No es la economía, es la corrupción

No es la economía, es la corrupción

9/7/2017 | 08:15 |

No es la economía, es la corrupción

No es la economía, es la corrupción. Crónicas de la república La Nueva. Bahía Blanca

Por
Eugenio Paillet

Algunos vuelcos impensados ocurrieron esta semana que -por las imprevisibilidades de la política, siempre estrambótica en estas comarcas- podrían haberle dado una mano al Gobierno de Mauricio Macri. Un Gobierno que, dicho sea de paso, de a poco va asumiendo que no podrá hacer bandera ni mucho menos en las elecciones con la buena marcha de la economía, ni con trabajadores felices por los puestos recuperados, la baja de los precios y una relación decorosa entre lo que ganan y lo que pagan de impuestos y tarifas.

Nada de eso sucederá, y lo saben todos desde Macri para abajo, a medida que aterrizan encuestas en sus despachos: la gente está malhumorada y ese segmento ya no es sólo patrimonio del cristinismo. Otros desencantados, aún aquellos que en 2015 apostaron a Cambiemos, cuanto menos hoy transitan ese desfiladero sin decidirse para uno de los dos lados.

Uno de esos vuelcos impensados es el desembarco -más o menos previsible, pero nunca producto de una fina planificación- de la corrupción en la escena.

En ese marco, la estrategia del Gobierno para la campaña podría dividirse en dos tramos. Por un lado, ponderar la gestión, no confrontar con la oposición y menos con su rival directo, que es el cristinismo recalcitrante con la doctora a la cabeza.

Tiene que ver en buena medida con lo que se habló, y tramó, en secreto, en aquella reunión en el CCK de Macri y la primera plana de Cambiemos, con la presencia de casi dos mil funcionarios de todos los niveles.

"No tenemos que perder ni un minuto en pelearnos con Cristina" y "No hay que desperdiciar tiempo en responder un solo agravio" fueron dos de los latiguillos de Macri y Peña en aquel cónclave.

Pese a que no hay nada para celebrar, el presidente está convencido de que hay que salir a machacar con las cosas buenas y fundamentar, siempre en el descalabro del gobierno anterior, las razones de algunas demoras en ver los famosos brotes verdes, el espanto empresario a un regreso de Cristina, o algunas decisiones que no son simpáticas como los últimos aumentos de tarifas.

Más allá de que no todos opinen lo mismo en el oficialismo y les pese aquello de que la gente sigue con esperanza pero los tiempos, en especial de aquí a agosto (se reafirma la idea de que esa elección puede funcionar en verdad como una primera vuelta) y octubre, no alcanzan.

Lo enfatizó el presidente con aquella frase: "Hay que romperse el traste para cumplir con la gestión" si se quiere salir airosos en octubre. Un exabrupto que ya había utilizado para reclamarles mayor compromiso a los empresarios en octubre pasado durante una comida del Consejo Interamericano de Comercio y Producción.

El segundo gran eje, mal que le pese a Durán Barba que siempre dijo que la corrupción no es un tema que le importe a la gente de a pie, es casi una bendición que le cae al Gobierno y que no estaba en ninguna carpeta de los estrategas hace un mes atrás, que es batir el parche sobre la corrupción del kirchnerismo y sus coletazos actuales, con postales muy vivas: Boudou en el banquillo, De Vido jaqueado por un fiscal y hasta con un pedido de prisión que el juez, por ahora, ha desechado. Y un nuevo procesamiento siempre pendiente sobre la cabeza de la expresidenta.

El Gobierno va a hacer uso de esa herramienta que le viene como anillo al dedo para desviar la atención sobre los faltantes de la economía: inflación no controlada, aumento de tarifas que se trasladan a los precios y desempleo. No fue casual la frase de Macri en medio de los debates en el Congreso por la ley de Responsabilidad Empresaria, el tan vapuleado "articulo Odebrecht", y la situación de los fueros de De Vido. "En la Argentina se acabo la impunidad, vamos a combatir los comportamientos mafiosos". Así lo dijo en el CCK, en declaraciones radiales y en su paso por el G-20, donde pudo comprobar que los temores a un probable regreso al populismo en la Argentina siguen vigentes.

De hecho la semana termina con datos muy puntuales que reafirman que la corrupción se metió de lleno en la campaña. En el cristinismo hay algún desconcierto sobre cómo hacerle frente al tema sin que los lastime demasiado. El propio De Vido acuso al Pro de manejar a los jueces en su contra. Massa y Stolbizer anunciaron que renuncian a sus fueros, y el diputado Massot le pidió a la cámara que lo exima del derecho a no ser arrestado. Hasta Randazzo dijo que el juramento de no acogerse a los fueros parlamentarios figura en la plataforma del PJ.

El gobierno encontró un atajo que de todos modos tenía a la mano: basta ver el huracanado ascenso de Carrió en las encuestas.

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