Bahía Blanca | Domingo, 26 de junio

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La mayoría de los casos de cáncer de cuello útero se puede prevenir

En un 93% es posible a través de la vacunación contra el virus VPH y los controles ginecológicos periódicos que detectan las lesiones precancerosas.

De las más de 150 variantes del VPH, las vacunas previenen la infección con las cepas 16 y 18 que son responsables del 70% de los casos de cuello de útero.

   El cáncer de cuello de útero es prevenible en el 93% de los casos a través de la vacunación contra el virus VPH y los controles ginecológicos periódicos que detectan las lesiones precancerosas, por lo cual está llamado a convertirse en la primera enfermedad oncológica en ser erradicada en la historia de la humanidad, según destacaron especialistas.

   De hecho, a eso se comprometieron en 2020 los 194 países que integran la Organización Mundial de la Salud (OMS) al adoptar la Estrategia Mundial para Acelerar la Eliminación del Cáncer del Cuello Uterino, que tiene como meta para 2050 reducir más del 40% de los nuevos casos y evitar 5 millones de muertes.

   En Argentina, el cáncer de útero registró 4.500 nuevos casos en 2018 y produjo 2.050 fallecimientos ese mismo año, según datos oficiales.

   “La particularidad de este cáncer es que es absolutamente evitable mediante la prevención primaria -la vacunación- y la secundaria -la visita al ginecólogo y la realización del Papanicolaou o el test del Virus de Papiloma Humano (VPH)-”, dijo el doctor en medicina y presidente de la Sociedad Argentina para el estudio del Papiloma Virus Humano, Silvio Tatti.

   En cambio, otros cánceres que afectan a las mujeres cisgénero, varones trans o personas no binarias, como el cáncer de mama, sólo puede ser objeto de prevención secundaria porque “lo podés detectar precozmente pero no evitar que aparezca”, afirmó la jefa del departamento de Oncología del Instituto Raffo, Valeria Cáceres.

   Según el Centro de Prevención y Control de Enfermedades de Estados Unidos, “hasta el 93% de los cánceres de cuello uterino se podrían prevenir con las pruebas de detección y la vacuna contra el VPH” por lo cual “ninguna mujer debería morir a causa de esta enfermedad”.

   “El cáncer del cuello de útero sería el primer cáncer erradicado, dadas estas características, y, para ello, será necesario hacer un esfuerzo básicamente en el ámbito de la salud”, agregó Tatti.

   A su turno, el coordinador del área psicosocial de la Liga Argentina de Lucha contra el Cáncer (Lalcec), Carlos Silva, aseguró que, “en el caso de las lesiones precancerosas, la curación es del 100%” siguiendo el tratamiento indicado” y señaló que incluso “el carcinoma in situ, es decir, el que no da metástasis, es curable con cirugía”.

   La buena noticia -indicó- es que “tiene una frecuencia cuatro veces mayor que el cáncer invasor”, más agresivo.

  La posibilidad de erradicar el cáncer de cuello de útero se debe al hecho de que en el 97% es consecuencia del VPH, un virus de transmisión sexual con el que el 80% de hombres y mujeres van a haber tenido contacto dos años después de haber iniciado las relaciones sexuales, pero “en la mayoría de los casos, el sistema inmune lo resuelve y el virus desaparece como apareció” sin producir un tumor, explicó Silva.

   “Menos del 3% de los casos de cáncer de útero se deben a otras causas que no sean la infección con el virus del papiloma humano, y, en los casos en que están ligados al VPH, este virus puede estar latente muchos años y en un momento en que la inmunidad disminuye, generar lesiones que, no diagnosticadas y tratadas a tiempo, derivan en cáncer de útero”, apuntó Cáceres.

   “Pero desde una lesión inicial, a veces pueden transcurrir hasta 10 años para que se desarrolle un carcinoma porque, primero, las células se inflaman, empiezan a crecer y generar lesiones que podés ver perfectamente a través de un PAP e identificar antes que se transformen en un tumor”, agregó.

   Los tres especialistas, por otro lado, aseguraron que ya está totalmente saldado el debate sobre la seguridad y eficacia de la vacuna en favor de ésta.

   “La toxicidad que pueden tener es muy baja y cuando medís costo/beneficio, no cabe duda que los efectos adversos son poco frecuentes frente a la frecuencia de enfermedades letales que consigue evitar”, dijo Silva.

   En la Argentina, la estrategia de vacunación consiste en una primera dosis para chicos y chicas de 11 años y una segunda dosis con un intervalo mínimo de seis meses, y su aplicación “es independiente de haber iniciado o no las relaciones sexuales” aunque “el momento óptimo de aplicación es antes del primer contacto sexual”, explicaron los profesionales.