aislado/ya no sea analizado/por su propia trascendencia,/sino por las apetencias/del que se lo haya apropiado.


 Eva Perón ya es pasado/porque lo que de ella ha sido/ya sepultó en el olvido/sus problemas personales./De Eva Perón lo que vale/es lo que el pueblo ha sentido./Ante el hecho indiscutido/de su vigencia inmanente,/hay una Evita presente/que puede prescindir de ella,/porque quien sigue en la huella/no es Eva, sino la gente.


 Lo que digo se siente,/mirando un cielo estrellado,/donde una luz que ha viajado/millones de años sin pausa/no es del astro que fue causa/y hoy, tal vez, esté apagado./Pero algo que un día ha brillado,/por más vueltas que le demos,/tiene siempre dos extremos:/un emisor, hoy pasivo, y un receptor/que está vivo.../¡Viendo esa luz que ahora vemos!


 Igual que el agua y el remo,/son el ser y el personaje.../Como el viento en su pasaje,/que, sea cual sea su fuente,/por sus efectos se siente/modificando el paisaje. Evita fue un corto viaje/desde el montón a la cumbre,/luchando con la costumbre/cuyo final firma y sella./Eva transitó una huella/que hoy es de la muchedumbre./Cuando yo rindo homenaje/a Eva Perón, no hablo de ella,/ni vengo a plantear querella/a quien critica o la olvida,/yo no discuto su vida.../¡Canto la luz de una estrella!.


 No uso como bandera/y sea por lo que fuera/que la historia le atribuya,/ya ninguna cosa es suya,/pues pertenece a la gente,7porque aquí se hace evidente/que el pasado no está abierto,/ni es la única verdad./Y en esa arbitrariedad/que entre el bien y el mal se alterna,/sólo hay una cosa eterna,/sólo existe un hecho cierto:/la vigencia sempiterna/del silencio de los muertos.


 Lo que Eva Perón ha sido,/es del mundo y ya no es de ella,/no es bandera ni querella/ni es propiedad de un partido./Y por eso, hoy, conmovido:/¡Canto a la luz de una estrella!
Juan Carlos Alecsovich

Bahía Blanca










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