Prematuros: historias de cuatro pequeños héroes y una batalla por ganar

22/11/2020 | 06:30 |

Delfina, Nina, Luciano y Candelaria tienen algo en común: nacieron antes de lo planeado y durante mucho tiempo su "nido" fue una incubadora. Gracias a los cuidados extremos, amor y devoción de sus padres, médicos y enfermeras, ellos pudieron salir adelante y dejar atrás un diagnóstico que puso en peligro sus vidas.

Foto de Nina gentileza: By China Fotografía.

Laura Gregorietti /lgregorietti@lanueva.com

Fotos: Emmanuel Briane / La Nueva.

 

   Cuenta el saber popular que los padres de un bebé prematuro son personas especiales, "ya que Dios no elige a cualquiera para que sea testigo de un milagro".

   Como pequeños grandes héroes, a Luciano Gallardo, Nina Ranilla Klein, Delfina Allende y Candelaria Fritz Pérez les tocó pelear por sus vidas apenas llegaron a este mundo, por eso sus historias de vida son sin dudas "cuatro milagros" que sus mamás decidieron compartir en esta semana, la que celebra el triunfo de los prematuros.

 ***

   Vanina Castro nunca se va a olvidar el día en que enteró que por fin había un bebé en su vientre.

   "Era el segundo tratamiento de alta complejidad que hacíamos, No había nada que anheláramos tanto, parecía casi imposible tener un bebé por el diagnóstico bastante complejo que teníamos, pero gracias a la ciencia y a que nunca nos dimos por vencidos el embarazo de Delfina llegó".

Delfina Allende, en brazos de mamá

   Sin embargo, y a pesar de la buena noticia, la vida les tenía preparada una prueba más.

"A las 24 semanas de gestación me detectaron Retraso del Crecimiento Intrauterino. En un control ecográfico no advierten que Delfi estaba por debajo del peso, pero sí lo detectó el obstetra. La situación era muy grave y solo me mantuvo en pie el optimismo de mi marido".

Las preguntas no tardaron en llegar: ¿qué había hecho mal? ¿Y si hubiera hecho más reposo?

   "Se me vino el mundo abajo, solo quería que aguantara lo más posible en mi panza, porque si nacía para ese tiempo, tendría muy pocas posibilidades de vida".

   El reposo no funcionaba, los dopplers daban mal, Delfina no aumentaba de peso, podía quedarse sin oxígeno y morir en el vientre.

   "Yo no tenía ni hipertensión, ni diabetes, nunca fumé, ni sufría de cardiopatía. El diagnóstico de RCIU suele desarrollarse a raíz de éstos factores, pero en mi caso no había causa aparente. Sin embargo sus pataditas constantes, me decían que estaba ahí, esperando el momento para vernos".

   "Decidimos pese a los riesgos que la lucha de nuestra hija continuaría afuera de la panza y el martes 22 de octubre de 2013, con 28 semanas de gestación y 789 gramos, nació Delfina y su llanto, pese a todos los pronósticos, se escuchó en todo el quirófano de la clínica Matera. Ella quedó al cuidado de gente maravillosa a los que estaremos agradecidos de por vida".

   "Delfi nació prematura extrema, pero a pesar de su diagnóstico yo siempre trataba de entrar a Neo con la mejor sonrisa y muchas expectativas. Me sacaba y almacenaba leche en el lactario para el día que pudiéramos pasarle por sondita, fue creciendo gramito a gramito, con días mejores y otros peores, pero siempre acompañados por familia y amigos, amigos que también hicimos en Neo, médicos y enfermeras sin los cuales, la salud de Delfi no sería la de hoy".

   De ahí en adelante Delfina sobrevivió a varias apneas, una infección, una anemia para la que requirió varias transfusiones y una hernia inguinal.

El gran equipo de Neo de la Clínica Matera.

    "El martes 14 de enero (día que teníamos fecha probable de parto) tempranito nos fuimos de alta, con toda la felicidad del mundo. Tanto sufrimiento, tanta incertidumbre, lo habíamos logrado: 84 días eternos, de aprendizaje, entre la vida y la muerte constante. Donde no te importa nada más que el bienestar de tu bebé y del resto que ves ahí luchándola, tan tan chiquitos". 

   Delfina nunca sufrió una secuela por su prematurez. Cumplió hace unos días sus 7 años, transitando primer grado.

Delfina, hoy con 7 años

Fotos: Fotografías del Alma. @vani.castro_ph

   "Es una niña súper sana, sonríe, canta, baila todo el tiempo, se le cayó su primer dientito, es espontánea, ocurrente, no para de parlotear, colaboradora y solidaria, muy sincera, amiguera, siempre defendiendo lo que piensa y siente, nos da los abrazos, besos más tiernos y puros del mundo. Es una niña muy feliz y con eso alcanza para que seamos felices nosotros". 

