Bahía Blanca | Miércoles, 29 de junio

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Una rusa en Bahía Blanca: "La gente tiene miedo de perder todo y de volver a las penurias de la URSS"

Oksana Zheleznova es rusa y se instaló hace 5 años en Bahía Blanca por el trabajo de su marido argentino. Su mamá vive en Kiev y ahora se encuentra escapando hacia la frontera. Desde el comienzo de la guerra duerme con el celular en la mano, temiendo escuchar las peores noticias.

Foto gentileza Yulia Korysheva

 

Laura Gregorietti

lgregorietti@lanueva.com

 

   Día 12 de combates. Rusia vuelve a bombardear los corredores humanitarios que prometió respetar.

   Son las 3 de la mañana en Bahía Blanca y ya es de mañana en Kiev. Un mensaje de mamá trae calma y alivio. En su huida hacia la frontera, cuenta que hicieron una parada estratégica en Leópolis para descansar y retomar fuerzas.

   Desde el comienzo de los bombardeos a Ucrania, las madrugadas se viven con mucha angustia y temor en el hogar de esta familia multicultural.

   Hoy, la madre de Oksana Zheleznova es una refugiada más que pasó a formar parte de una nueva catástrofe humanitaria sin sentido.

   "Le tuve que decir a mis hijos que su abuela 'babushka' se fue a visitar a unos amigos y no tiene Internet, por eso no pueden hablar con ella", dice.

   Mate amargo en mano, a más de 13 mil kilómetros de su país y con su marido trabajando en la Antártida, cuenta que la guerra duele y que no entiende tanta crueldad y destrucción.

Oksana Zheleznova. Foto  Karina Gonzalez 

   Nacida hace 34 años en la ciudad de Tula, a casi 200 kilómetros al sur de Moscú, Oksana solía pasar mucho tiempo con su abuela ucraniana, nacida en el pueblo Mala Zhmerinka, cerca de Vínnytsia, hoy en ruinas por los bombardeos.

   "Mi mamá estudió Matemática en la Universidad de Kiev, capital de Ucrania. En los años 80 fue una de las primeras programadoras de la Unión Soviética, algo muy avanzado para esa época en la que las máquinas eran del tamaño de una habitación y de donde salieron los algoritmos 0101 del código binario. Yo nací en el 87 en Rusia, pero a través de mi mamá y mi abuela viví todo ese folclor ucraniano, lleno de canciones y de cuentos de cómo era la vida en un pequeño pueblo ucraniano en los años 1950-70 del siglo pasado. Mis papás se divorciaron y mi mamá volvió a Kiev en el año 2005, la ciudad donde estaban sus amigos de la juventud y con uno de ellos, volvió a formar pareja", cuenta.

El mate amargo, un hábito que Oksana sumó a su vida diaria

   Pero, empezar de cero en un país que siempre dejó entrar a los rusos con apenas un DNI llamado "pasaporte interno" nunca fue un problema.

   "La ciudadanía no la cambió porque todos sus aportes de los años de trabajo están registrados en Rusia y no podía darse el lujo de perderlos para su jubilación. Además, en Rusia, si necesitás vender una propiedad y sos extranjero, con la venta del inmueble, por ley, hay que cederle el 33 % de la ganancia al Estado. Si bien ella habla los dos idiomas -el ucraniano no tan fluido, pero se maneja- nunca le cuestionaron el idioma ni la ciudadanía, ni cuando Rusia de manera tan cuestionable anexó a Crimea ni con la guerra de Donetsk y Lugansk. Siempre fue una rusa más, que trabajaba y vivía en Kiev".

 

La belleza de Kiev en lugares que se desconoce si siguen en pie

La plaza de Rusanivka

   -¿Qué objetivos persigue Rusia?

   - Los intereses del gobierno son todos políticos. Putin busca más poder y no quiere a Estados Unidos cerca con la OTAN. Crimea tiene un puerto estratégico, el de Sebastopol, que le da salida al Mar Negro y hay una base militar rusa importante que estaba alquilada a Ucrania y que Putin supongo vería como una amenaza interna. Durante años en Rusia estuvieron fomentando con la propaganda oficial que Crimea tenía que pertenecer a Rusia por cuestiones históricas. Y sobre Ucrania, Putin dice temer a los 'neonazis' ucranianos, cuando en realidad esos nacionalistas representan apenas el 4 por ciento de la población. Esos son los 'fascistas' que le dieron una de las excusas para iniciar la guerra. Yo siempre pensé también que eran sus ganas de reconstruir el imperio de la URSS porque parece estar fuera de la realidad este hombre, se cree con la obligación de salvar a la gente que habla ruso y que vive en Ucrania, ¿salvar de qué?. Ellos son soberanos, tienen su idioma, su himno, su bandera, su territorio, si hacen una manifestación anti Rusia en Ucrania, es tema de ellos, es su país y son libres, viven en democracia, nadie tiene que meterse".

