El impacto que ya llegó

AgTech: la clave es la vinculación de los emprendedores con el sistema científico y tecnológico

19/7/2020 | 06:30 |

El sector agropecuario está frente a otro desafío. ¿Cuáles son las fortalezas y debilidades de un modelo que requiere financiación, cauce comercial y expansión?

La conectividad potencia las herramientas. / Fotos: Prensa Ballero, Landoni & Asociados, Prensa CLAAS y Archivo La Nueva.

Guillermo D. Rueda / grueda@lanueva.com

   “Las AgTech, como nueva forma de innovar, conforman el nuevo paquete basado en tecnologías de manejo, donde lo que importa es la optimización del uso de los insumos a través de la mejor información”.

   Lo dijo Ignacio Albornoz, especialista en tecnologías del agro, en el marco del encuentro —virtual— sobre el impacto científico tecnológico en el desarrollo del sector agropecuario, que organizó la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) y el Equipo de Gestión Económica y Social (EGES).

   “Aprovechar la cercanía con sectores ya desarrollados para generar nuevas empresas es apenas el comienzo del camino. Hacen falta más elementos en la mesa para que, considerando el modelo de startups, la innovación se pueda financiar, tomar escala, encontrar terreno fértil desde lo comercial y crecer”, agregó.

   Una de las conclusiones de la cita, de la que también participó el ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, Luis Basterra, es la importancia de poder facilitar la vinculación entre el sistema científico y tecnológico con los emprendedores.

Del Zoom también participó el ministro de AGyP de la Nación, Luis Basterra.

   “Esto puede incluir un amplio abanico de iniciativas que van desde la sensibilización hasta regímenes especiales de vinculación con centros de investigación universitarios en áreas agronómicas y de ciencias exactas”, sostuvo Albornoz, quien trabajó sobre el tema con apoyo del Observatorio Iberoamericano de la Ciencia, la Tecnología y la Sociedad (OCTS-OEI).

   Una de las formas posibles de vincular el conocimiento con el mercado es mediante el impulso a la creación, o a la participación científica, en empresas startups y de base tecnológica.

   Un programa adecuado a estas características —según Albornoz— debiera girar en torno a tres ejes. En uno de ellos, los mecanismos de recompensa de los investigadores para emprender no son suficientemente fuertes y, muchas veces, colisionan con otros aspectos de los mecanismos de evaluación, como la necesidad de publicar.

   “Sería importante contar con mecanismos más potentes que faciliten y premien el emprendimiento como una forma de acumulación de reconocimiento científico”, expresó Albornoz.

Ignacio Albornoz, especialista en tecnologías del agro.

   Por otro lado, se señala que no hay suficientes vasos comunicantes para romper la brecha entre el mundo científico y el mundo empresarial.

   “De este modo, se requiere la constitución de espacios que promuevan la relación de los científicos con el mundo emprendedor, donde buenos proyectos, buenos científicos y buenos emprendedores puedan encontrarse y madurar”, dijo.

   También que este tipo de espacios en países del hemisferio norte funcionan como canalizadores, validadores y financiadores de propuestas, así como para generar pruebas piloto con clientes relevantes.

   “En el caso de Argentina, también es clave alinear las expectativas de ambos sectores —científico y emprendedor— para generar un lenguaje común donde convivan el mundo científico y la lógica capitalista y, de esta manera, enfocar proyectos para generar startups, al mismo tiempo que financiándolas y conectándolas con los espacios consagrados de inversores y clientes internacionales”, sostuvo.

“Un aspecto ineludible es el esquema de incentivos que tienen las empresas agropecuarias para invertir en tecnología”, dijo Albornoz.

   El analista consideró que existen, también, casos de aceleradoras que no tienen éxito por diversas razones y que esto resulta clave para saber lo que no hay que hacer.

   Finalmente, otra de las carencias a nivel nacional es la falta de consolidación de un mercado de capital de riesgo. “Su ausencia hace muy complejo que las nuevas empresas alcancen a consolidarse, por más que cuenten con ideas innovadoras y buenos mercados potenciales”, comentó.

   “Esto termina muchas veces en financiamientos pequeños, que no alcanzan a cubrir el ciclo completo de desarrollo de un producto, o actitudes predatorias por parte de inversores locales, ya sea por desconocimiento de la lógica de crecimiento de las startups o por malas prácticas, que terminan conspirando contra la financiabilidad futura de tales compañías”, añadió.

