El debate del momento

Dolarización, esa palabra que despierta adhesiones y rechazos por igual

10/11/2019 | 07:30 |

De un lado y otro de la ciencia económica, hay argumentos que justifican esta iniciativa, pero también se advierte sobre sus posibles consecuencias.

Francisco Rinaldi

frinaldi@lanueva.com

    Dolarización, la palabra que en estos días enfrenta a los economistas argentinos, que se dividen entre quienes piensan que tener una moneda propia es una verdadera utopía en un país tan inestable y poco apegado a las normas como el nuestro y los que creen que las experiencias ajenas, como la de Grecia, que resignó su moneda en favor del euro, deberían llevar a desechar por completo esta alternativa.

     De un lado y otro, los argumentos tienen sus pros y sus contras. Para los defensores de la dolarización, la falta de la confianza en un signo monetario que nadie quiere debería ser motivo más que suficiente para adoptarla, mientras que sus detractores advierten que las consecuencias de seguir por este camino hacen pensar en aquel viejo refrán de un remedio peor que la enfermedad.

      Sin embargo, una cosa es cierta: las tenencias de pesos por parte de los argentinos (la demanda de dinero), se halla en los niveles más bajos en 18 años. Del otro lado, los casi dos millones de personas que acudieron al mercado de divisas a comprar dólares el mes pasado, lo que obligó a reforzar todavía más al cepo cambiario, es una clara muestra de que la gente ya eligió en que moneda confía.

     “Hay que dolarizar la economía porque el peso no sirve ni para limpiarse el c...Lo de la soberanía monetaria que algunos esgrimen es un verso y solamente sirvió para que la corporación política argentina estafe otra vez a la población a través de la inflación, que es fruto de la falsificación de dinero y que los beneficia”, explica, fiel a su estilo, el economista Javier Milei.

     Agregó que “cuando se abandonó la Convertibilidad, le dijeron a la gente que iba a ser mejor porque era más flexible y no sé cuantas cosas más. ¿Y qué pasó? Otra vez, la volvieron a estafar”, recuerda Milei.

      Pero más allá de admitir que el peso no figura al tope de las preferencias de los argentinos, para el analista local Jorge Pazzi, dolarizar la economía no es una buena idea.

      “En un sistema bancario como el nuestro, con reservas fraccionarias (N de R: los bancos pueden prestar un porcentaje de los depósitos a plazo que reciben, teniendo que dejar un porcentaje de los mismos “encajado” en el BCRA), se corre el riesgo de quedarse sin prestamista de última instancia, porque si por alguna causa la gente acude masivamente a retirar sus depósitos ¿de dónde se van a sacar los dólares necesarios para dárselos?”.

      “Precisamente, si no hay dolarización y ante la misma circunstancia, los pesos que no están en el banco, porque están prestados a terceros, los puede acercar el prestamista, que sería el BCRA, simplemente, emitiéndolos y, de esa forma, aplacando la corrida”, señala Pazzi.
Otra de las posibles  contras de la dolarización tiene que ver con la imposibilidad de hacer política monetaria contracíclica, esto es, “meter plata” en la economía -a través del canal del crédito barato, por ejemplo- cuando su motor empiece a fallar.

       “En realidad, la gran mayoría de los ciclos tienen que ver con la política monetaria, que se suele utilizar en nuestro país para financiar la estafa estatal del gasto público y la política fiscal, que es siempre expansiva”, advierte Milei.

      Pero no es todo. Las diferencias relativas de productividades (es decir, sectores o industrias dinámicas con fuerte capacidad de  producción, con chances de competir internacionalmente versus sectores o industrias más rezagados) pueden jugar una muy mala pasada a la estrategia dolarizadora.  

     De hecho, la experiencia de la moneda única europea deja una valiosa advertencia.

     “El euro que se adoptó en Europa implicó que economías que son muy diferentes se ataran a productividades que no les eran propias. La discusión por la adhesión al euro en Grecia señalaba que era conveniente porque arrojaría importantes ganancias desde lo institucional”.

     “El problema es que los griegos no tienen la productividad de los alemanes y con un euro muy apreciado, las importaciones se hicieron más convenientes, lo que produjo enormes rojos de cuenta corriente (N de R: diferencia entre las exportaciones y las importaciones) que se cubrían con deuda externa. Y ya sabemos lo mal que terminó esa experiencia”, rememora Pazzi.

      ¿Desdolarizar? Difícil...
      Por estos días circuló una propuesta totalmente diferente a la idea de adoptar al “billete verde” como moneda. Pertenece a la ex titular del BCRA, Mercedes Marcó del Pont, quien aboga por erradicar al dólar de la economía argentina.

     “Yo le preguntaría a Mercedes Marcó del Pont si hay alguna posibilidad de que me venda su casa a 30 años, en pesos y a una tasa de interés anual del 2%... ¡seguro que me diría que no! ¿entonces? Esa idea es una p.... del tamaño de una casa. De hecho lo intentó cuando fue titular del BCRA y aceleró todavía más la inflación. ¿Y sabe quién acompañaba a Marcó del Pont? Matías Kulfas (posible futuro ministro de Economía de Alberto Fernández), ¿qué podés esperar de esa gente? “ se ofusca Milei.

     Al economista libertario ni siquiera lo seduce el futuro nombramiento de uno de sus amigos en el Palacio de Hacienda, el negociador de los dos acuerdos de la Argentina con el FMI de 2003, Guillermo Nielsen.

      “Suponete que por algún motivo, Sacachispas lo ficha a Messi, ¿vos creés que le puede ganar a Boca Juniors? Si a Nielsen lo rodean los orcos, le va a ir mal”.

      “Guillermo es un profesional muy talentoso, podría ser un excelente ministro de Economía, porque tiene amplio poder de convencimiento a la clase política, el problema que lo dejen jugar y yo eso, lo veo muy difícil”, admite Milei.

      Pensando en el futuro de la economía nacional después de diciembre, advierte que es muy voluntarista pensar que nuestro país podrá sortear sin ningún problema un posible default de su deuda.

       “Más allá de quien hubiera ganado en octubre, se necesita un superávit primario de 3,5 puntos del PBI para poder pagar sin sobresaltos y con suerte vas a llegar 1% abajo a 2019. Para arribar a esa cifra de superávit tenés que un ajuste es del 5% del PBI. Y eso no lo dice nadie. Es más, en los primeros cinco meses del año hay que pagar 22.000 millones de dólares y la plata no está”.

      “Por eso, me parece muy voluntarista pensar que no se va defaultear”, recalca Milei.

      Los argumentos de un lado y otro son muchos y atendibles. Aunque tienen una meta común: satisfacer la necesidad de una sociedad deseosa de confiar en algo. O en alguien.

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