Bahía come y toma

La nueva pasión de los chicos

8/1/2016 | 00:14 |

Por
Mariana Kiehr

Un territorio que parecía hasta hace poco exclusividad del universo de los adultos y que ha pasado a ser otra de las opciones de juego y desarrollo de los chicos, es la cocina.

A partir de un famoso programa de TV, florecen las ofertas para que los más pequeños entren al mundo de la gastronomía. Escuela de cocineritos, taller de cocina, curso de cupcakes para niñas. Las opciones son de lo más variadas y accesibles a casi todas las edades. Una moda que también se trasladó a los juguetes infantiles, donde ya no se trata de “pasar el tiempo”, sino de crear verdaderos alimentos con máquinas que emulan las profesionales pero que están adaptadas a las posibilidades de niños.

Así los vemos preparar pochoclos reales, helados, garrapiñadas o inclusive barras de cereal para deleite de la familia y amigos.

Lo interesante es que con estas actividades culinarias los niños aprenden y desarrollan habilidades esenciales.

Una de ellas es la de seguir instrucciones, las cuales se vuelven cada vez más complejas, y mejoran sus niveles de atención y su capacidad de alcanzar metas. La cocina no puede apurarse para funcionar correctamente, la alquimia necesaria requiere de paciencia, un bien más que preciado para sumarle a los querubines del hogar, acostumbrados ya a la era y la inmediatez del todo al alcance de un click.

La cocina también puede ser una forma para que el pequeño empiece a entender la importancia de ayudar en las tareas de la casa. Lavar los instrumentos de cocina utilizados, dejar organizada el área de trabajo, aprender a manipular correctamente los alimentos, son actividades que incorporan casi a la par de las recetas y el juego.

Si la posibilidad de tener una huerta y de allí sumar los ingredientes está presente, la ganancia es completa, ya que no sólo se trabaja en la cocina sino que se integra el aprendizaje del ciclo natural y su importancia en la alimentación.

Para que los pequeños sientan que es un momento o actividad especial, puede hacerse todo un ritual en el que se dispone de un uniforme con un delantal, y de una rutina que incluya el lavado de manos y el recogido del cabello en las niñas.

Acompañarlos y guiarlos en el proceso, pero dándoles siempre la seguridad y responsabilidad de sus platos, dejarlos innovar, ser creativos y motivarlos parece ser parte de esta receta. Porque en definitiva, cocinar es un acto de amor que, como pasa en todas las cosas, es mucho mejor si es compartido.

En nuestra ciudad la tendencia también ha sido instalada y encontramos por ejemplo la opción de cocina para niños en la mayoría de las colonias de vacaciones que se ofrecen en las Casitas de Fiestas, simplemente como una posibilidad más para jugar, entretenerse, colorear y poner las manos en la masa. Daniela Cosas Ricas, en Bahía Blanca, ofrece talleres para Cocineritos y también Pastelería para Jóvenes, especialmente en vacaciones. El IGA (Instituto Gastronómico de las Américas sucursal Bahía Blanca) ofrece anualmente su curso de cocina para niños ya para aquellos que pasando del juego, quieren animarse a pensarlo desde un lugar más profesional y, por qué no, como un desarrollo de carrera al futuro.

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