Bahía Blanca | Sabado, 21 de mayo

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Sebastián Dop: la ceguera no lo detuvo y va por otro título en la UNS

Tiene 25 años, se graduó de Biólogo con un promedio de 9.35 y avanza en su doctorado como becario de Conicet. No considera que su situación sea ejemplar ni extraordinaria pero le agrada pensar que su experiencia es motivadora. 

Perdió la vista a los tres años, pero no su mirada del mundo. Fotos: Emmanuel Briane -LaNueva.

Anahí González Pau
agonzalez@lanueva.com

   Sebastián Dop, quien perdió la vista a los tres años y acaba de recibirse de Biólogo en la UNS con un promedio de 9.35, lo tiene muy claro: una persona no se reduce a una condición, sea cual fuere: la ceguera, la autopercepción de género, la edad o una carrera.

   “Las personas tenemos múltiples aristas y somos muy complejas como para abrazarnos y embanderarnos como persona ciega o persona vegana o persona disidente en términos de orientación sexual. Uno puede ser muchas cosas", expresó.

   "Lo importante es ubicarse en ciertos lugares, para dar ciertas luchas, pero entendiendo que uno es su singularidad”, reflexionó.

   Crítico aunque no tremendista, este tresarroyense (que está pensando en tomar clases de yoga para aliviarse de tantas horas en la computadora) invita a cuestionar a los estereotipos pero sin renegar a priori de las etiquetas.

 

   Nacido en territorio bonaerense hace 25 años, egresado de una escuela agropecuaria, amante de la naturaleza, becario de Conicet y en camino al doctorado, es un defensor de la universidad pública y gratuita aunque admite que queda mucho por hacer.

    “No podemos decir ‘la universidad esto o la universidad, lo otro’, como si no fuéramos parte. Es necesario seguir pensándola como una construcción colectiva, a sostener", apuntó.

    Sebastián no cree que haber obtenido su diploma sea algo ejemplar pero le parece importante compartir su experiencia para visibilizar que hacer una carrera, aún con ciertas limitaciones, no sólo es factible sino real.

   Desde 2014 vive en un departamento en Bahía Blanca en tanto que su familia (madre, padre, hermanas, sobrinos y cuñado) está en Tres Arroyos. Sin embargo, está muy cerca de ellos y viaja cada vez que puede.

   "Me parece importante construir redes afectivas que nos contengan, nos acompañen y  nos permitan desarrollarnos. Estar rodeado de personas que nos hacen bien y a las que les hacemos bien", dijo.

    “Después podemos llamarlos como querramos: familia, pareja, no pareja, pareja con más personas, pareja con menos personas; pero en esta coyuntura, en que salimos de una pandemia, más que nunca es importante revalorar los afectos y podernos encontrar”, expresó.


El día en que Sebastián Dop recibió su diploma.

  -¿Hay una vieja idea de que la persona con discapacidad no puede hacer determinadas cosas o  que requiere de una gran asistencia, o está cambiando?

   -Creo que así como se estereotipa a una persona gay, y se la piensa de determinada manera, con la discapacidad pasa lo mismo. Hay lugares donde se entiende que no hay ningún problema y otros en que se sigue pensando que las personas con discapacidad no podemos, necesitamos un montón de ayuda y que nuestras vidas son impresionantemente diferentes y estamos complicados en hacer un montón de cosas. 

   Lo mismo pasa con las personas veganas. Personalmente considero que ser una persona vegana es super simple pero te encontrás con lugares en los que te dicen que los veganos son reaccionarios y que no entienden nada. Me parece que pasa por conocer y entender las distintas realidades e ir construyendo imágenes más realistas de esas personas.

  Creo que, de a poco, se van creando nuevos imaginarios y que las situaciones son sumamente heterogéneas.

   Para algunas cosas está bueno que existan etiquetas, por ejemplo; son importantes en términos de diversidad, para autopercibirnos o identificarnos con ellas, existen y están bien, pero creo que hay que pensarlas como lugares estratégicos desde donde trabajar pero no para instalarnos ahí perpetuamente. 

