Un gran hotel, un barrio y un balneario inexistente

9/3/2020 | 07:30 |

En 1908 salieron a remate lotes en Bahía Blanca, los cuales serían vecinos a un gran balneario recostado sobre el arroyo Maldonado, por entonces poco menos que un hilo de agua.

Mario Minervino / mminervino@lanueva.com  

   En 1908, en el patio de la casona porteña del martillero Rodolfo Collet, en la Capital Federal, un grupo de inversionistas se interesó por un singular remate de tierras de Bahía Blanca, "El Liverpool Argentina", según la mencionaba el aviso que promocionó ese acto. Ubicadas a pocos metros del arroyo Maldonado, se detallaba que en el lugar funcionaba "un concurridísimo balneario" y que en medio de una nueva urbanización se construiría un lujoso hotel de cien habitaciones.

   Los precios ventajosos de los lotes, el pago en cien mensualidades y la perspectiva de duplicar en pocos años la inversión eran los principales atractivos de la propuesta.

   Collet tenía a favor que nadie conocía el lugar, con lo cual los compradores no podía verificar la calidad de las tierras y, mucho menos, las verdaderas bondades del promocionado balneario, que en la realidad no sólo no existía sino que el arroyo en cuestión era poco menos que un hilo de agua.

La venta

   Los lotes salieron a la venta en dos remates, uno en octubre de 1908, el segundo en diciembre del mismo año. Un total de 1.700 terrenos, con lotes de 500 varas (280 m2, 10 x 28), que conformaban el nuevo barrio, una Villa, con frente a la denominada Calle del Balneario, una amplia avenida que bordeaba el complejo.

   Una referencia indicada en el plano del lugar marcaba la existencia de la casona La Catalina, propiedad de la familia Pronsato, con su particular torre almenada, sitio elegido en 1882 por la misión astronómica alemana que instaló en el lugar un futurista centro astronómico para observar el tránsito del planeta Venus.

La misión alemana de 1882. A la derecha La Catalina.

   Al borde del arroyo Maldonado estaría el nuevo barrio, de calles curvas, al mejor estilo del barrio Patagonia o Palihue, con dos grandes rotondas simétricas en la zona de acceso. En ese punto se construiría, según anticipaba Collet en sus folletos, un gran hotel de cien habitaciones, obra que por escala y arquitectura estaba llamada a convertirse en la "great attraction" de las familias.

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El hotel

   La fachada del hotel era ambiciosa y "soberbia". El proyecto (al menos el dibujo de su fachada) fue encargado al arquitecto Oskar Ranzanhoper, destacado profesional nacido en Viena y formado en Budapest, instalado en nuestro país en 1905.

El Grand Hotel para un inexistente balneario

   Con 31 años de edad, Ranzanhoper era uno de los impulsores del art nouveau en la Argentina, en su versión vienesa, el colorido Sezessionstil. En ese estilo diseñó el hotel del balneario, con una torre y una cúpula caracterizando el remate. Algunas de las obras realizadas por el arquitecto, el caso del chalet Ventafridda en Mar del Plata o la biblioteca del Consejo Nacional de Mujeres, se pueden emparentar con la propuesta para nuestra ciudad.

El balneario

   Si algo caracterizaba al arroyo Maldonado en 1908 era que prácticamente no existía. Aliviador natural del arroyo Napostá (a principios del siglo pasado se lo mencionaba como "el hijo perdido" de ese arroyo), nace a la altura del parque de Mayo.

   Necesita las lluvias en la zona serrana para que el Napostá derive algo de su caudal en ese brazo. Pero en 1906 el diseño del parque Municipal (rebautizado parque de Mayo en 1910) incluyó su cegado en el paseo, con lo cual el agua pasó a endicarse en la zona del puente del ferrocarril y el Maldonado resignó ese agua.

   Esa alternativa fue un fiasco y con las lluvias lo único que se lograba era que el agua ganara el parque, llegando incluso hasta la avenida Alem. El Maldonado era así una suerte de acequia que lejos estaba de recibir a "mil personas cada día" como promocionaba Collet.

Final

   El sector rematado en 1908 está hoy ocupado por Vista Alegre, Villa Nocito y 1º de Mayo. No se tienen demasiadas precisiones del éxito que tuvo aquel remate en la Capital Federal, aunque es claro que el gran balneario no prosperó. Mucho menos el lujoso hotel. Es posible que sí se hallan amojonado los lotes, tarea a cargo del ingeniero municipal, Vicente Almandos Almonacid.

   Esta historia de 1908, con balneario y gran hotel incluido, no ha sido más que un embuste o, en el mejor de los casos, una quimera en mano de soñadores y especuladores.

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