Encargado del óvalo de Aldea

“Creo que todos debemos ponernos en el lugar del otro a la hora de opinar”, dijo Daniel Vicente

8/9/2019 | 06:30 |

El excampeón de Midget le explicó a “La Nueva.” cómo desarrolla su trabajo y cómo maneja la permanente exposición a la que su función lo somete. Por supuesto, Polenta también recordó su pasado al volante.

Fotos: Emmanuel Briane y Archivo- La Nueva.

Por Tomás Arribas / tarribas@lanueva.com
(Nota publicada en la edición impresa de hoy) 

   Nadie podrá dudar del rol que juega su participación en el show. Viernes tras viernes, su función lo transforma en uno de los máximos responsables del eficaz desarrollo de las competencias midgísticas.

   Desde hace aproximadamente 15 años (ver aparte), Daniel Vicente (60) carga consigo una de las tareas más arduas y desafiantes en el Club Midgistas del Sur: el tratamiento del óvalo de tierra del Héctor Evaristo Plano.

   Nunca antes ese cargo había tomado semejante relieve en la discusión popular tribunera. No es para menos si analizamos la actual era del derrape, con una exigencia equivalente a la potencia de más de 100 máquinas en pista.

   “A uno le duele cuando la crítica es excesiva. Siempre será bienvenida si es constructiva, pero todo tiene un límite. Siempre les digo a los periodistas que para hablar del circuito tienen que acercarse durante la semana y ver los trabajos que se hacen”, reconoce Vicente, uno de los volantes más aclamados por el público en los 80' y 90'.

   “Si uno trabaja y las cosas se hacen mal -agregó-, habrá que soportar que hablen de uno. Lo acepto. Pero uno hace lo humanamente posible para que todo salga bien, y las cosas no siempre salen tan mal como muchas veces se dice”.

   Más allá del costado ingrato del rol, ese inquebrantable factor denominado pasión empuja a Polenta, campeón del Estival 1987/88 (Tiro Federal), a ponerle el pecho a las balas y continuar trabajando para el bien del CMS.

   “No puedo hacer una pista para cada piloto, ellos tienen que amoldarse a lo que hay. Muchas veces uno puede equivocarse, como me ha pasado. Por ejemplo, en el verano pasado, que una fecha probé en hacer una pista más traccionadora que se terminó rompiendo y causando accidentes. Eso fue una consecuencia de andar haciendo experimentos, además que el clima tampoco había ayudado. Las cosas tienen que ser lo más seguras posibles. No me gusta jugar con la integridad física de los pilotos. Lo que busco es una pista traccionadora, dentro de todo lo posible, y segura, para que los pilotos puedan divertirse y no golpearse”, resumió Vicente.

   —¿Es más difícil lidiar con el clima o con los pilotos?

   —Naaaa... A ver, los pilotos consideran que soy un poco ogro, porque jamás me acerco a sus boxes a hablar o a interactuar con ellos. Con eso busco que no tengan posibilidad de recriminarme nada. Yo estoy en mi lugar haciendo lo mejor que puedo, y ellos en el suyo. Yo también fui piloto y gasté mucha plata. Creo que todos debemos ponernos en el lugar del otro a la hora de opinar. Si un día las cosas no salen, no es cuestión de cortarle la cabeza al culpable.

   “El clima es terrible. Fijate que en la última fecha de invierno, dentro de todo resultó una pista bastante atractiva en comparación a la anterior, donde me volví loco tratando de lidiar con la alta temperatura y el viento. Ni hablar si te llueve, tenés que remover y acomodar todo constantemente. Donde te llueve, perdiste todo lo hecho”, enfatizó.

   —Además, convengamos que acá hay que pensar en una pista para más de 100 autos...

   —Claro, antes se armaba un circuito para no más de 40 autos. Hace poco hice un cálculo aproximado, que refleja que, en una noche, a la pista se le dan alrededor de 10.800 vueltas. Pensemos en esa cantidad de giros, con la potencia de los autos de hoy y en una superficie como la tierra. Que se “engome” (en la jerga, cuando se habla de un piso pelado) es algo inevitable, pero que no se rompa creo que es un logro. Si a eso le sumás las inclemencias del tiempo, imaginate lo difícil que es armar una pista, y que encima garantice sobrepasos como lo exige la categoría.

   Más en la era moderna, con la enorme paridad existente entre las distintas máquinas. No por nada el registro de 16 ganadores en 18 fechas que reflejó el Estival pasado. Ello, según Polenta, puede ser una consecuencia de la supremacía de los motores Audi 1600.

   “En la época de Tiro, por ejemplo, además del Gacel, tenías el IKA, el Fiat, el Dodge y el Peugeot, por decir algunos motores. Eso hacía que varíe mucho el rendimiento, ya que todos aplicaban una puesta a punto distinta. Ahí sí capaz había un poco más de sobrepasos", argumentó.

"Veremos en el verano"

   Sin descanso, así de sencillo. Esa es la clave, según el propio Daniel Vicente, para el óptimo mantenimiento del prestigioso óvalo de Aldea Romana.

