EDITORIAL

Maldonado y una muerte política

28/10/2017 | 07:55 | Lo que sucedió entre el primer día de agosto y el hallazgo del cuerpo puede escribirse en las páginas más escandalosas de este año.

Fueron casi 80 días de búsqueda, hasta que el cuerpo de Santiago Maldonado apareció flotando en el río Chubut, poniendo punto final a una desaparición que llevó a distintos sectores de la sociedad argentina a adoptar todo tipo de posturas, unas radicales, otras bochornosas, algunas especulativas, muchas destructivas.

Maldonado, se sabe, desapareció luego de un enfrentamiento entre la comunidad mapuche que ocupa tierras en la Patagonia y efectivos de la Gendarmería, cuando miembros de la primera escaparon cruzando el mencionado río, cuyas aguas pueden ser mortales para quien no las conoce.

Lo que sucedió entre el primer día de agosto y el hallazgo del cuerpo puede escribirse en las páginas más escandalosas de este año, por un cúmulo de especulaciones que realizaron distintos sectores políticos, atento a que los hechos ocurrían en época de elecciones y especulando que la posible muerte del joven de 28 años podía afectar a los candidatos a ocupar cargos legislativos.

Tanto fue el desconcierto general que se comenzó por hablar de “desaparición forzosa”, expresión que pone los pelos de punta a cualquiera que conozca mínimamente lo ocurrido en nuestro país en las últimas décadas, donde se estableció una suerte de terrorismo estatal que se encargó de secuestrar, torturar, matar y hacer desaparecer a miles de personas.

Con la consigna “¿Donde está Santiago Maldonado?” hubo marchas, protestas, corridas, debates, acusaciones cruzadas, versiones encontradas, testigos falsos, especulaciones de todos quienes podían acceder a un micrófono, sacar algún minuto de aire o sumar alguna teoría, por descabellada que fuera.

La aparición del cuerpo, poco antes de las elecciones, generó una rápida autopsia, con 50 peritos trabajando y una pronta aclaración de que Maldonado murió ahogado, sin heridas y que siempre estuvo bajo el agua.

No es mucho, ni deja en claro lo ocurrido, pero puso paños fríos al tema y los propios políticos se llamaron a silencio.

No han sido meses fáciles para la sociedad. No ha sido el caso una muestra de madurez sino más bien de mediocridad.

Es de esperar que la justicia tenga un final adecuado, en cuanto a esclarecer el hecho, y que de alguna manera determine y deje en claro quiénes pretendieron hacer de este drama su trofeo.

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