   Para facilitar la proyección de estas empresas, Albornoz comentó que sería importante contar con mecanismos de apoyo a modelos basados en exportación y transnacionalización de servicios, procesos cuya complejidad puede resultar en una barrera infranqueable para muchas startups.

   “En cuanto a las políticas orientadas a fomentar la demanda y la adopción de AgTech, se trata de liberar restricciones a la adopción de innovaciones por parte del sector agropecuario, con el objetivo de contribuir a la mejora de su competitividad y, al mismo tiempo, generar un impacto sobre la demanda de tecnologías aplicadas”, mencionó.

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   Albornoz añadió que algunos factores que restringen la adopción de AgTech son fruto de la relación privada entre oferta y demanda, por la madurez de la oferta para comprender los drivers de adopción de la demanda debido a factores evolutivos o culturales. “Otros son resultado de factores accionables desde una política pública que opere sobre las condiciones de entorno que facilitan o limitan la adopción”, definió.

   “Un aspecto ineludible, y que excede la capacidad de una política pública focalizada, es el esquema de incentivos (explícito o implícito) que tienen las empresas agropecuarias para invertir en tecnología”, dijo.

   “Allí recalan desde aspectos tributarios y macroeconómicos que impactan en el modelo de negocios efectivo de cada productor o empresa agropecuaria, hasta cuestiones de infraestructura y acceso a servicios (en el campo es crítico), que permiten o no el despliegue de cierta capa de tecnologías y, también, dificultades de acceso al financiamiento para este tipo de inversiones consideradas blandas”, indicó.

   “Por último, ciertas legislaciones locales o provinciales sobre diferentes aspectos puntuales que impactan en la producción y que son ejecutadas con un criterio normativo en lugar de uno de desempeño, lo que restringe también la búsqueda de nuevas soluciones”, añadió.

Sobre premios y castigos

   Albornoz comentó que, a nivel tributario, el sector agropecuario argentino no suele ser premiado, sino castigado con una estructura que genera transferencias directas de ingresos para resolver inconsistencias macroeconómicas, dada su relevancia como generador de divisas.

   “Al mismo tiempo, la presencia de inconsistencias en la estructura de otros impuestos muchas veces condiciona más el éxito del negocio que cualquier tipo de innovación que se pueda adoptar. Este cóctel de medidas, usualmente no concertadas bajo una lógica específica, desalienta la adopción de innovaciones digitales y promueven una dedicación relevante de energía y tiempo a resolver en cuestiones financieras y tributarias, que tienen muchas veces mayor impacto que, por citar un ejemplo, un aumento del 10 % en el rendimiento por hectárea de un cultivo”, explicó.

   Paradójicamente, este mismo estado permanente genera que, a nivel productivo, los productores se concentren en estrategias defensivas, con mayor propensión a adoptar tecnologías operativas para reducir costos medibles de inmediato, ya que el resultado de la compra de insumos y la realización de labores tiene impactos (costos tributarios y riesgos) prolongados más allá del costo operativo directo.

Se concluye que no hay suficientes vasos comunicantes para romper la brecha entre el mundo científico y el mundo empresarial.

   “Existen incentivos orientados a depender menos de insumos, del uso de mano de obra y de la inversión en instalaciones fijas de alto costo y poco flexibles, factor que contribuyó, por ejemplo, a la difusión del silobolsa como mecanismo de almacenamiento en detrimento de los silos metálicos”, expresó.

   Otro aspecto está relacionado con la infraestructura. Aquí, un aspecto clave es la conectividad, en la medida en que se generan nuevas aplicaciones y su utilización depende de la existencia de un sistema que permita la circulación de datos en áreas rurales.

   “Lo remoto de algunas zonas conspira, en muchos casos, contra la adopción de ciertas tecnologías que resuelven determinados problemas, pero no consiguen resolver la capa de conectividad, o se entorpece derivando en soluciones alternativas que, no siempre, son cómodas para el productor”, aseveró Albornoz.

