Para no llamarse a engaño

5/2/2018 | 06:30 |

por Miguel Angel Asad

Fidel Castro derrocó a Batista con mas dólares que voluntarios revolucionarios, comprando defecciones del tirano abandonado por su amo del Norte. Esa “gesta” habría de tener un precio para Estados Unidos. Debía dejarse aparecer como vencida en Playa Girón.Castro quedaba -en secreto consentido-en hacer de Cuba la fragua donde formar guerrilleros para Sudamérica -entre otros- que luego, por su accionar violento, justificaran a Estados Unidos imponer a sus Videla, sus Pinochet, con la Operacion Cóndor. Feinmann, en La sangre derramada, lo explicita: “¿Quién puede no pensar con dolor, casi contra uno mismo, que el Che Guevara es uno de los grandes responsables de las masacres de nuestro continente?”. 
Una profunda alegría sentí al leer la nota del Señor Rogelio Alanis titulada “Secuestro, martirio y muerte del Coronel Larrabure”, por las verdades manifestadas en ella. Pero, al mismo tiempo, me invadió una tristeza mayúscula al ser testigo de una de las injusticias más grandes que puede sufrir un ser humano, que consiste, en primer lugar, en quitarle la vida y negarle a él y a sus familiares el derecho a que ese crimen sea punible. El crimen del coronel Argentino del Valle Larrabure es el emblema de los miles de crímenes de lesa humanidad cometidos por los terroristas en los setenta y la prueba fiel e incontrastable de que no luchaban contra ninguna dictadura -los hechos ocurrieron entre el 11 de agosto de 1974 y el 19 de agosto de 1975-, durante la vigencia de un gobierno democrático. Por eso ni Cristina ni Mauricio han restituido el cuadro de María Estela Cartas de Perón en la Casa Rosada junto a todos los presidentes, como cuadraría en justicia. Los zurdos no le perdonan a Isabel el Operativo Tucumán, ni a Perón el decreto que lo ordenaba antes de morir. Cristina no le perdonaba a Isabel ni a Perón que la redujera a una próspera inmobiliaria en el sur al amparo usurario de la 1.070 de Martínez de Hoz. 
Macri no puede contrariar a su ministro Aranguren -Shell-, a la cual Isabel les quitó y nacionalizó todas las bocas de expendio, y porque contra Inglaterra ordenó a la Marina que le bombardeara el barco pirata en aguas argentinas Shackleton, preludio del posterior genocida ataque al crucero General Belgrano de la Gran Bretaña. 
Así llegamos al estado actual, en que el gobierno orina fuera del tarro: los militares que estén bien juzgados -no todos- y condenados por delitos comprobados fehacientemente, que cumplan sus condenas con respeto estricto de todos los derechos humanos. Pero hay una deuda pendiente de “ley pareja” para aplicársele a los amnistiados del tío Cámpora a los que hay que quitarles el escudo protector de “militantes de la liberación” o “integrantes de la juventud maravillosa”, o “de exclusiva resistencia a la dictadura”. Hay que derogar la ley de amnistía que los parió impolutos. Leyes, fallos y dichos de juristas así lo confirman. La judicatura nacional los ignora injustificadamente. Su objetivo siniestro (al precio de un millón de muertos según Santucho, del “palo” de Peteco Carabajal) no fue la persona, sino la humanidad. 
Tal como también ocurrió con los 1.501 asesinatos ejecutados por los terroristas, y los 21.642 atentados subversivos amnistiados por la amnesia de Carlotto. Otro ejemplo vergonzante, el asesinato de Rucci. No fueron hechos aislados, sino generalizados y sistemáticos para provocar terror en la población. Sus autores obedecían órdenes de jefes que tenían jerarquía militar y se regían por un código militar propio, con armas de fabricación casera estandarizada. Fueron entrenados en Cuba -su terrorismo tenía ese Estado detrás-  y después fueron protegidos por las autoridades del Estado Argentino que los amnistió en mayo de 1973, reformando el Código Penal en su articulo 80, para que el asesinato del juez o de un militar no fuese penado con reclusión perpetua, y disolvió la Cámara Federal que los juzgó y condenó. Ahora que está en plena ejecución “la guerra social” que Schoklender proclamara en una cátedra de la Universidad de las Madres (altri tempo) como etapa culminante de la guerra sucia de los 70 y meta a alcanzar -hoy- en pleno desarrollo. Y cuyo entrenamiento se consuma en la “guerrilla urbana” remozada en los últimos hechos circa la Plaza del Congreso, inmerso en “un pais al margen de la ley”. 
Ninguna diferencia había entre los ataques violentos de los últimos días del 2017 alrededor del Congreso -afuera- con muchos de los violentos y genocidas amnistiados por Cámpora -adentro- ocupando bancas. Y no me engaña el acuerdo secreto de Fidel Castro Ruz con la CIA, que alcanza para la gilada o para propaganda de la hoy bautizada por Francisco -respecto de Cuba- como “Catedral universal de la Paz” y el abrazo póstumo del exalumno jesuita -nunca converso- Fidel. La salida de Veracruz en el Granma -donde estuve hace pocos días- y la supuesta adhesión de militares defeccionando de las filas de Batista fueron con dólares estadounidenses y según un plan yanqui. ¿Y el posterior supuesto “heroico” triunfo de Playa Girón? Fue para elevarlo a héroe militar junto a sinceros partisanos patriotas -no lo dudo- que hicieran “hocicar a la potencia militar” más importante en ese momento -hoy no- del orbe, un cuento que no compro. Pero bastó para elevarlo a Fidel como el revolucionario que le puso el cascabel al gato anglosajón. ¿A cambio de qué? De hacer de Cuba la fragua de entrenamiento, suministro de armas, de cuadros guerrilleros para toda América del Sur. ¿Y de ahí? Estados Unidos con esos cuadros -de paso, Fidel se sacaba al sucio ministro Guevara de encima y lo mandaba a morir en Bolivia- justificaría la implantación “espontánea” de gobiernos militares en todo el cono sur con ministros que facilitaran planes económicos afines al capitalismo internacional y el tenebroso Plan Cóndor.

Miguel Angel Asad es abogado. Vive en Bahía Blanca.

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