   “Termina la fecha y el sábado temprano ya se está trabajando. En el Invernal implementé un modo de trabajo que ha dado buenos resultados. Siempre se trabajó arando la pista antes del comienzo de la fecha, sacando la tierra para afuera y desparramándola hacia adentro por capas, para luego compactarla con pata de cabra y tractor. Ahora, directamente engancho la pata de cabra atrás de la motoniveladora, para así ir tirando capas muy finitas y a la vez afirmar la superficie. En invierno dio resultados, veremos en verano", reconoció Polenta.

   "Lo que siempre pretendí es que la pista se vaya degradando de a poco, y no que en la quinta serie ya haya un colchón de tierra grande afuera. De esta forma creo que se va a lograr", remarcó.

   —De más está decir que es mucho más fácil trabajar la pista en verano, ¿no?

   —Sí. En verano, la ventaja es que la humedad brota y eso te facilita el trabajo. En invierno uno hace de todo, pero a veces no hay con qué darle. Además, hay que mirar todo con lujo de detalles. Yo me doy cuenta muchas veces antes que se corra, si la pista se va a romper o no. En verano, si veo que una curva corre riesgo de romperse, no escatimo en subirme a la máquina y trabajar hasta minutos antes del desfile. Si tengo que trabajar desde las 5 hasta las 14, como lo he hecho, lo seguiré haciendo. Eso me pasó en la última fecha del Estival pasado (NdR: se corrió un domingo, por lluvias previas).

   —Actualmente, ¿en qué se está trabajando?

   —Estamos removiendo el suelo sin los muñecos de gomas en las curvas, para así sacar el excedente de tierra que queda depositada ahí durante toda la temporada. Esa tierra es muy aprovechable para la pista. Además, tenemos un problema con las curvas, que están un poco a desnivel del centro de pista, lo que no genera un buen drenaje cuando llueve. Para corregirlo hay que hacer un trabajo muy grande, y con bastante tierra, que hoy no la podemos conseguir. De todos modos, haya o no haya carrera, al circuito se le echa agua los 365 días del año. Donde no la regaste dos días, se parte la tierra y fuiste.

   Podrá gustar o no el circuito, pero al hombre no se le puede recriminar falta de dedicación o de meticulosidad en los trabajos. Basta con acercarse al predio cualquier día del año...

   Antes al derrape, hoy sobre la Motoniveladora, Vicente tiene bien ganado el respeto de la gente.

“Lo más valioso de todo fue el reconocimiento del público”

   "Tengo un tractor amarillo", sonaba de fondo en el anillo naranja de Tiro Federal, mientras Daniel Vicente irrumpía en pista para afrontar el plato fuerte de la jornada de turno.

   Una postal difícil de olvidar, como también su espectacular estilo de manejo al derrape; una insignia inconfundible.

   El aficionado del Midget de la década pasada recordará a Polenta no solo por su agresividad y temperamento al volante, sino por escoger mayormente el radio externo para el tránsito en competencia; fórmula que le ha dado buenos dividendos durante su etapa como animador de la categoría, la cual caducó a principios de 2001.

   Más allá de los 24 éxitos estivales y el título conseguido en la temporada 1987-88, para Polenta, quien debutó en la temporada 81-82, su paso por el Midget dejó algo aún más valioso que la fructífera estadística...

   "Gané un Estival, algunos campeonatos de invierno y siempre anduve medianamente en punta. Eran épocas muy lindas, con grandes batallas y rivalidades. Pero, lo más valioso de todo, fue el reconocimiento del público a lo largo de los años", destacó Daniel.

   "Nunca corrí con una calculadora pensando en el campeonato. Siempre lo hice para acelerar y brindarme a la gente. Gracias a eso tuve muchos fanáticos y gente que me siguió. De hecho hoy, después de tanto tiempo, me saludan y me piden que vuelva. Pero ya no, eso es imposible. Sí me dan ganas de subirme a dar una vueltas cada tanto, pero solo eso", reconoció.

   —Estando tan cerca de los autos, ¿nunca se te pasó por la cabeza volver? No lo veo tan imposible...

   —Miro pocas carreras, porque estoy tanto acá adentro que satura un poco. Solamente miro las semifinales y las finales. Prefiero recordar lo lindo que fue el pasado y el reconocimiento del público. Yo siempre supe que mi manera de correr gustaba y creo que es por eso que les brindé que hoy me siguen reconociendo. Eso es lo que más que llena, porque evidentemente uno dejó un sello en la categoría.

“Llevo casi 15 años arriba de la máquina”

   El comienzo. "Llevo en esto casi 15 años. Creo haber dado más vueltas en la máquina que con el Midget. Me acuerdo que en esa época andaba mal de trabajo, y no recuerdo quien me generó el vínculo con el club para que yo le diera una mano a Petrocchi (Rubén) con la pista. Anduve así dos años, hasta que de golpe y porrazo Petrocchi se fue y me quedé a cargo", reconoció.

   A través del error. "La padecí bastante, con muchos errores, pero todos los días aprendiendo algo nuevo. Lamentablemente es tierra, entonces la equivocación está a la orden del día. Con una equivocación, probablemente encuentres una solución y viceversa. Yo lo hago por necesidad, pero con mucho amor y cariño. Todos los días trato de renovarme o hacer algo nuevo", cerró.

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