Sin lugar en la agenda de financiadores

   El acceso al financiamiento es una variable clave para la incorporación de tecnología que, en el cuadro argentino, tiene muchas dificultades, ya que la oferta de crédito está sesgada siempre hacia inversiones más tangibles y tiene muchas precondiciones que, en gran cantidad de casos, los productores no cumplen.

   “Las AgTech parecen no estar en la agenda de los agentes financiadores, lo que se vuelve una restricción que opera sobre la capacidad de los productores de invertir en estas tecnologías”, sostuvo.

La regulación en distintos niveles es un aspecto que favorece, o limita, la adopción de tecnologías en la medida que exista un marco legal consistente o regulaciones arbitrarias sobre aspectos de la producción.

   “En particular, hay un tipo de regulaciones que operan a nivel local o provincial que, en función del enfoque filosófico de implementación, pueden contribuir o impedir que ciertas tecnologías se desarrollen. Este cuadro abre varias oportunidades de tocar puntos sensibles que permitan, bajo el supuesto de que el esquema general de incentivos no cambie, traccionar la adopción de innovaciones digitales”, admitió.

   Por un lado, Albornoz dijo que a nivel tributario se puede trabajar en generar mecanismos de descuentos impositivos sobre aquellas inversiones que vayan a tecnologías blandas, como las de información, proveyendo de alguna lógica funcional y de recupero a toda la complejidad tributaria, sin entrar en la discusión sobre los grandes temas de impuestos, o independientemente de cuál sea la tasa en cada caso.

   En cuanto a la infraestructura, especialmente en lo concerniente a la conectividad rural, existe un problema de demanda para la inversión privada en antenas de 4G o para la inversión en fibra óptica, que permita que más empresas productoras accedan a Wifi.

   “Aquí, a menos que el sector público decida una fuerte inversión compartida con el privado en mayor conectividad, con el objetivo de llegar a zonas donde no se encuentra un retorno a la inversión evidente, las soluciones deberán ser caso a caso, pero existen herramientas que pueden ser utilizadas en sistemas de cascada para llegar a lugares desde menos a más remotos”, relató.

   “Ya existen tecnologías de redes privadas de largo alcance y menor frecuencia. Algunas, las conocidas como SubGiga, por ejemplo: LoRa o Zigbee) sobre las que podría facilitarse su difusión, así como podrían facilitarse las conexiones satelitales para abaratar el acceso, subvencionando parte del costo, en el entendimiento de que generarán externalidades positivas e, incluso, una demanda genuina, una vez que se alcance determinada masa crítica de conexiones”, aclaró.

El acceso al financiamiento para este tipo de tecnologías es una deuda pendiente que restringe la demanda.

   “Para tal fin se podrían generar instrumentos de crédito enfocados en este tipo de tecnologías con tasas subvencionadas, así como tomar la inversión directa o la reducción de algunos factores productivos de eficiencia o rentabilidad, como valores sobre los cuales agencias provinciales puedan salir como garantes de créditos para estas inversiones”, ejemplificó Albornoz.

¿Y los agroquímicos?

   Con el criterio de resolver aspectos productivos de fuerte sensibilidad, se puede concientizar y alinear esfuerzos orientados a eliminar o reducir factores de riesgo sanitario o costo fitosanitario en distintas áreas del sector agropecuario que son estratégicas, ya que tienen un impacto ambiental relevante o un impacto productivo de gran escala.

   “En lo que se refiere al uso de agroquímicos, que genera problemas a nivel municipal por los límites de aplicación en ciudades o pueblos rurales, en lugar de distancias de no aplicación podrían definirse parámetros medibles de pureza de aire y de presencia de químicos del suelo, para que se garanticen condiciones que no sean dañinas para la población”, aseguró Albornoz.

   “Esto puede promover no solamente una solución a la discusión permanente sobre los excesos de los actores privados o del Estado como regulador (o de los ciudadanos como denunciantes), sino también habilitar un mercado de desarrollo de sensores o servicios de monitoreo y de muestreos que permitan controlar con parámetros más certeros cuestiones donde se cruzan lo privado y lo público en relación a las AgTech”, aseguró.

   “La incorporación de este tipo de medidas de desempeño, en lugar de medidas normativas, podría facilitar la incorporación de tecnología a la producción agropecuaria argentina y mejorar la productividad y competitividad de un sector clave para la economía local”, concluyó Albornoz.

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