Bahía Blanca | Viernes, 12 de agosto

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"La obsesión de Putin es devolver a Rusia a la mesa grande de la política internacional"

El periodista Ignacio Hutin, autor de dos libros sobre la crisis en Ucrania, analiza los antecedentes y las posibles consecuencias de un conflicto que preocupa a Europa y al mundo.

Ignacio Hutin

Mariano Buren / La Nueva.

   "Tan sólo hoy ya hice 14 entrevistas para diferentes medios", cuenta Ignacio Hutin al inicio de la charla telefónica.

   Suena lógico que sean días agitados para este periodista especializado en política internacional, pero en particular en lo que sucede en aquellas regiones de Europa Oriental donde, cada tanto, parece que todo estuviera por estallar. Exactamente como sucede por estas horas.

   Hutin, autor de los libros "Ucrania/Donbass: una renovada guerra fría" y "Ucrania. Crónica desde el frente", es uno de los pocos argentinos que recorrió las calles de Donetsk y Lugansk, las dos regiones ucranianas que el pasado lunes se autoproclamaron repúblicas independientes ante el visto bueno de Moscú y la preocupación del resto de Europa y los Estados Unidos. 

   Era imposible no llamarlo para conocer su mirada de un conflicto que puede condicionar la agenda mundial de los próximos meses. 

   -Sabemos cómo empezó esta crisis, pero ¿cómo cree que continuará?

   -Quiero creer, si soy optimista, que la decisión de (Vladimir) Putin marca el fin de una guerra que duró ocho años y que tenía dos acuerdos de Minsk que, se suponía, iban a terminar con el conflicto pero que Ucrania nunca quiso implementar. Digamos que ahora esta guerra se termina por la fuerza porque Rusia manda tropas que supuestamente son una misión de paz para proteger civiles, porque Putin dice que lo que sucede en el Donbass es un genocidio o, al menos, la precuela de un genocidio. Creo que eso es disparatado. Sí hay racismo, xenofobia y rusofobia. Pero una cosa es eso y otra un genocidio. Son dos cosas completamente distintas. Lo concreto es que ahora hay tantas tropas rusas en esta región, con tanto armamento, que me parece que Ucrania no se va a animar a invadir una región tan protegida. Digamos que de facto, por la fuerza, terminó la guerra.

   -Sólo en la medida que Ucrania resigne de manera oficial esos dos territorios.

   -Exactamente.

   -¿Piensa que Rusia puede ir por más y avanzar, por ejemplo, hacia Kiev, la capital de Ucrania?

   -No me parece. Creo que el objetivo de Putin es llevar esta situación al mismo escenario de Georgia, que también tiene dos repúblicas autoproclamadas (Abjasia y Osetia del Sur) reconocidas únicamente, además de Rusia, por un puñado de países: Venezuela, Nicaragua, Nauru y Siria. Ahí la situación está estancada desde 2008. O sea, creo que ése es el objetivo de Moscú: estancar la situación, que no haya guerra y que haya un control de facto separatista, insurgente, rebelde o como se le quiera llamar, pero que los enfrentamientos terminen. 

   -¿Por qué cree que quedan tantas regiones prorrusas en estos países que alguna vez formaron parte de la URSS y a las que tanto les costó conseguir su independencia?

   -Creo que responde a lo que se denomina "Identidad de refugio", un concepto según el cual, ante una persecución de una mayoría étnica, la minoría refuerza su postura. Se polarizan las identidades. En lugar de ocultarse por la persecución, se refuerza la identidad propia. Esto sucede con rusos en distintos lugares como, por ejemplo, en Transnistria o el Donbass. Es un proceso inverso al que pasó en Ucrania con los ucranianos. Cuando la identidad ucraniana era reprimida se fortaleció, pero una vez que fue una república independiente y empezó a abrazarse cada vez más al nacionalismo, resurgió la personalidad rusa como parte de esta lógica de la identidad de refugio. Y respecto a por qué quedan tantos rusos en estos países, hay que recordar que uno de los puntos fundamentales de la Unión Soviética era reprimir los nacionalismos. Por las dudas se forzaron movilizaciones de población rusa para que no todos los ucranianos o los kazajos estén juntos en sus territorios. Ese sistema funcionó hasta que cayó la URSS y ahí resurgieron todos esos nacionalismos y, de pronto, aparecieron un montón de minorías étnicas en territorios que buscaban su independencia.

   -¿Hay una intención de Putin de retomar ciertas políticas soviéticas para que Rusia recupere protagonismo internacional?

   -Creo que la obsesión de Putin es devolver a Rusia a la mesa grande de la política internacional, a un lugar preponderante como potencia. Pero eso es imposible, no porque el sistema geopolítico ya no sea bipolar como en la Guerra Fría, sino porque Rusia ya no es una potencia. Puede serlo a nivel militar, con muchas armas y un importante arsenal nuclear, pero su economía no está ni siquiera entre las 10 más importantes del mundo. Estados Unidos, Japón o Alemania sí son potencias. Rusia no. De hecho, tiene muchos problemas económicos.