    -Hace poco un joven ciego que se graduó de Abogado aclaró en una nota que no lo llamaran no vidente porque no videntes somos todas las personas, de lo contrario, veríamos el futuro. Pedía que lo llamaran ciego o con discapacidad visual ¿cuál es tu opinión?

   -Se puede decir ciego, discapacitado visual, en situación de discapacidad visual o con diversidad funcional visual. Tuve que preguntar como se decía porque no lo sabía. Está bueno preguntárselo porque el lenguaje no es ingenuo. 

   Son debates importantes, aunque en relación con mi situación visual, creo que lo más importante son las cuestiones estructurales. No me parece rasgarse las vestiduras por si decimos ciego o no vidente si no avanzamos en situaciones cotidianas como que los libros estén en formato digital en las librerías y en las bibliotecas, que te puedas mover por la calles sin problemas y que puedas saber si el baño es de mujeres o de hombres o identificar el packaging, que es inaccesible. 

   Son cuestiones muy gruesas que deberían cambiar y, en simultáneo, dar esa discusión de si decimos ciego o no vidente. Si la cajera del super no sabe cómo nombrarme pero entiende cómo manejarse conmigo o una persona entiende como ayudarme a cruzar la calle, ya está, más que suficiente. 
    
  -¿La tecnología te ayudó en la carrera? ¿Qué aplicaciones facilitaron este tránsito?

  - Las aplicaciones más importantes fueron el lector  de pantallas de la compu y el lector de pantalla del celu. La impresión 3D también es una herramienta piola y así como los programas que permiten la conversión de texto en imágenes a texto plano.


"Es importante no enloquecerse con el futuro sino avanzar de manera firme en lo que uno va haciendo, ir de a poco, logrando cosas lindas".

    -El promedio tan alto ¿fue una búsqueda o se fue dando de esa manera?

   -En nuestra carrera, tener un buen promedio es algo que se busca, es estratégico para presentarse en becas y concursar. Uno se va formando en ser un buen rendidor de finales y sacarse las mejores notas para ser funcional al sistema universitario. A veces se logra y otras no, pero eso no quiere decir que uno sea un mejor o peor profesional. Hay muchas variables en juego.

   -¿Qué mensajes le darías a otros jóvenes que tengan una dificultad o discapacidad y se estén planteando si iniciar o no una carrera universitaria?

  -Sería demasiado decirles que se puede y que no va a haber dificultades. El panorama es complejo pero vale la pena intentarlo. No creo en esa idea de "si querés, podés”. Bueno, no, no siempre podés. Y ahí es donde tienen que aparecer las instituciones para acompañar estas trayectorias y hacer posible lo imposible.

   Si a mí me piden que mire el microscopio no voy a poder. Necesito que digan: “No es necesario que mires el microscopio”. Creo que es cuestión de intentar y ponerse firmes en que hay cosas que no son necesarias. Por supuesto tienen que tener el compromiso y las intenciones. Uno no puede avanzar sin un empuje o deseo propio en la universidad.

   -¿En qué aspecto la Universidad debe seguir trabajando por la inclusión de las personas con discapacidad?
   -Se hizo un montón, no todo es un desastre, no hay que tener miradas tremendistas porque sería no reconocer el laburo que se ha hecho, pero creo que falta mucho. En señalización, en términos de generar espacios donde uno se pueda mover con comodidad. Hay espacios de grandes dimensiones sin límites claros y veredas desparejas. Ni hablar las personas que se mueven con silla de ruedas. No sé cómo podrían las personas sordas desempeñarse en la universidad. Hay cosas que funcionan pero faltan muchas más y hay que trabajar en ese sentido.

   Su familia. Sus padres son Hugo Dop y GracielaTenaglia. Tiene dos hermanas mayores: Soledad y Celina. A su cuñado Juli, lo quiere como a un hermano. Es tío de Ignacio y del pequeño Rafael. Su abuela materna es María, alias Nona, y  la abuela paterna se llama Juana, alias Pepa. Claudio es su abuelo paterno. Los visita en Tres Arroyos cada vez que puede.