De historias entrelazadas y la búsqueda en internet

27/4/2014 | 07:59 | Por Federico Sieder/ fsieder@lanueva.com

   Cuando me llegó a las manos lo que fue el disparador de la nota (el comentario que dejó Judith) tenía como datos un nombre de pila y un correo electrónico. Nada más. La noticia era bahiense así que supuse que la comentarista era de acá. Pero no.

   Busqué el nombre en el archivo del diario y lo cotejé con pibes que hayan tenido un problema con las drogas. Nada.

   Se me ocurrió googlear el correo electrónico pero los resultados eran cualquier cosa. Me acordé de que Facebook te encuentra por el nombre y apellido, por el apodo, el nombre de usuario y... el e-mail.

   Sí. Había una Judith con ese correo. Pero decía que vivía en Cancún, México y que venía de Veracruz. Nada que ver. Se caía la nota.

   Pensé que en una de esas había vivido en Bahía... y todavía miraba el diario de vez en cuando. Le mandé un mail.

   Tardó 4 días en contestarme. Me dijo que sí, era ella, pero que básicamente no sabía dónde estaba Bahía y que del diario... ni idea. Le contesté enseguida y pasaron otros 2 días hasta responderme. La hija se estaba yendo para Canadá y tenía la cabeza en otro lado.

   También me dijo que antes de darme el teléfono quería estar segura de que yo era realmente yo. “Desgraciadamente en mi país vivimos una situación difícil”. Supuse que era por cómo viene la mano en México con el tema de los narcos.

   Le dije que no había problema y terminamos haciendo la nota por Facebook. Duró una hora y monedas. Golazo.

Carolina 

   La misma situación. Nombre de pila y el caso. Pero ya estaba más canchero (?). Hablamos por teléfono y arreglamos la entrevista para el otro día al mediodía.

   Yo había llegado al diario hacía, más o menos, 20 minutos. Carolina Sandoval me telefoneó: “Estoy en la puerta. No encuentro la entrada”. Eran las 11:27. Le volví a contar de qué venía la nota. A veces los celulares tienen esa costumbre de jugar al teléfono descompuesto. No llegaron 5 minutos y dijo que tenía que irse a la Municipalidad. “¿Qué tiene de raro que hayan dejado un comentario?”, preguntó.

   Pasó media hora y pensé que no volvía. Una hora más y ya había paseado por toda la redacción. 5 minutos después escuché: -Bueno, ya llegué. El resto está acá.

   Leé la nota.

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