Oksana y su marido, en uno de los miradores de los montes de Kiev

La Catedral de Santa Sofía, patrimonio de la Unesco

La Plaza de la Independencia Maidán Nezalezhnosti, en Kiev

   - ¿Quién es en realidad Vladimir Putin?

   - Básicamente un dictador que está frente al gobierno hace ya más de 20 años, entre los cargos de presidente y de primer Ministro. Subió al poder cuando yo tenía 13 años. Por un cambio en los programas de educación entré a estudiar Marketing en la Universidad de Economía de Plejánov, en Moscú, a los 16 y él seguía ahí. Terminé mis estudios a los 21 y Putin continuaba en el poder. Ya en 2011 las multas por protestar contra el gobierno alcanzaban los 300 dólares, después subieron a penas de 15 días de cárcel y más adelante, a años de cárcel y por supuesto, todo eso viene acompañado de presiones a tu familia. En las últimas marchas el gobierno mandaba mensajes a los padres para que obligaran a sus hijos a no participar. Si sos estudiante y te agarran en la protesta, te sacan de la Universidad, la gente pierde sus empleos y ni hablar si tu trabajo está en algún organismo del Estado, quedás en la calle. La economía, los negocios grandes y los más importantes, están todos bajo la órbita del gobierno. La gente de prensa o los abogados se fueron en su mayoría en 2014-15, cuando cortaron toda libertad de expresión. Si te quedabas, estabas obligado a publicar todo lo que te mandaba el gobierno". 

Foto gentileza Yulia Korysheva

La casa de campo de la mamá de Oksana en Kiev

 

   - ¿Qué pasa con la gente que apoya a Putin en Rusia?

   - La gente tiene miedo de perder todo otra vez. De que desaparezca cierta estabilidad que supieron conseguir, de volver a pasar hambre como cuando estaba la Unión Soviética, de que se esfumen las cosas buenas en las que Putin volcó algo de la plata del petróleo. Como por ejemplo los servicios del gobierno que funcionan muy bien, como el Subte que es impecable. Putin con una mano te ajusta las tuercas y no te deja hacer nada y con la otra te muestra las grandes cosas que hizo para dejarte contenta. Por eso mucha gente no sale a las calles, porque siente que tiene mucho para perder. Allá no existen los paros de transporte, por ejemplo. La última vez que fui viajé desde San Petersburgo a Moscú en el tren 'Sapsan', que están a casi 700 km de distancia, llegamos en 4 horas. Siento mucha impotencia por toda mi gente que quedó allá, mis dos abuelas, mi papá, mi medio hermano, padrino, amigos, clientes. Si pierdo todo lo que tengo en Rusia por estar en contra de la guerra, que lo aprovechen, yo no voy a traicionar mis ideales o a mi mamá por hablar bien de alguien que creo que está haciendo terrorismo contra sus propios ciudadanos".

En la Plaza Rivadavia de nuestra ciudad. Foto Karina Gonzalez.

El pasaporte de Oksana de la Federación Rusa

 

   De turismo por Buenos Aires, Oksana conoció a su marido y hoy padre de sus hijos de 5 y 2 años y 10 meses.

   Además de su lengua madre, maneja con fluidez el español que aprendió en Moscú y que luego perfeccionó en la Universidad de Salamanca, en España y también el inglés, italiano y algo de francés.

   "Me gusta la Argentina, la calidad de sus productos y su gente, que nunca me hizo sentir excluida ni extranjera. Mis hijos nacieron acá y valoro mucho el sistema de salud que tienen, comparado con otros países en los que estuve que si 'no se te está saliendo el cerebro por los oídos', no te atienden ni por casualidad. En Irlanda, como me cuenta un amigo que vive en Dublin, podés esperar hasta 6 meses a que te atiendan en un hospital público, pero acá con sus falencias y todo, eso no pasa. En Rusia hay medicina gratuita pero no son de buena calidad y terminas buscando médicos amigos a través de contactos y eligiendo los que están a tu alcance para pagar".

Una parada en la Biblioteca Rivadavia. Foto Karina Gonzalez.

   A su vez, destaca la educación preescolar que están recibiendo sus hijos, pero no así la economía del país, que ve "un tanto complicada".

   "Hace 7 años que vivo en Argentina, los dos primeros en Buenos Aires, y todavía no entiendo por qué se empeñan en espantar a los inversores en vez de darles facilidades para instalarse en el país. Hay empresas que quieren aprovechar para traer dólares y Euros y te la hacen muy difícil y con tantas trabas se terminan afincando en Chile, México o Panamá, donde no te hacen tantos problemas. Argentina es un país hermoso, con buen clima, gente solidaria, amigable, bellezas naturales, excelente comida pero parece que el único problema que tiene es el gobierno", concluyó.