El triste relato de una periodista tras un viaje en avión: "Morir en el aire"

Iba a Italia

El triste relato de una periodista tras un viaje en avión: "Morir en el aire"

16/4/2018 | 15:09 |

Un hombre falleció en pleno vuelo y la mujer lo relató en Twitter.

El triste relato de una periodista tras un viaje en avión: "Morir en el aire"

Foto: radiogalileo.com

   La periodista Noelia Antonelli, que trabaja en El diario de Mariana, contó en Twitter la triste situación que le tocó vivir en su viaje a Italia. 

   Antonelli se tomó una pastilla, se durmió profundamente y luego se despertó por los gritos de las azafatas. 

   La periodista no entendía nada. Hasta que alguien aclaró la situación: un pasajero había muerto a 7 horas del destino final.

   El hombre fallecido era italiano y se llamaba Cataldo. Había estado en la Argentina con su mujer, Rosella, tres meses antes de tomar su vuelo final hasta Roma. Antonelli supo todo esto porque la sobrina la contactó después de que su relato se hiciera viral. "El poder de las redes", sintetizó la periodista.

El texto completo

Morir en el aire

Llegué a Roma con palpitaciones. Hace siete horas vivía uno de los momentos más traumáticos de mi vida. En mitad de la noche del vuelo 681 de Alitalia desperté con gritos y corridas de las azafatas pidiendo oxígeno. Mi cabeza disparó lo peor, ¿nos habríamos estrellado? La pastilla que me tomé para dormir había sido tan fuerte que no había sentido el impacto.

Inmediatamente después, cuando pude razonar un poco mejor, imaginé una despresurización de la cabina y busqué arriba de mi cabeza la máscara esa que ves en los videos explicativos y que pensás que nunca vas a usar en la vida. No estaba.

Vi correr a la gente por los pasillos y a las azafatas gritar en italiano 'tutti seduti per favore'- a los gritos, como todo en Italia, como todo en un drama.

Sentado al lado mío viajaba un señor de contextura física gigante (...) Ese señor parecía que estaba esperando que me despertara para darme la primicia: 'Se está muriendo una persona' - me dijo. Todo estaba pasando al lado nuestro. Teníamos el último asiento (...) Ahí no más, atrás nuestro, el caos. Ahí mismo, entre las bandejas de comida, entre el pollo y la pasta. Entre los jugos de naranja y los panes secos, ahí se estaba muriendo una persona".

Automáticamente miré el mapa con la hoja de ruta, y descubrí que estábamos exactamente en medio del Atlántico (...) Dakar era el puntito de civilización más próximo y estaba a no menos de 3 horas de distancia. Desde mi lugar se veían los pies de un hombre mayor y se escuchaba el llanto desconsolado de su esposa.

Después de un rato de reanimación, la calma, en este caso había sido lo peor. Las especulaciones de los pasajeros eran un murmullo insoportable: '¿Se habrá muerto?', 'Pobre mujer', 'Va a tener que venir la policía porque somos todos sospechosos', 'si se murió conviene ir directo a Roma y que lo bajen ahí' y miles de estúpidos etcéteras. ¿Será que la muerte despierta idiotez? A mí me había provocado un espanto ensordecedor. Estaba sentada a dos metros de un hombre que acababa de perder la vida de un infarto a 10 mil metros de altura y sin nada más por hacer.

La viuda pasaba por los pasillos llorando y todos le daban la mano. Ahí estábamos todos en el aire, en un micro mundo de perplejidad y tristeza. (TN y La Nueva.)

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