Bahía Blanca | Martes, 16 de agosto

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Con muy buenos precios, la cebada es la niña bonita de la temporada

La tonelada de forrajera cuesta 50 dólares más que en mayo de 2017. El mercado mundial proyecta que las existencias no podrán cubrir la creciente demanda.

Fotos: Archivo La Nueva.

Hernán Guercio / hguercio@lanueva.com.ar

   Aproximadamente un área de siembra de un millón de hectáreas con una proyección -a futuro- superior a las 5 millones de toneladas; precios más que interesantes; un mercado internacional en el que la demanda será superior a los stocks, y dos calidades bien diferenciadas que dejan liquidez y la posibilidad de obtener buenos márgenes de divisas con las exportaciones.
   El récord conseguido por el cultivo de cebada hace algunos años, de 1,2 millones de hectáreas y 5,3 millones de producción no parece tan lejano y algunos ya plantean que por las condiciones del mercado internacional es necesario superarlo para terminar de posicionar al país como un jugador fundamental en el tablero del cultivo.
   En el sudoeste bonaerense, se espera que el área a implantar crezca un 10% respecto al año pasado, ubicándose en las 350 mil hectáreas, lo que representaría un tercio de la superficie nacional. En el sudeste de la provincia, por su parte, se implantarían entre 500 mil y 600 mil.
   Los precios son por demás promisorios: en futuros a diciembre/enero, el valor de la tonelada forrajera oscila hoy entre 185 y 195 dólares, 50 dólares por encima de mayo de 2017.

   En el mundo, nuestro país se ha ubicado como un exportador de referencia: vende el 25% del stock mundial de cebada cervecera y alrededor del 5% de la forrajera. Incluso, desde las malteras argentinas se está pidiendo incrementar la superficie, y por ende la producción, para satisfacer la demanda mundial de cervecera.
   Si a esto se suman las precipitaciones de las últimas semanas, que ofrecen un panorama ideal de siembra, el escenario es prácticamente ideal para el cultivo.
   Al respecto, el analista de mercados y consultor privado Iván Ullmann destacó que los números que lanzó el USDA la semana pasada marcan que el mercado mundial de cebada será demandante a nivel global.
   “Esta será la tercera campaña en que la relación-consumo se ajuste, ya que las existencias caen frente ante la demanda del ciclo”, aseguró.

   Además, el principal comprador de cebada argentina, que es Arabia Saudita -el 65% de las exportaciones a ese país salen desde el puerto de Bahía Blanca-, será superado este año por China.
   “Esto es muy bueno, porque se convertiría en el principal importador a nivel mundial y significa una gran proyección de crecimiento para la exportación nacional de cebada”, consideró.
   Con Ullmann coincidió el ingeniero agrónomo Fidel Cortese, uno de los referentes del cultivo en todo el país, quien estimó que el área de siembra crecerá alrededor del 10/15% aunque –explicó- todavía es temprano para hacer estimaciones de este tipo.
   “Hoy por hoy, la tendencia es similar a la del año pasado: se trata de un cultivo muy rentable, con una relación insumo/producto que es la más baja en muchos años, incluyendo los fertilizantes. El productor debe volcarse a cebada, buscando hacerla de calidad; la forrajera es una alternativa interesante, pero con la maltera -tanto para maltería como para exportación- los márgenes son mayores”, dijo a “La Nueva.”.
   Este último es un punto a tener en cuenta: el valor por tonelada de forrajera está 40/50 dólares por encima que esta fecha del año pasado, mientras que para una maltera oscila entre 30 y 40. Incluso, hoy el precio de referencia es el de la cebada forrajera, a la que se le suma una prima o bonificación cuando alcanza la calidad cervecera.

Un mercado de forrajeras con precio sostenible está traccionando el crecimiento del área y establece el piso del precio a la cebada cervecera.

   “Lo que vemos es lo que venimos diciendo hace un año: hay demanda de cebada de calidad en el mundo; por lo tanto, el que la produzca podrá venderla a muy buenos precios.
   “El productor tiene una red de salvataje, porque si no da la calidad cervecera, podrá ir a hacia la forrajera, donde hoy se pueden hacer forwards de entre 185 y 195 dólares. Si el año pasado el número cerraba medio justo, este año lo hará bien”, aseguró.
   Al respecto, recordó que en 2017 no se pensaba que la forrajera tomara tal importancia en el mercado internacional, llevando de la mano a la producción argentina.
   “Si bien es un mercado chico, estamos en condiciones de colocar un millón de toneladas –un número importante para nosotros- en un mercado mundial de 25/28 millones de toneladas de forrajera”, explicó.

