Bahía Blanca | Viernes, 06 de febrero

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Carmen de Patagones no olvida a sus hijos

Cerca de un millar de personas se congregó en la puerta de la Escuela Islas Malvinas, para dar inicio, cerca de las 20.15, de la denominada "marcha de la luz". La tarde no fue una más, en medio del frío y la tenue lluvia, hubo distintas sensaciones. Acompañados por familiares, amigos y allegados, se recordó ayer a las víctimas de aquel fatídico 28 de septiembre de 2004, cuando "Junior", inexplicablemente, ejecutó a tres de sus compañeros de clases e hirió de gravedad a otros cinco.
Marisa y Tomás Ponce, padres de Federico, uno de los chicos fallecidos, encabezaron junto con otros familiares la marcha. (Néstor Malaspina-LNP)


 CARMEN DE PATAGONES -- Cerca de un millar de personas se congregó en la puerta de la Escuela Islas Malvinas, para dar inicio, cerca de las 20.15, de la denominada "marcha de la luz".


 La tarde no fue una más, en medio del frío y la tenue lluvia, hubo distintas sensaciones. Acompañados por familiares, amigos y allegados, se recordó ayer a las víctimas de aquel fatídico 28 de septiembre de 2004, cuando "Junior", inexplicablemente, ejecutó a tres de sus compañeros de clases e hirió de gravedad a otros cinco.


 En la víspera, mientras el sol caía, la comunidad maragata, junto a vecinos de Viedma, se volcó a las calles para marchar en el primer aniversario de la masacre escolar que sacudió al país y al mundo.


 Sentido fue el homenaje desde el comienzo de la tarde, con el descubrimiento de un mural en la Escuela de Enseñanza Media Nº 2, Islas Malvinas, que continuó con una multitudinaria misa oficiada por el obispo de la ciudad de Viedma, Esteban Laxague, a quien acompañó el cura párroco Pedro Narambuena.


 A continuación, cerca de un millar de personas se centró en la puerta del establecimiento educacional para dar inicio a una nueva manifestación, centrada en el recuerdo, el pedido pacífico de justicia y bajo el lema de no olvidar.


 La marcha estuvo encabezada por Marisa y Tomás Ponce (padres de Federico, una de las víctimas fatales del hecho), junto a sus hijos Maximiliano y Gonzalo, y contó con la presencia de alumnos del 1º "B", padres y familiares de Evangelina Miranda y Sandra Núñez (las dos jóvenes asesinadas).


 También estuvieron presentes alumnos del colegio, allegados, ediles y altas autoridades locales y provinciales, como el intendente Ricardo Curetti y la subsecretaria de Educación bonaerense, Delia Méndez.


 Como hace un año, los feligreses comenzaron marchando por la calle San Lorenzo hasta su intersección con Comodoro Rivadavia, mientras una tenue llovizna acompañaba la manifestación, como adhesión a la tristeza que en la víspera vivió toda la comunidad local.


 Desde la arteria céntrica se dirigieron hacia la plaza 7 de Marzo, mientras a su paso la mayoría de los comercios de la calle Comodoro Rivadavia y sus perpendiculares cerraron sus puertas o apagaron las luces en señal de duelo, decretado por el Concejo Deliberante en la última sesión ordinaria.


 Seguidamente, tras el paso por la Parroquia Nuestra Señora del Carmen, tomaron por Olivera, para continuar hacia la ribera del río Negro por la calle Bynon.


 
Trágica mañana



 Hace un año, el hijo de un suboficial de la Prefectura Naval Argentina, conocido como "Junior", asistió armado a clases y, sin mediar palabras, mientras sus 29 compañeros se acomodaban en sus bancos, comenzó a disparar en varias direcciones.


 Así vació el cargador y dio muerte a Federico Ponce, Sandra Muñoz y Evangelina Miranda, en tanto que hirió a Nicolás Leonardi, Verónica Casasola, Rodrigo Torres, Pablo Saldías y Natalia Salomón.


 El hecho causó conmoción en nuestro país y alcanzó repercusión en todo el mundo.


 "Junior" fue trasladado a Bahía Blanca, a dependencias de la Prefectura, y fue indagado por la jueza de Menores, doctora Alicia Ramallo, quien luego lo derivó a un instituto de La Plata, donde actualmente se encuentra alojado, bajo responsabilidad del Estado.
El 13 de junio pasado, la magistrada cerró la causa y la envió al archivo.

