El último malón, según testigos presenciales
La madrugada del 19 de mayo de 1859 Bahía Blanca fue invadida por tres mil lanzas del cacique Calfucurá, en lo que significó el último gran malón.
Algunas horas antes el "Gallego" Mora había intentado en vano persuadir al coronel José Orquera, comandante del fuerte, sobre el movimiento de indios en las afueras de la ciudad. Juan Charlone, jefe de la Legión Italiana, sí le prestó atención y reforzó la guardia. Lo cierto es que cuando la oscuridad envolvía al pueblo, se desató el infierno.
Mientras algunos invasores incendiaban ranchos, otros volteaban la puerta del negocio de Iturra en la esquina de 19 de Mayo y Zelarrayán, haciéndose de abundante alcohol.
La rápida defensa hizo que el ataque comenzara a frenarse y los indios huyeron dejando 200 muertos. Orquera ordenó apilar los cadáveres de los invasores en la hoy plaza Rivadavia y los prendió fuego.
Al día siguiente, los vecinos pidieron el inmediato cese de un espectáculo "que la población no puede presenciar sin horror".
Los siguientes son algunos testimonios dejados por testigos presenciales y que sirven para aproximarse a uno de los hechos principales de los primeros años de la ciudad.
Lo que vio Braulio Guzmán (*)
"La invasión del '59 se llevó a cabo entre 3 y 4 de la mañana (...) El número era considerable. Venían armados de lanza y boleadoras, y entraban al pueblo por diversos puntos. Los que aparecían por el norte eran los más (...)
"Al llegar los indios donde existía una casa de negocio de propiedad de don Francisco Iturra --en la actual esquina de 19 de Mayo y Zelarrayán--, la que hicieron abrir e intentaron incendiar, fueron cargados por los guardias nacionales y la Legión Italiana que mandaba el intrépido coronel Charlone...
"El comandante Orquera se encerró con sus fuerzas en el Fuerte Argentino y no peleó, limitándose a una acción pasiva. Eso hizo desmerecer mucho al hombre... Puedo asegurarle sin temor a nada, que los héroes de aquella jornada memorable para Bahía Blanca, fueron los gringos y los Guardias Nacionales"
(*) Miembro de la Guardia Nacional.
El relato de Bernardo Mordeglia (*)
"Era una noche serena y sin viento, pero muy fría, cuando llegó la noticia, traída al pueblo por unos soldados y un señor Mora, de que se produciría una invasión de indios malones. Pero se le hizo poco caso (...) Eran las 5 de la mañana cuando el grito asesino de Calfucurá alentó a casi tres mil indios a que tomen el pueblo".
Tras mencionar que los indios saquearon el local de Iturra y se emborracharon, hecho que a su entender salvó a la ciudad, dijo Mordeglia que tras una heroica resistencia los atacantes decidieron retirarse.
"A las 9 de la noche, las indiadas estaban asando carne con cuero en el Saladillo, carne bárbaramente robada en Bahía Blanca. En el pueblo todo era luto, llanto, desolación y terror".
(*) Vecino.
El testimonio de Andrea Laborda de Mora (*)
"(...) Donde la lucha tomó proporciones de un verdadero encarnizamiento, fue en la esquina de las calles Zelarrayán y 19 de Mayo.
"Esa misma mañana y una vez tranquilizada la población, el comandante Orquera que se concretó a cuidar el fortín donde estábamos refugiados, ordenó se recogieran los cadáveres de los indios y los hizo amontonar en la hoy plaza Rivadavia. A medio día los toques del clarín anunciaban novedad y el vecindario acudió al cuartel. ¿Qué ocurría? Una gran fogata ardía en la plaza y sobre ella, los cadáveres indígenas ultimados por la furia de un jefe bárbaro".
(*) Esposa de quien diera aviso del malón.
Documento anónimo
Un documento inédito y anónimo rescatado por la doctora María Elena Ginóbili señala que "El diecinueve á (sic) las dos de la madrugada entraron los indios hasta la Plaza después de dejar sitiada la casa del Coronel Iturra (...)
"Calfucurá quedó á la retaguardia del pueblo con tres mil lanzas y mandó dos mil invasores de las tres armas al mando del Cacique de su mayor confianza que eran Antelef y el otro Guayquil y varios otros Caciques y caciquillos las tres armas eran flecha onda y lanza..."
Como dato interesante el documento señala que los "indios no hicieron más estragos o quemaron todo el pueblo y cautivaron fue por que creían que ya el pueblo era de ellos (...)"
El peor de los olvidos
ADRIAN LUCIANI
"La Nueva Provincia"
La invasión del 19 de mayo de 1859 fue, en opinión de varios historiadores, un malón político decidido por Cafulcurá para mostrar su poderío e instar a las autoridades a negociar con él aceptando sus términos.
Hoy, a 150 años, se desconoce qué cataclismo o desastre natural fue capaz de saturar los despachos oficiales como para obviar todo acto conmemorativo, aspecto que sólo fue salvado con breves alusiones en algunos medios de prensa.
Nada ni nadie desde el sector público, ya sea institucional, político o educativo, se ocupó del 19 de Mayo de 1859. Y, si alguien lo hizo, no tomó estado público de manera adecuada.
A simple vista parece que la falta de memoria resultó colectiva o bien, al tratarse de un hecho cuyas heridas aún no han sido convenientemente cerradas, muchos optaron por mirar para otro lado.
No se trata de tomar ese aniversario como un día propicio para festejos o celebraciones, cada cual seguramente tendrá su visión particular, pero sí para recordarlo como una fecha relevante en la vida bahiense.
En definitiva, si pudo olvidarse un hecho de semejante magnitud, cabría pensar que a lo largo de nuestro devenir histórico sucesivas generaciones han crecido y crecen dejando de lado cuestiones fundamentales, todas ellas indispensables para conocer, entender y amar el suelo que pisamos.