Bahía Blanca | Miércoles, 29 de junio

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Enrique Vallés: “En el país cada problema se trata como una urgencia y no en base a planificación”

Doctor en Ingeniería Química, Enrique Vallés tiene una vasta trayectoria que lo ubica entre los investigadores más prestigiosos de nuestro país.

Por Walter Gullaci wgullaci@lanueva.com

   Profesor emérito de la Universidad Nacional del Sur, investigador emérito del Conicet y miembro del Plapiqui (Planta Piloto de Ingeniería Química), egresó en 1971 en la UNS y dos años después partió para doctorarse en la Universidad de Minnesota, Estados Unidos.

   Una forma de adelantarse al crecimiento del Polo Petroquímico, fue uno de los primeros profesionales en el área de polimeros.

   Pero, además, trabajó arduamente en la puesta en marcha, en Bahía Blanca, del posgrado en ingeniería Química, al cabo el primero del país, cuando muchos detractores sostenían que se trataba de una iniciativa innecesaria.

   Vallés recuerda haber comprado la primera gran computadora que tuvo la UNS, cuyo rótulo de pública defiende a ultranza.

   1. “En cualquier aspecto de la vida nada se logra sin lucha. En cuanto al país, la Argentina fue pionera en el ámbito de la ciencia dentro de Latinoamérica. De hecho, tuvimos los dos primeros premios Nobel en ciencia, que fueron Houssay (Bernardo Alberto) y Leloir (Luis Federico), gente que trabajó, se formó y brindaron un gran salto de calidad. Houssay creó el Conicet en 1958. Luego también tuvimos el caso de César Milstein, pero en su caso se formó acá pero emigró y terminó de desarrollar sus trabajos en Inglaterra”.

   2. “Entre 2013 y 2015 coordiné a pedido de las Academias de Ciencias de Córdoba y Buenos Aires, un estudio muy completo sobre el estado de las ciencias exactas, físicas y matemáticas en nuestro país, que determinó la edición de un libro auspiciado por el ministerio de Ciencia y Tecnología. En ese trabajo surgió cómo había evolucionado la ciencia argentina en los últimos 30 años. El resultado fue que a principios de los ´90, de todas las publicaciones de Latinoamérica, el 25 por ciento habían surgido de la Argentina. Lamentablemente vimos que dicho porcentaje había tenido una involución continua, que por entonces arrojaba una caída al 14 por ciento”.

   3. “Los problemas de la Argentina son tantos que, en definitiva, cada uno termina tratándose como una urgencia y no en base a una planificación. El rol de la ciencia y la tecnología hoy en día es básico para el desarrollo de la humanidad, de la economía, para el bienestar general. Sin embargo, la educación, que está íntimamente ligada a todo esto, viene debilitándose en forma gradual. Como profesores, año a año vemos que los estudiantes que nos llegan a la Universidad vienen con mayor dificultad en cuanto a comprensión de textos e interpretación de resultados. ¡Temas elementales! Es parte de una profunda decadencia y lo peor es que se sigue mirando para el costado. Necesitamos llevar a cabo un vuelco fundamental como el que trazó Sarmiento en el Siglo XIX”.

   4. “Viví varios años en los Estados Unidos mientras realizaba mi doctorado. Luego volví como profesor visitante. La última vez  lo hice con mis tres hijos en edad escolar. Fueron a la escuela pública donde tenían jornada completa. Ingresaban a las 9 y se retiraban a las 4 y media de la tarde. A la mañana tenían educación formal, les daban un almuerzo donde se garantizaba la calidad alimentaria y luego a la tarde algunos días hacían deportes o completaban las tareas con el asesoramiento de profesores. Las tareas no las completaban en su casa. Algo integral”.

   5. “Acá, con los problemas de pobreza existentes, con chicos que no pueden ser cuidados en sus casas, que están mal alimentados, con educación insuficiente y sin contención alguna, estamos insertos en un grave problema”.

   6. “Tenemos un porcentaje significativo de estudiantes que, cuando tienen que dar un plus de esfuerzo, abandonan. La deserción estudiantil es grandísima en el país. Se recibe uno de cada cinco de quienes ingresan a la Universidad. Esto tiene que ver con el escaso nivel de formación con el que llegan, por lo que se ven abrumados cuando deben iniciar un modelo de aprendizaje para el cual no están acostumbrados ni preparados. Otro tema pasa por la cultura del no esfuerzo. Y esto está añadido a ciertos valores que se han ido perdiendo”.

   7. “Somos conscientes que muchos de nuestros egresados se forman acá, se reciben y finalmente se van a desarrollar afuera”.

   8. “En la Argentina la gente se niega a la evaluación. Si uno está enfermo y va al médico, quizás termine realizando un análisis de sangre, una ecografía... Una evaluación. Para enfrentar un problema se requieren todos los diagnósticos posibles. Pero en educación nos negamos a las evaluaciones. Es insólito. Y los resultados deberían hacerse públicos para tener claro qué escuela hace bien las cosas y cuál no. Sería algo muy bueno para que los padres cuenten con la debida información y para que los docentes que se esfuerzan puedan apreciar los buenos resultados de sus enseñanzas. Sabríamos en qué estamos flojos y en qué se debería mejorar”.

   9. “Cuando ingresé a la Universidad, las carreras eran estrictamente profesionalistas. Había pocos profesores con dedicación exclusiva. Pero hubo grupos, como el de ingeniería química, con inquietudes, porque veían que en otros lugares del mundo todo se desarrollaba de otra manera. Y fueron quienes se preocuparon en traer gente idónea de afuera que los asesorara. Fui uno de los beneficiados con aquello, con la puesta en marcha de la Planta Piloto de ingeniería Química (Plapiqui). De pronto, con la llegada del Polo Petroquímico se abrió un abanico muy grande para que gente idónea asesorara al personal jerarquizado de las empresas del Polo, con una financiación importante que nos generó un gran desafío. Conclusión: había que formar rápidamente a más recursos humanos con un programa de posgrado”.

   10. “Me gratifica haber sido parte de la generación, en 1979, del posgrado de la ingeniería química en Bahía Blanca, que fue el primero del país. Y eso que había una gran resistencia a nivel nacional de los ingenieros a que se crearan títulos de posgrado. Básicamente, porque tenían miedo de que un título de nivel superior afectara sus incumbencias profesionales. Hoy ya deben ser trescientos los egresados”.

   11. “Me desempeñé en la docencia, en la investigación y en la gestión universitaria, ocupando dos veces la secretaría de Ciencia y Tecnología donde realicé una labor muy considerable. Pero además me desempeñé en la extensión y transferencia a la industria mediante nuestros trabajos de investigación, con la colaboración de empresas argentinas y de algunas internacionales. Todo me dio mucha satisfacción en la vida”.

   12. “¿Si somos bichos raros? Somos más bien apasionados por lo que hacemos. Tenemos la satisfacción de trabajar en lo que nos gusta. Y obvio que soy un ferviente defensor de la Universidad pública. De hecho una de mis más grandes satisfacciones ha sido ser reconocido luego de 50 años de trabajo como profesor emérito de la Universidad Nacional del Sur y años después lo propio como investigador emérito del Conicet”.

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