El dolor de una abuela





 "No ha servido para nada". Así comenzó su relató Berta Meliqueo de Miranda, de 65 años, abuela de Evangelina, tras referirse al primer aniversario de la masacre escolar.
Sostuvo que "no he visto cambios" y agradeció a toda la gente que la acompañó en la marcha.
"Eso es lo más lindo. Son momentos difíciles y sin el apoyo de la gente no podemos hacer nada, no podemos continuar viviendo", expresó y, ante la pregunta de cómo enfrenta cada día, respondió: "Luchando, no me queda otra. Tengo otras dos nietas (de 15 y 19 años) y es muy difícil. Hay días en que las chicas están muy mal".
"Para luchar sola es difícil. Nunca me imaginé una cosa así, esto no podía pasar aquí, en esta población tranquila, pacífica", dijo.





 Consultada sobre si alguna autoridad escolar se le acercó, expresó: "No, de la escuela nadie", y seguidamente resaltó que lo único que quiere es "justicia".


 -- ¿Cree en la justicia?


 -- Hasta ahora no me han demostrado que exista. Tendría que haber, pero, sinceramente, cuesta creer que haya justicia, al menos terrenal.


 Reconoció el apoyo de la comunidad, "el acompañamiento, la buena voluntad, es lo que cuenta en estos momentos".


 "Un día triste, lo que lo hace más difícil. Es un día frío, lluvioso, pero la gente estuvo presente", manifestó y agregó que "lo único que pediría es que alguien actúe, que alguien se haga cargo, porque esto no puede quedar así", expresó.


 Para finalizar, la abuela de Evangelina no negó que parte de la responsabilidad recaiga "en el padre de 'Junior', por descuidar el arma, porque si tiene un arma en su casa, debe asumir su responsabilidad".


 No ocultó Meliqueo su rencor hacia el joven acusado y afirmó que "no le perdono por lo que hizo".

"Falló la escuela"




 María (45), vecina maragata que todos los días 28 de cada mes marcha junto a familiares y allegados a las víctimas, "con el único fin de acompañar en tanto dolor", manifestó a este diario su indignación, ya que "nadie ha hecho nada para revertir esta situación".


 "No tengo hijos, pero esta desgracia que pasó acá, no debía haber sucedido nunca. Falló el sistema, falló la escuela y, lo lamentable, es que las medidas que se han tomado son insignificantes ante semejante cuadro", indicó.


 La mujer, quien se desempeña como empleada de un comercio local, no pasó por alto el brusco cambio de clima que se vivió en la tarde de ayer en esta ciudad.


 "Pareciera que el cielo llora. Estaba muy lindo, con sol, cálido y de repente se nubló, vino el frío y la tarde se oscureció; hasta el tiempo acompaña nuestros sentimientos", expresó.

Un mural creado con mucho sentimiento




 La gris y fría tarde, que incluyó precipitaciones, sirvió de marco para descubrir ayer el mural que un grupo de jóvenes estudiantes de la Escuela Islas Malvinas realizó, con la orientación y supervisión de la artista platense Cristina Terzaghi y su marido Fernando, en memoria de las víctimas de la tragedia del 28 de septiembre de 2004.


 Fue el inicio de las actividades y contó con la participación de unas doscientas personas, que se congregaron en el ala izquierda de la Escuela de Enseñanza Media Nº 2, ubicada en San Lorenzo 169, escenario de la peor masacre escolar en nuestro país.


 Un alumno del establecimiento leyó una poesía (parte de la cual está reflejada en el mural) que señala textualmente: "Que las lluvias que te mojen sean suaves y cálidas, que el viento llegue del perfume de las flores, que los ríos te sean propicios y corran para el lado que quieras navegar. Que las nubes cubran el sol cuando estés solo en el desierto".


 "Que los desiertos se llenen de árboles cuando quieras atravesarlos, que encuentres esa plantas mágicas que guardan en su raíz el agua que te hace falta. Que el frío y la nieve lleguen cuando estés en una cueva tibia.


 "Que nunca te falte el fuego, que nunca te falte el agua, que nunca te falte el amor. Tal vez el fuego se pueda prender, tal vez el agua pueda caer del cielo. Si te hace falta el amor, no hay agua ni fuego que te alcance para seguir viviendo".


 A continuación, Susana Bayona, bibliotecaria del establecimiento, refirió que "el transcurrir de la vida de esta escuela nos convoca hoy aquí en un encuentro doloroso, en el que las palabras se quiebran, se escapan acongojadas y se diluyen entre el dolor y la piedad, la bronca y la tristeza, al evocar a quienes fueron víctimas directas de la imprevista e inexplicable tragedia".


 "A pesar de nuestro deseo, resulta muy difícil encontrar las palabras justas y significativas para rendirles nuestro tributo de profundo afecto, pero en este sentido homenaje, en una mezcla de angustia, impotencia y compasión, emergen con fuerza los rostros iluminados de Sandra (Núñez), Evangelina (Miranda) y Federico (Ponce)".