   -¿Y por qué considera que eligió este camino, y no otro, para intentar recuperar ese rol de potencia?

   -La lógica rusa es que fue muy humillada en los últimos 30 años. Hubo una humillación deliberada para frenar su desarrollo, como si fuera algún tipo de castigo demostrándole quién ganó la Guerra Fría. Creo que hay algo de razón ahí porque todo lo que estamos viendo tiene que ver con distintos tipos de acuerdo en materia de seguridad y defensa que se firmaron en los años '90, cuando Rusia estaba muy disminuida y no tenía ninguna capacidad de imponer algo en las negociaciones. La Rusia actual no tiene nada que ver con aquella. Hoy tiene un presidente que tiene esta obsesión de la que hablamos recién de devolver a su país a la mesa grande, y por eso se replantea todas esas lógicas y estructuras de los '90. Desde este lado del mundo suena políticamente incorrecto pero Putin tiene bastante razón. Centrémonos únicamente en el tema de la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte): nació como una alianza militar defensiva ante el Pacto de Varsovia en el contexto de una Guerra Fría. Hoy no hay Pacto de Varsovia ni Guerra Fría. Entonces, ¿de quién se defiende la OTAN y cómo se justifica su expansión? ¿Ante quién y para qué? Además, el tener tantas tropas y armamentos pesados cerca de su frontera es algo que no le gusta a ningún gobierno. Lo mismo le pasó a Estados Unidos en los '60, cuando la Unión Soviética quiso instalar misiles en Cuba. Es lógico que no le guste esa situación y por eso actúa de esta manera.

   -¿Cuál puede ser la respuesta de Occidente?

   -Putin es muy hábil y creo que ve en China una red de seguridad ante las sanciones que quiere imponerle Occidente. Lo vimos hace poco, cuando se reunió con Xi Jinping durante la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Invierno y obtuvo el respaldo en sus reclamos por la expansión de la OTAN. Me da la impresión de que Putin está pensando que si Occidente quiere arruinarle la economía, va a darle la espalda y va a centrar su mirada en China. Es un escenario posible. ¿Sabe quién dijo que imponerle sanciones económicas, una tras otra, lo único que va a lograr es que Rusia termine acercándose a China y que eso no le conviene a nadie? (La diputada francesa) Marine Le Pen. No comparto en nada su ideología, pero tiene toda la razón en ese argumento.

   -¿Qué rol piensa que van a desempeñar Joe Biden, Boris Johnson, Emmanuel Macron y Olaf Scholz durante esta crisis?

   -Johnson está tan aislado y cuestionado después del Brexit y del Partygate que va a hacer lo que sea que le diga Estados Unidos porque es lo único que tiene para agarrarse de algo. En el caso de Biden, creo que el principal objetivo de Estados Unidos es, a esta altura, ganar un mercado con la venta del gas a la Unión Europea. Obviamente es mucho más caro, ya que tiene que cruzar todo el Atlántico, pero creo que va a utilizar alguna estrategia para convencerlos de que lo paguen. Y otro concepto que pone en juego es crear la noción de dependencia: si Rusia es un enemigo en el que no se puede confiar porque es una amenaza inminente para todos los estados, entonces existe la obligación de acercarse a la OTAN porque no queda otra alternativa. Y este mensaje no es solo para Ucrania o Georgia. También es para Moldavia, Armenia y Azerbaiyán. Respecto de Macron, su protagonismo de estos días no sólo es porque va a buscar su reelección en abril, sino porque quiere convertirse en el sucesor de (Angela) Merkel como nuevo líder de la Unión Europea.

   -En medio de la agitación internacional, ¿fue inoportuno el momento elegido por Alberto Fernández para visitar Moscú?

   -Creo que Argentina no tiene ninguna relación con este conflicto. El hecho de acercarse comercialmente a Rusia no significa apoyar todo lo que haga su gobierno. No creo que haya sido inoportuno porque el viaje ya estaba planeado meses antes. Argentina tiene la necesidad de buscar nuevos mercados, de acercarse a países como Rusia o China, y más ahora, con la deuda enorme que tantas dificultades está trayendo. No alcanza únicamente con comerciar con Estados Unidos o el Mercosur.

   -La última, ¿podemos esperar una guerra en Europa en los próximos días?

   -Pienso que no, que las soluciones diplomáticas van a llegar en algún momento y que la OTAN no se va a implicar en esto. Quiero creer que eso no va a pasar porque la posibilidad de una guerra abierta entre Rusia y la OTAN sería catastrófica. Quiero creer que se va a encontrar alguna solución. El problema es que Rusia le demanda a Estados Unidos cosas que Estados Unidos no quiere ceder y viceversa. Entonces, ¿cómo se llega a un acuerdo? La verdad es que no lo sé. Quizá la intención sea llevar esto, como decía al principio, a una situación de estancamiento eterno, lo que en otra época se llamaba "conflictos congelados". Quiero creer que ése es el mejor escenario al que podemos aspirar.