¿Qué hacen los mejores promedios luego de estudiar?

18/8/2019 | 06:30 |

Les preguntamos a 6 egresados de la UNS y la UTN qué es de su vida académica o laboral ahora que son profesionales.

Fotos: Archivo La Nueva y Prensa UNS.

Federico Moreno/ fmoreno@lanueva.com

Entre las cinco ceremonias de la Universidad Nacional del Sur y la única correspondiente a la Universidad Tecnológica Nacional, cientos de egresados tuvieron su colación de grado en lo que va del 2019. De todos ellos, particularmente seis alumnos sobresalieron por haber obtenido el mejor promedio de cada colación.

En tiempos donde se ponen en tela juicio las oportunidades laborales que hay hasta para los nuevos profesionales, “La Nueva.” se puso en contacto con estos egresados, que al menos en el plano académico demostraron ser los más preparados, para conocer su presente laboral y sus expectativas.

Vivir de lo aprendido

Alexis Darian Gentili tiene 24 años, es de Villa Iris y estudió en la escuela primaria N°3 y en la secundaria N°4 de dicha localidad. Se recibió de técnico universitario en Emprendimientos Audiovisuales con un promedio de 9,10 y celebra que hoy vive gracias a un emprendimiento propio.

“Sí, estoy viviendo de esto. Es sacrificado, es un desafío y lleva sus horas, pero con mi socio y compañero de carrera, Franco Tarantino, podemos decir que hoy trabajamos exclusivamente de esto”. “Esto” consiste, según contó el joven, en un proyecto que nació durante la carrera y que hoy, bajo el nombre de Caracol Producciones, genera trabajo para periodistas y diseñadores gráficos, entre otros profesionales del ámbito local.

“Cuando entré a la carrera pensaba que una vez recibido iba a caer con el título a algún lado y trabajar para alguien, pero el contenido de la misma está bárbaro y fomenta los emprendimientos personales, así que me cambió totalmente de idea. Hoy viajamos constantemente a Neuquén, La Pampa, Buenos Aires y La Plata, y hemos hecho trabajos para gente hasta de Chile y Uruguay”, contó Gentili.

Alexis Gentili.

Cada uno a su ritmo

Alejandro Miguel Fernández tiene 34 años, es bahiense y se recibió de licenciado en Filosofía con un promedio de 9,79 tras diez años de carrera. Asistió a la escuela primaria N°21 del barrio Boulevard Juan B. Justo y a la secundaria del colegio Don Bosco.

“Cuando terminé el colegio empecé Abogacía, pero hice solo un año, después trabajé y estuve desconectado de la universidad, aunque leyendo porque siempre me gustó mucho. Gran parte de la carrera trabajé medio turno en el bingo, aunque los últimos tres tuve que dejar para poder dedicarme de lleno a recibirme”, explicó el filósofo.

El presente lo encuentra realizando una beca de tres años de iniciación a la investigación, orientada al suicidio en la tragedia y a la filosofía antigua, que una vez finalizada podrá extenderse dos años más para completar el doctorado.

Sobre la esencia de la universidad pública, Fernández destacó la calidad humana de los docentes, que siempre le generaron ganas de seguir mejorando, y a modo de reflexión opinó: “Espero que esto le sirva a la gente que piensa que hay que estudiar a determinada edad o si no será tarde. Está bueno saber que la posibilidad de estudiar siempre está y que el hecho de que a uno se le haga más larga la carrera no significa que le falte responsabilidad, sino que depende de la etapa de la vida en la que cada uno se encuentre”.

Alejandro Fernández.

Cuatro años más

Melisa Ostrowski es bahiense, tiene 25 años y tras cursar todos sus estudios en el colegio San Francisco de Asís, se recibió al día de la carrera de Medicina en la UNS, con un promedio de 9,41.

“Actualmente soy residente de clínica médica del hospital Municipal, que era a lo que apuntaba ni bien terminé la carrera y por suerte lo logré. Ahora esta etapa son cuatro años, y después veré si hago una especialización más en endocrinología, pero por ahora mi primera meta es la clínica médica”, explicó la joven.