 

Nina Ranilla Klein

   Daiana Klein y Jorge Ranilla cumplían 10 años de casados en enero de este año cuando se enteraron que Nina estaba "en camino".

   "Fue un embarazo hermoso, sin complicaciones, pero en la semana 26 comencé con contracciones que, en un principio pensé que eran normales y se iban a pasar. Al ver que no aflojaban fuimos a la guardia de la Clínica Matera a donde llegué totalmente dilatada y según me dijeron con la bebé lista para nacer. Fue la peor noticia, era un 6 de junio y yo tenía fecha de parto para el 10 de septiembre".

   Quisieron intentar un parto normal pero la presencia de sangre alertó que algo no andaba bien con la placenta.

   "Tenía sangre, la bolsa explotó literalmente, se me había desprendido. Me pasaron a cesárea urgente y recuerdo las palabras del doctor que me advertía que Nina estaba viva pero que nacer con 26 semanas de gestación era prácticamente un aborto".

   Daiana recuerda que recién la pudo conocer a las 23 y que cuando la vio no podía creer lo pequeña que era: pesaba 925 gramos y llegó a bajar hasta los 660.

   "Estaba envuelta en papel film para que no se deshidratara por el calor, toda conectada a infinidad de cables y monitores. Esa noche no pude dormir y a la mañana ya estaba en otra incubadora, con humedad, calor todos los cuidados que necesita una prematura extrema. Yo perdí mucha sangre y a Nina le faltó oxígeno, por lo que estuvo 48 dias con respirador, después con un Cpap, una canulita y pero para sacarle el respirador le tuvieron que dar corticoides durante 10 días. Y luego de otra descompensación importante, Nina comenzó a mejorar".

   Pero, en su internación, sufrió todos los problemas que suelen aquejar a los prematuros.

    "No hacía pis, tenía un ductus de corazón, le dieron inyecciones en los ojos porque las venas estaban creciendo mal, el día que cumplió 3 meses le hicieron fotocoagulación, por la anemia que tenía recibió 6 transfusiones, estuvo sin mi leche, solo con alimentación parenteral que llegaba todos los días de Buenos Aires y todavía hoy, espera seguir ganando peso para por fin poder entrar nuevamente a un quirófano para una operación de hernia de ombligo".

   El doctor Pablo Marinetti, que fue quien asistió al parto, sigue asombrado que después de 93 días de internación Nina siga creciendo sin problemas o consecuencias aparentes.

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   "Pero, tener un bebé prematuro en plena pandemia, en donde no podés compartir con amigos o familia el momento que estás pasando es realmente horrible. Ni siquiera podía darle un beso a Nina, mi hijo Teo, de entonces 8 años estaba viviendo con mi hermana y mis amigas tampoco podían venir, me acercaron un angelito de la Guarda que iba y venía a la clínica conmigo. Necesité mucho la palabra y el abrazo de mi mamá, que falleció hace 3 años. Fueron momentos claves y muy duros que tuvimos que pasar solos".

Nina con sus papás y su hermanito Teo

Hoy, con 5 meses y ¡4 kilos!

   A Nina le queda un largo camino por delante: controles de oídos, vista, una ecografía cerebral, la visita a un neurólogo y a un estimulador temprano.

"Cada día de vida y de progresos es un triunfo. Nunca nos enteramos por qué se desprendió la placenta y como mamá me seguiré preguntando qué pasó, pero mientras tanto, ver crecer a Nina sana y sin secuelas es un milagro".

 

La sonrisa de Luciano Gallardo

   Camila De Col tenía 22 años en 2015 cuando se enteró que estaba embarazada de Luciano y fue en sus primeros controles que supo también que tendría que cuidarse más que el resto: tenía una patología llamada placenta previa.

   "Fue un embarazo tranquilo y a los 6 o 7 meses, la placenta migró a su lugar y nos quedamos más tranquilos. Fue en la semana 32 que me empecé a hinchar y a retener líquido, me subía la presión pero cuando llegaba a la guardia, se normalizaba y no me medicaban. El 17 de julio me levanté de la silla y sentí lo que supongo sentirán las mujeres que rompen bolsa, pero en mi caso tenía un hilo grueso de sangre. Quedé internada por un posible desprendimiento de placenta y como mi obstetra estaba de vacaciones y no quiso venir, me atendió Milagros Fernández, que estaba en el Penna y se fue 'volando' hasta el Italiano donde estaba internada".

   Camila recuerda detalles de esa noche como si hubieran pasado ayer.

   "Su frecuencia cardíaca era de apenas 40 cuando lo normal es 140-160 para un bebé de ese tiempo de gestación. Casualmente, ese quirófano estaba listo para la cesárea programada de la locutora y astróloga Virginia Palacios, quien se preparaba para recibir a su primer hijo, Gael. Siempre digo que esos minutos que ganamos porque estaba todo el personal médico para Virginia fueron esenciales para salvarle la vida a mi hijo".