 En memoria de los tres estudiantes fallecidos se realizó un minuto de silencio y seguidamente la conductora del acto señaló: "Es este un homenaje doloroso, extremadamente insospechado para todos nosotros, pero el recuerdo de ellos es el que nos debe ayudar a buscar el camino del reencuentro y de la superación de la angustia que nos atormenta".


 "Nuestro horizonte debe estar iluminado por el recuerdo afectuoso de Sandra, Evangelina y Federico, y guiado por un deseo de comprensión, de amor, de ayuda mutua y de búsqueda de soluciones allanadoras de las dificultades y de las diferencias. En ese deseo se ha elaborado un mural", que a continuación fue bendecido por el obispo de Viedma, Esteban Laxague.


 El religioso manifestó: "En este mural que centra nuestras miradas, vemos la generosidad de nuestra naturaleza, tan pródiga también aquí en Patagones y junto a tantos signos que nos hacen ver la bondad, la generosidad de Dios, vemos el signo más grande expresado en esas manos, esos rostros que simbolizan a cada uno de nosotros".


 "En esta tarde, al bendecir este mural junto con estos jóvenes, queremos bendecir nuestras manos, nuestro corazón, para que siempre seamos constructores del amor, esta es nuestra vocación, nuestra grandeza", dijo.


 Tras pedirles a los presentes que levantaran sus manos "para que Dios transforme nuestras manos en constructores de una historia nueva", procedió a bendecir la obra que recuerda a las víctimas.


 
El aporte juvenil



 Algunos de los chicos que participaron en la creación del mural explicaron las técnicas y elementos que utilizaron.


 Mariela, del turno noche, detalló que "los dibujos se hicieron con un poco de lo que los chicos sentían, cada uno puso un poquito de lo que ellos querían dejar expresado", aclarando que trabajaron "con mucho afecto y humildad".


 Lázaro, por su parte, aclaró que "lo importante fue trabajar con los chicos y esto es el reflejo de los esfuerzos que se puede lograr entre todos".


 Luego de agradecer al equipo que los ayudó a hacer la obra, dijo que "todos pusieron algo, mucho o poco, pero pusieron algo. El significado es algo subjetivo de cada uno, es muy simbólico y tiene muchas cosas interesantes".


 Seguidamente se efectuó una suelta de globos blancos por Evangelina, Sandra y Federico, que fue acompañada por el aplauso de los presentes.


 Durante el emotivo abrazo no faltaron las pancartas con las fotografías de los chicos fallecidos.

"Es una carga muy grande que tengo"




 "Ahora el gabinete (psicológico) está trabajando, pero estamos a un año del hecho. Reconozco que la gente que está se preocupa y trabaja, porque no es sólo lo nuestro, hay otros chicos que tienen problemas, pero no podemos dejar pasar el tiempo".
Así se expresó Mónica de Casasola, madre de Cinthia, quien afirmó que "desde el área escolar es poco lo que se ha cambiado, se han venido pidiendo muchas cosas y no se han cumplido, todo es muy lento".



 "Los chicos deben ser escuchados, necesitan sentirse apoyados. Mi hija no quiere saber nada de psicólogos, es como que estás incrédula de todo", expresó.


 Si bien para Cinthia fue difícil regresar al colegio, donde tres de sus compañeros murieron y cinco --incluyéndola--, resultaron heridos, "no quiso abandonar y regresó para enfrentar la situación", dijo la mujer, quien resaltó: "Yo, dentro de todo, no tenía seguridad en otro colegio".


 Afirmó que "hoy (por ayer) es un día muy difícil, ya hace dos semanas atrás que mi hija viene con presión baja y descompensaciones, tiene sus momentos, ella tiene muchos miedos", pero aclaró que "está toda la familia apoyándola".


 "Yo no quería esto para mi hija, pero, bueno, es lo que le tocó y nos tocó pasar. De aquí, ahora en más, es una carga muy grande que tengo", señaló.


 Dijo que "los papás la seguimos peleando, quiero seguridad para mis hijos. Marchamos para que nos escuchen. Esta mañana (por ayer) fuimos al cementerio a saludar a los chicos, pasamos a ver a los padres de 'Fede' (por Federico Ponce, una de las víctimas fatales) y ahora estamos marchando para que esto no vuelva a ocurrir".


 "Pero la gente no nos acompaña, lo triste es que yo no provoqué esto, los chicos no provocaron esto, nosotros no tenemos las culpa", manifestó y, con un dejo de tristeza, confesó: "Me hubiese gustado tanto que hayan tratado a ese chico (por 'Junior'), porque esto no habría pasado; él dio señales y no lo escucharon, lo abandonaron".


 "Nos acusan de locos, pero seguimos por la seguridad de nuestros chicos y de los que están y los que van a seguir viviendo", finalizó.

Marcela Cisternas/Enviada especial

Javier Cambarieri/Agencia Carmen de Patagones