EDITORIAL

Realidad

17/9/2016 | 21:56 |

La definición es acertada: “justicia por mano propia”. No es lo mejor que puede pasarnos. Es más, sería deseable que no fuese una realidad. Pero cuando el Estado se halla ausente y los jueces garantistas velan por la tranquilidad de los delincuentes, la gente de bien debe defenderse. Es lo que hizo Daniel Oyarzún, el carnicero que persiguió a dos malvivientes que lo habían asaltado, atropelló con el auto a uno de ellos y lo mató. Los vecinos de Zárate, hartos de vivir presos de la inseguridad, reclamaron la libertad del justiciero. Lo propio hizo, con razón y valentía, el presidente Mauricio Macri. Por fin, la jueza de la causa apeló al sentido común. Y lo liberó.

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