Sobre la carrera, Melisa contó que lo que más le gustó fue la “oportunidad de tomar contacto con pacientes y concurrir a hospitales desde los primeros años”. “Eso me parece fundamental, y es algo que diferencia a la UNS de otras universidades. También el énfasis en el enfoque multidisciplinario y el trabajo en equipo, que es importantísimo; así como el aprendizaje basado en problemas que llama a construir conocimientos entre todos, tutores y alumnos, es algo que también disfruté", analizó.

Melisa Ostrowski.

En Córdoba y para el mundo

Martín Samuel Falco tiene 25 años, es de General Pico (La Pampa) y asistió a la primaria N°57 y a la Técnica N°2 de aquella ciudad, antes de recibirse de ingeniero electrónico en la UNS con un promedio de 9,26.

“Desde diciembre estoy trabajando en Córdoba en Inphi, una empresa que se dedica a hacer microelectrónica, chips para comunicaciones ópticas. En la universidad medio que nos vendían que a los promedios altos nos iban a venir a golpear la puerta, pero yo tuve que tirar bastantes currículums”, explicó el joven pampeano.

“Originalmente me gustaba la idea de hacer una maestría, porque por lo general estas son más aplicadas que los doctorados, que tampoco me seducían porque solés terminar en investigación y la situación del país no era la mejor, pero la cosa es que justo me llamaron de esta multinacional, donde se trabaja con la mejor tecnología disponible y me siento muy cómodo”, agregó Falco.

Sobre la carrera, recordó que la eligió por su gusto por la música y las vinculaciones que esta y la ingeniería electrónica pueden tener, y también los años en que cada vez eran menos alumnos por clase. “En 2013 éramos 43 ingresantes entre Electrónica y Electricista, ya para el segundo año éramos solo dos los que estábamos al día. En quinto año era normal tener clases de entre 3 y 10 alumnos”.

Martín Falco.

Oportunidad inmediata

Lara Micaela Eliseo Ferrer es bahiense, tiene 22 años y cursó sus estudios en el Ciclo Básico y posteriormente en la Escuela Normal. En diciembre de 2018 se recibió de profesora de Educación Inicial con un promedio de 9,39, y apenas un mes después ya había conseguido trabajo en un jardín de infantes.

“Ese mismo diciembre repartí currículums y en enero entré en un jardín privado en el que me encuentro actualmente. Paralamente, mi intención es buscar nuevas oportunidades en el ámbito público, asistir a actos públicos, etc.”.

Sobre la posibilidad de continuar su formación académica, la joven explicó: “Este año lo tomé para hacer experiencia laboral, pero tengo ganas de hacer la licenciatura en Educación Inicial, que se hace a distancia con una universidad de Tandil”.

Y con respecto a las enseñanzas que le dejó su etapa en la UNS, la docente sostuvo que “la vida universitaria a uno le genera mucho cansancio, exigencias y estrés, pero también tiene su gran parte de disfrute, que consiste en los amigos que uno cosecha durante esos años y para toda la vida, que al fin de cuentas es lo más importante”.

Lara Eliseo.

Lo privado puede esperar

Santiago Osinaga tiene 25 años, es bahiense, cursó sus estudios en el Colegio La Inmaculada, y se recibió de ingeniero mecánico en la UTN-FRBB con un promedio de 8,88.

“Hoy sigo en la UTN como becario del Conicet, ya que estoy haciendo el doctorado con el Grupo de Investigación Multifísica Aplicada (Gimap), bajo la dirección de Sebastián Machado y Mariano Febo. Ya estoy en el segundo año del doctorado, porque si bien mi colación fue este año, yo me recibí a fines de 2017. El tema de mi tesis es la utilización de materiales piezoeléctricos para recuperación de energía en pavimentos”.

Sobre su presente, Santiago contó que “era lo que quería desde cuarto año de la carrera, ya que en ese momento entré como becario alumno en este mismo grupo y me gustó mucho. En Conicet no hay muchos ingenieros, por lo general la salida más inmediata es la industria, pero la posibilidad existe y es bastante interesante. A mí me ofreció Machado hacer el doctorado y por suerte mi promedio ayudó a que me dieran la beca”.


Santiago Osinaga.

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