Esa oruga mágica

3/6/2017 | 19:38 |

Por
David Roldán

El Ice constituye uno de los ejemplos modernos que presentan los servicios de trenes en Europa.

Se originó en Alemania a mediados de la década del 80 y hoy ya cuenta con versiones con velocidades de hasta 380 kilómetros por hora.

La experiencia a bordo es fantástica.

Como decíamos la semana anterior, tiene un cómulo de comodidades que permiten reemplazar al avión, fundamentalmente en trayectos cortos, donde no se pierden tiempo en los "chek in", pero también en otros más extensos.

Recuerdo haber estado a bordo en más de una oportunidad y sentí el placer de un servicio como pocos.

Mi primer viaje fue entre Franckfurt (Alemania) y París y el último, entre Zurich (Suiza) y Franckfurt, desde donde debía tomar el avión de regreso a Argentina.

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Lo anecdótico fue el final de este trayecto.

La caballerosidad me jugo una mala pasada.

Una mujer mayor me pidió ayuda para bajar sus maletas.

Lo hice, notando que todos los que subían se fastidiaban porque iba en sentido contrario y... con valijas.

De pronto, comencé a sentir que las puertas automáticas comenzaban a cerrarse y... me quedaba a bordo.

El guarda, también molesto, me ayudó. Es que estaba bajando por donde se subía.

"Cosa de paisano..." hubiera dicho un amigo.

Cierto, Cuando quise acordar, el Ice había desaparecido...

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