   Luciano nació sin frecuencia cardíaca, deprimido grave, pero con un buen peso a pesar de que hacía dos semanas que no crecía: 2 kilos 415 gramos.

   "Tuve también la suerte enorme de que estuviera de guardia el pediatra neonatólogo Oscar Bonino, que dio todo por reanimar a Luciano hasta que lo logró. Después tuvo un cuadro de neumotórax, drenaje pleural y una vía umbilical. Yo tuve una cesárea muy complicada con una hemorragia porque no me bajaba la presión".

Con el Doctor Oscar Bonino.

Cuando todos recuerdan su cesárea o su parto como algo tranquilo, donde los médicos hablan de otras cosas, Camila solo tiene en su mente el silencio que reinaba en la sala.

"Corrían de acá para allá y de repente todo lo que había soñado, un parto natural, sentada, tranquila no pudo ser y terminé en emergencias. Esperás la vida y casi que te encontrás con la muerte, con una desgracia enorme, incertidumbre, dolor, muchas preguntas y pocas respuestas. No te esperas recibir a tu hijo de una forma tan violenta".

Cuando por fin lo pudo conocer personalmente y no por las fotos que le acercaba su pareja, Camila solo atinó a cantarle.

Luciano hoy, con 5 años

   "Era tan chiquito, no podía creer que pesara dos kilos y lo primero que hice fue cantarle los temas de Cerati, como lo hacía en el embarazo. Lo miré, lo acaricié y se me vinieron una pila de sensaciones, emociones, una montaña rusa de sentimientos. El estuvo 17 días en Neo. Durante el día, vivía en el hospital y por las noches venía la incertidumbre y me la pasaba pegada al teléfono o llamando para ver si estaba todo bien".

   El día del alta llegó y fue recién ese día que Camila se sintió "mamá".

Con mamá Camila

   "Era tan chiquito pero por fin lo podía sostener en brazos y besarlo. De ahí en más quedaron algunos controles y durante dos años, estimulación temprana. Recuerdo que la chica que lo atendía a Lu se llamaba Moira y me ayudó muchísimo con la crianza, a enseñarle a comer, hablar, relacionarse. Recuerdo y destaco lo bien que me trataron en el Italiano, la paciencia de las enfermeras de Neo porque nunca te esperas que el mejor día de tu vida se pueda transformar en el peor. En la sala de Neo también encontrás mucho apoyo en el grupo de padres que tienen internados a sus hijos, fue vital para soportar el dolor".

   Hoy Luciano tiene 5 años, es un nene alegre, amoroso, ultra apegado a sus papás y muy mimoso.

   "Cuando te pasa algo como lo que nosotros vivimos, llegás a valorar hasta cada berrinche que hace tu hijo".

 

Candelaria en brazos de mamá

   Yesica Pérez tenía 7 meses de embarazo cuando tuvo que ser intervenida de urgencia por apendicitis.

   Candelaria Jazmín nació de urgencia el 7 de julio de 2015, con un kilo 670 gramos, en el Hospital Italiano, donde su madre sufrió en plena intervención un paro cardiorrespiratorio.

   "Ella tuvo que ser reanimada y estuvo la primera semana con respirador. Después fue evolucionando subiendo de a gramo y había momentos que bajaba y hubo un solo día, no me lo olvido, que sumó 40 gramos a su peso. Estuvimos un mes en Neo y mi cabeza, no paraba, había días que a pesar de la cesárea, me iba en cole a verla a porque tenía solo 2 visitas de media hora para poder estar con ella".

   Al mes recibió el alta, pero como sus ojos no maduraron al poco tiempo la tuvieron que operar.

   "Después al año ella comienza con bronquiolitis y volvió a internación, cuadro que se repitió a los dos años también pero con neumonía. A los 3 años, quedó internada nuevamente por un cuadro respiratorio grave que requirió respirador y tuvo que estar 16 días intubada. Cuando le dieron de alta no caminaba, estaba desnutrida y tuvimos que volver a aprender todo".

Los abuelos, el gran apoyo de Yesica

   Entre medio de tantos problemas, Yesica se separa de su pareja, pero rescata la ayuda de sus papás, "incondicionales en todo momento".

   "Cande comienza a rehabilitarse con su comida, con un estimulador para aprender a caminar de nuevo y lo logró. Salió adelante y fue entonces que conocimos a  un neumonólogo muy importante para nuestras vidas, el doctor Dragui, porque con sus tratamientos Cande dejó de tener problemas respiratorios".

   Emocionada recordando todo lo que vivieron, Yesica asegura que hoy Cande es una nena muy sana, muy alegre siempre está con todos sus pilas recargadas, es una nena especial".

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