   Según Cortese, la diferencia entre hacer cebada forrajera y maltera no es tan importante en costos, aunque sí en algunos manejos puntuales: por ejemplo, la primera de ellas no necesita pureza varietal, pero si esta se consigue, se puede participar en los dos mercados. Con el control de enfermedades ocurre algo similar.
   “La única diferencia entre una y otra, es que con la forrajera se puede evitar el ajuste de nitrógeno sobre el final del macollaje o durante el cañazón. Pero es un costo menor y hoy, viendo que los márgenes de una forrajera ante una cervecera son de entre 25 a 30 dólares por hectárea a favor de la última, termina siendo una diferencia como para pensar en jugar el partido para los dos lados”, dijo.
   La suba de los costos tampoco tiene una incidencia negativa: “con un precio de gasoil más alto y una carga impositiva mayor, los precios nacionales e internacionales son mejores aún que los del año pasado”.

Mejores números del trigo

   Para Cortese, no hay secretos: los números de la cebada cierran mejor que con el trigo, principal cultivo del SOB.
   “Hoy la cebada, sobre todo en el sudoeste, tiene una performance mayor a la del trigo, con entre el 10 y 20% más de rendimiento. En las zonas que se hace soja de segunda, también vemos que esa soja rinde mucho más que con el trigo: el margen final del lote cebada-soja de segunda frente a trigo-soja de segunda es mucho más amplio, y con mejores tiempos”, afirmó.
   “Por ejemplo, hoy lo estamos viendo: las sojas de segunda hechas sobre cebada se van a cosechar por más que los rindes sean magros; pero las que se hicieron sobre trigo ya fueron pastoreadas o se secaron hace rato”, añadió.
   Cortese descartó que haya que pensar en un cultivo y no pensar en el otro: lo mejor, consideró, es tener una explotación balanceada.


   “Hoy se ven trigos disponibles de 250 dólares por tonelada. Hay que usar los dos cultivos, como complementarios. El mercado de forrajeras se da entre diciembre y marzo, entonces se vende la cebada y se guarda el trigo para más adelante; hay que ir jugando con los dos mercados. El mismo planteo hay que hacerse con la cebada forrajera y la cervecera”, explicó.
   Cortese también advirtió sobre lo que denominó “una trampa”: el uso de una sola variedad de semillas sin buscar nuevas variedades.
   “Hasta 2012 teníamos el 85/90% del país con Scarlett; se quebró la resistencia a las enfermedades y chocamos contra la pared. Ahora estamos viviendo un proceso similar con la variedad Andreia y no queremos que la historia se repita”, señaló.
   “Por eso, hay que fomentar el desarrollo de nuevas variedades. Tenemos algunas de las mejores del mundo en nuestro país y algunas ya están inscriptas”, añadió.

Proteína vs. cerveza artesanal

   Las cervecerías artesanales aparecieron con fuerza hace un par de años en el mercado, aprovechando aquellas maltas hechas en base a una cebada de menor proteína -entre 9,1 y 9,5- que las que normalmente se destinan a la industria maltera.
   Es decir, terminan comprando la cebada que no da la calidad de cervecera.
   “En realidad, las cervecerías artesanales no usan adjuntos como receta o como principio, para  fabricar una cerveza artesanal -aseguró a La Nueva. Damián Lemble, de Maltear-. Las industriales sí o sí precisan una malta con mayor proteína, porque caso contrario no logran un buen proceso de fabricación”.
   "El mercado artesanal no busca proteína, porque producir así es más barato, y la elección de la malta se da por el gusto que otorga", agregó.
   Esto -explicó- permite que el cervecero artesanal use una malta con menor proteína, lo que reditúa con un mayor rendimiento relacionado con la cantidad de litros de cerveza por kilos de malta.

   “A ver, no estamos hablando de un límite muy distinto a los requerimientos para cebada cervecera, porque esta última necesita un nivel mínimo de 9,5 de proteínas, y nosotros usamos entre 9,1 y 9,5”, dijo.
   Este porcentaje, manifestó Lemble, no se nota mucho en cuanto al parámetro de proteína dentro de la malta. Sin embargo, aclaró que en algunas ocasiones las cervecerías industriales están obligados a utilizarla si en el mercado no hay cebada con el nivel  que ellos necesitan.
   “En nuestro caso, con el volumen que manejamos, producimos la cebada que consumimos. Sabemos qué tecnología aplicar para las maltas que van al mercado artesanal”, señaló.
   Lemble también remarcó que uno de los parámetros que más ilusiona a los cerveceros artesanales es que en otras partes del mundo, el consumo de cerveza artesanal sobre el de la cerveza industrial, ronda entre el 10 y el 14%, mientras que en la Argentina apenas alcanza al 4%.
   “Pensando en números fríos, si en proporción se consumiera lo mismo acá que en EE.UU., un productor de pequeña escala podría producir cuatro o cinco veces más”, estimó.