Comienza la partida decisiva

17/9/2017 | 09:26 | Si hubiese que ponerle nombre y apellido a los jugadores, muy claramente habría que decir que de un lado se sienta Mauricio Macri y del otro Cristina Fernández.

Por
Eugenio Paillet

La impresión de algunos analistas y consultores, que corroboran fuentes del Gobierno, es que al borde del inicio formal de la campaña hacia las elecciones del 22 de octubre se ha iniciado una suerte de partida de naipes en la que se juega a todo o nada. El que gana se queda con el pozo y el que pierde iniciará de seguro un calvario de impredecibles consecuencias futuras. Es casi, se animan algunos de los confidentes, una partida entre fulleros. Donde cualquier trapisonda es recurso legítimo si de ganar se trata.

Si hubiese que ponerle nombre y apellido a los jugadores, muy claramente habría que decir que de un lado se sienta Mauricio Macri y del otro Cristina Fernández.

Uno necesita ganar en octubre para consolidar el programa de Gobierno y despejar de nubarrones el horizonte hacia su reelección en 2019. Además de garantizarse que, en los dos últimos años de su primer mandato, la tan mentada gobernabilidad no sufrirá tropiezos ni acechanzas.

La otra busca igualmente quedarse casi con desesperación con la victoria y recoger todo lo que haya sobre la mesa. Su futuro político, o su ostracismo sin prisa pero sin pausa, depende de esa partida.

Veamos esas elaboraciones que al menos se recogen en uno de los despachos del primer piso de Balcarce 50. Una derrota de Cambiemos en Buenos Aires a manos de la expresidenta, un escenario que en verdad hoy no prevé ninguna encuesta seria, y hasta lo corroboran algunos trabajos encargados que llegan al bunker del Instituto Patria, supondría para Macri ingresar en un tormentoso desfiladero de final incierto en las formas y en los tiempos. Claramente Cristina le haría la vida imposible desde su banca y es probable que resurjan los adoradores del club del helicóptero, para empezar. No es un supuesto desde ya, ni mucho menos, que hoy figure en las proyecciones del Gobierno, del macrismo en particular y de Cambiemos en general, vale reiterar.

Si Cristina gana las elecciones legislativas bonaerense, buscará barrer con los tangibles procesos de rechazo a su figura que han comenzado a desplegarse en el peronismo. Sin ir más lejos el jefe de la bancada de senadores del PJ-FpV Miguel Pichetto ya le avisó que si desembarca en la Cámara alta, como lo hará en octubre salvo una catástrofe inimaginable, deberá armarse un bloque propio porque no tiene lugar en el que el rionegrino preside desde hace trece años. Nada que a ella le importe. Si gana saldrá disparada tal vez con más carga de odios y rencores que antes hacia su candidatura presidencial en 2019.

Más allá del fingido relato de su reportaje televisivo de esta semana, donde aseguró que si ella es un "obstáculo" para la unidad del peronismo, al que nunca nombra y en cambio insiste en reivindicar a su nuevo espacio, Unidad Ciudadana, daría un paso al costado. "En política nadie renuncia ni al tute", dice Aníbal Fernández.

En cambio, una derrota en octubre la reduciría políticamente a la nada misma, o casi. En el mejor de los casos, esa derrota la convertiría en la dueña de un minibloque en el Senado, y por fuera del recinto de un reducido grupo de fanáticos o fieles seguidores todoterreno que son la base de aquella fuerza de choque que ella deslizó que habría que poner a trabajar en aquel reportaje: fue cuando dijo que si Macri gana se vendrá además de un ajustazo económico, tiempos de un Gobierno autoritario y dictatorial que barrería con los derechos de los pobres y desposeídos.

Es decir, volvería el slogan "Macri, basura, vos sos la dictadura" que en el reportaje con notable desparpajo rechazó y menos reconoció su autoría, como es cada consigna de las que cantaban y cantas los "pibes".

Hay un ejemplo de estas horas que grafica con amplitud esa escena de una partida a todo o nada entre Cristina y Macri donde las reglas de juego son escasas y cualquier recurso es válido.

Dicen en el Gobierno que desde el cristinismo salieron a culpar a la Gendarmería por la desaparición de Santiago Maldonado desde el arranque, aún cuando todavía la confusión reinaba en torno al destino del artesano, para desacreditarla ante la opinión pública (léase votantes) porque Cristina tenía información filtrada por un fiscal del palo sobre el dictamen de los equipos científicos de la fuerza de seguridad que revelaría que Alberto Nisman no se suicidó sino que lo asesinaron. Desacreditar a la Gendarmería era la forma de desacreditar ese informe. "No hay otra hipótesis, a Santiago se lo llevo la Gendarmería", dijeron desde el vamos.

Al revés, el cristinismo sospecha y acusa que desde el Gobierno ordenaron "apurar" y dejar trascender justo ahora los detalles de esas pericias sobre lo que verdaderamente ocurrió en el baño del fiscal aquella noche de enero de 2015 en Puerto Madero, pese a que oficialmente no están del todo terminadas, con el presunto espurio interés de "tapar" la responsabilidad de los gendarmes en la desaparición de Maldonado.

Esas son las cartas echadas sobre la mesa en la que se jugará la partida decisiva de las legislativas. El Gobierno pareciera tener algunas barajas mas para mostrar, como la incipiente recuperación económica que Cristina por supuesto se empeña en negar. A la expresidenta, en un claro gesto de debilidad, no le queda otra que apelar a que el peor de los escenarios le caiga a Macri con el caso Maldonado. No le queda otro recurso. Ya vio como le fue con su carta abierta convocando a la unidad peronista.

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