Bahía Blanca | Viernes, 12 de abril

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Diario de viaje, día 0: Espert, Scaloni y el groso de San Martín

Llegamos a Chile, sede de los XIX Juegos Panamericanos. Comienzan las historias...

Con el viaje de ida a Santiago de Chile comenzó una nueva aventura, siempre con la premisa de acompañar a los deportistas argentinos, y principalmente bahienses y de la región, en el más alto nivel competitivo.

En este caso, el margen será el continente americano. Ni más, ni menos.

Todo comenzó, para quien escribe, a las 8 de la mañana del jueves 19 de octubre.

Sky Team, de Austral, color gris, con dos asientos de cada lado del pasillo. Ese avión fue el primero del día, con destino a Capital Federal.

Ocupé el 20A, junto a la ventanilla, y asiento de por medio, regresó de Bahía Blanca el economista y político José Luis Espert, en pleno cierre de campaña.

Para regocijo propio y, estimo, de gran parte de los pasajeros, los encargados de dar la bienvenida y ofrecer las protocolares recomendaciones del vuelo fueron Lionel Scaloni, Pablo Aimar, Walter Samuel y Roberto Ayala.

Los integrantes del cuerpo técnico del seleccionado de fútbol, campeones del mundo, forman parte de este instructivo vital que tiene varios guiños a lo ocurrido el año pasado en Qatar. Ellos, entonces, reemplazaron a las azafatas, quienes evitaron así los típicos gestos ampulosos indicando salidas de emergencia, salvavidas y mascarillas de oxígeno.

Ese vuelo salió a horario y llegó también en el tiempo estipulado: menos de una hora en el aire.

En Aeroparque me crucé con un fotógrafo y dos voluntarios que tenían el mismo destino que yo. Uno de estos últimos estará prestando colaboración en tiro con arco y estaba informado sobre Florencia Leithold e Iván Nikolajuk, los representantes del Círculo Bahiense de arquería. Allá nos volveremos a ver.

Luego, sobre 13.45, hacia Chile sí me subí a un airbus con ploteo de Aerolíneas Argentinas.

Ese trayecto tuvo una etapa que puedo describir como imponente: la cordillera de Los Andes. Y es inevitable pensar, tratar de imaginar, cómo hizo San Martín y su Ejército, más de 200 años atrás, para atravesar semejante cordón por tierra. Realmente heroico.

Al margen, ese vuelo duró dos horas; mucho menos que lo que demoré desde el Aeropuerto Internacional Arturo Merino Benítez hasta el hotel, en el barrio Italia de Providencia.

El "taco", una exageración del embotellamiento en los modismos chilenos, demoró el traslado. Pero gracias a Juan, el chófer de uno de los vehículos oficiales de los Juegos, llegamos a destino. Ahora son ustedes los trasandinos.

Mañana será otra historia.